Una librería es una puerta a nuevos mundos, otros tiempos. Es un flotador en un naufragio, un puente en un precipicio, un abrazo apretado en un cementerio. Hay quienes no sabemos vivir sin librerías, quienes necesitamos surtirnos de libros aunque sepamos que no vamos a ser capaces de leerlos todos. Somos tantas las personas enamoradas de la lectura, que en Japón existe una palabra para designar la práctica de acumular libros con la intención de leerlos, tsundoku.
Para poder practicar la lectura necesitamos bibliotecas y librerías. Pero ¿qué sucede cuando nuestro templo sagrado desaparece de repente y sin previo aviso? Es lo que ha ocurrido en Valencia. La Dana no solo ha arrasado vidas y destruido mundos, también ha aniquilado los sueños que viven entre las páginas de los libros. Once han sido las librerías afectadas: Lazarillo, en Albal; Libro Ideas, en Aldaia; L’Esplai, en Alcúdia; Samaruc y La Casa del Paper, en Algemesí; Librolandia y Somnis de Paper, en Benetúser; Bufanúvols, en Catarroja; La Moixeranga, en Paiporta; Passarella, en Paiporta y Picanya. Once librerías, miles de libros. Qué dolor.
El desastre alcanzó a estas once librerías sin contemplaciones y condenó al olvido los libros que allí dormían mientras esperaban ser descubiertos. Ya nadie los ojeará. Con motivo del Día de las Librerías, el pasado once de noviembre, el periodista y escritor Carlos del Amor hizo un reportaje breve sobre esta tragedia. Empezaba así: «un libro es capaz de parar una bala, pero tiene poco que hacer contra el barro. Un libro mojado se retuerce de dolor, porque ya nadie pasará sus páginas ni viajará entre ellas, la vida posible se desvanece.» Profunda pena.
Por fortuna, la solidaridad de la que la gente está haciendo gala alcanza también a las historias escritas. Importantes grupos editoriales como Planeta o Penguin Random House dan apoyo a las librerías afectadas y El Gremi de Llibrers de València ha puesto en marcha una campaña para recaudar fondos. Bajo el lema «Devolvamos la vida a las librerías», quiere ayudar a reconstruir las librerías afectadas. Si te gustan los libros, si sientes una punzada de dolor al imaginarlos mojados y manchados de barro, condenados, dona. Cada aportación, por pequeña que sea, suma. Hay esperanza.
Las librerías no solo venden libros nuevos. Desde hace unos años, a las librerías anticuarias se han añadido las de segunda mano. Se nutren de libros usados de los que la gente se desprende por distintos motivos: no interesan, ocupan demasiado espacio, se prefiere el libro electrónico porque no pesa ni ocupa ni acumula polvo.
Hay quien vende los libros que ya no quiere y, en este sector, destaca la red de librerías Re Read. Algunas, como Re-Read Madrid – Atocha, se han convertido en un referente cultural; organizan clubes de lectura, brunch literarios, lecturas de cuentos infantiles, talleres e, incluso, celebraciones de cumpleaños. Aplausos entusiastas.
También se pueden donar libros. AIDA Books&More es la primera red de librerías solidarias de España. Venden libros de segunda mano en buen estado y a precios muy bajos y, lo recaudado, lo destinan a proyectos de cooperación al desarrollo. Gestionadas íntegramente por personas voluntarias que deciden dedicar su tiempo libre a una buena causa, tienen presencia en Albacete, Barcelona, Castellón, Gijón, Jerez de la Frontera, Madrid, Móstoles, Oviedo, Santander, Segovia, Valencia, Vigo y Zaragoza. Desde hace dos años, colaboro con la de Barcelona y he descubierto que me encanta ser librera, buscar joyas ocultas en las estanterías, recibir donaciones de libros, conversar con las vecinas y los vecinos que se acercan para vivir una nueva aventura, compartir con los compañeros de librería el amor por la lectura. Siento que las horas que dedico al proyecto de Aida están bien invertidas. Estoy convencida de que leer fomenta la empatía y nos hace mejores personas. Si encima, con la venta de libros, se contribuye a mejorar la vida de mucha gente, la alegría ya es inmensa.
La librería Aida Books&More Barcelona celebra hoy su noveno aniversario. Por si su existencia no fuera suficiente motivo de felicidad, resulta que participo en las actividades previstas para el festejo: a las 18h presento Un tesoro en el olvido (calle Astúries, 78). Dado que la novela habla de tesoros olvidados, como lo son los libros destruidos por la Dana, los abandonados en la basura o los ninguneados en una biblioteca, siento que esta presentación tiene todo el sentido del mundo. Es para mí un honor presentarla aquí hoy. ¿Te vienes?
«Leer es escuchar música hecha palabra. Es cercanía y extrañeza. Es a veces hablar con los muertos para sentirnos más vivos. Es viaje inmóvil. Es una maravilla cotidiana.» El infinito en un junco, Irene Vallejo.
Imagen: interior librería Aida Books&More Barcelona.
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