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Canto a la vida

Hay personas que son un poco de las demás. Su trabajo nos las acerca y se convierten en parte de nuestras vidas. Aunque no lo quieran. Por eso, cuando nos dejan para dar descanso a su desgastado cuerpo, nos sentimos tristes. También un poco huérfanos. Me ha pasado esta semana. Por partida doble. Un día, Pau Donés. Otro, Rosa Maria Sardà. Veinticinco años de diferencia, la misma enfermedad. El primero transmitía con su voz y música una bella filosofía. La de vivir el ahora, valorarlo, sentirlo. La de cuidar de nuestra gente. “Bonita la paz, bonita la vida. Bonito volver a nacer cada día” cantaba. Solo hay que ver la cantidad de personas que ayer le rindieron homenaje en las redes sociales para hacerse una idea de lo querido que era Pau. Pone la piel de gallina.

En cuanto a la Sardà, es de las pocas personas que me ha hecho reír a carcajadas. Hasta las lágrimas. Pero, también me ha conmovido. En especial con sus memorias, que publicó hace tan solo seis meses. Tenía la esperanza de verla en la firma de libros de Sant Jordi, pero el Covid-19 no permitió el encuentro. Me habría gustado decirle que fui cobarde. Que hace años me la crucé una tarde de otoño en la calle Casp y que no tuve el valor de saludarla. Por timidez. Por prudencia. Ella ni me vio, pero sí se fijó en Trufa, mi amiga peluda. En su rostro se dibujó una sonrisa inmediata. Era una mujer de extrema sensibilidad, aunque la coraza que llevaba puesta diera la impresión contraria.

Tanto Pau como Rosa Maria nos han regalado infinidad de momentos únicos. Inolvidables. Y positivos. Necesitamos recordar lo que nos hacían sentir. Valorarlo en su justa medida. Vivimos en un mundo en el que la negatividad se apodera de todo. Solo hay que mirar las noticias que nos transmiten los medios de comunicación. La mayoría son para cortarse las venas. ¿Acaso no sucede nada bueno en el mundo? Mentira. Lo que pasa es que no vende. La negatividad y el pesimismo son peligrosos. Nos frenan. Nos conforman. Nos impiden avanzar. Luchar. Y la vida está para vivirla. Para embellecerla. La nuestra y la de los demás. Pau y Rosa Maria lo sabían. Nos lo mostraban con su caminar. Recordémoslo. Recordémosles.

Rosa Maria, Pau, ¡gracias por tanto!

Tenemos que perderle el miedo a la muerte, pero también el miedo a vivir. Pau Donés.

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Publicado en Compromiso Historia real

Un comentario

  1. Carme Carme

    Que maco Virginia!!! I que maco viure!

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