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Una cita con Pepa

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En el mundo suceden cosas a diario. Buenas, malas, maravillosas, desgarradoras. Gracias al periodismo los ciudadanos estamos informados de las noticias de actualidad, aunque cada vez hay más personas que se evaden a otros mundos. Lo hacen de forma voluntaria, incapaces de asimilar la elevada carga dramática que parece haberse apoderado de nuestro planeta. Las malas noticias se nos atragantan y nos generan una descomunal sensación de impotencia.

Como bien señala Isabel Coixet en su última columna, titulada Confusión, el problema no radica en las amenazas con las que convivimos, presentes desde hace décadas, sino en la velocidad con la que «se superponen, se contradicen, se vuelven indistinguibles del ruido.» Ante esta realidad irrespirable, muchos nos sentimos confusos, perdidos. Es natural, bien lo dice Isabel, «la confusión personal no es el reflejo de la confusión global. Es la única reacción lógica ante ella.»

Quienes elegimos estar informados de lo que pasa en el mundo tenemos a nuestra disposición múltiples opciones en la radio, la televisión, la prensa y las redes sociales, aunque en este último caso hay que andarse con cuidado, pues los bulos campan a sus anchas y pueden hacer mucho daño, como evidencia el vídeo publicado por Óscar Camps para desmentir las infamias que se difunden sobre Open Arms. Es mejor elegir una fuente informativa fiable.

Yo picoteo de distintas fuentes, pero cada noche veo el Telediario 2 de Radio Televisión Española, en especial desde que la excelente periodista Pepa Bueno está al frente de la edición y la presentación. Expone los hechos con claridad, los contextualiza y refresca la memoria de los telespectadores, a menudo adormecida. De lunes a viernes, tengo una cita con Pepa. Suelo terminar de ver el telediario emocionada, pues la despedida acostumbra a ser hermosa, un bálsamo.

Rescato aquí dos despedidas, la del 4 de diciembre de 2025 y la del pasado lunes 12 de enero. En el primero se informaba sobre la floración de la palmera talipot (Corypha umbraculifera), una de las palmeras más grandes del mundo, puede alcanzar los 25 metros de altura (minuto 37:44); en la segunda, sobre una cría de ciervo que se atrevió a plantarle cara a una rinoceronte (minuto 39:33). A continuación reproduzco las palabras que acompañaban las imágenes.

«Si la naturaleza diera un premio a la paciencia podría ser para las palmeras talipot, en Rio de Janeiro. Han esperado hasta le final de sus vidas para este momento, una floración a lo grande, millones de flores diminutas que han bebido de la energía acumulada durante décadas, una primera explosión de belleza que llega en el último acto. Hay vidas que se justifican en un instante, el resto del tiempo es preparación.» Las dos últimas frases son poesía pura.

«Una cría de ciervo planta cara a una rinoceronte sin saber que no debería hacerlo, actúa con la ingenuidad de quien todavía no conoce el miedo. En la escena hay una diferencia obscena de tamaño, de capacidad, de poder. El pequeño enviste, el gigante calibra, se contiene, y asistimos a una pausa inesperada en la ley del más fuerte. En un mundo desproporcionado, hay presencias enormes que, de vez en cuando, deciden no imponer todo su peso.» Sin palabras…

Yo no puedo vivir de espaldas al mundo. Necesito saber qué pasa, dónde, por qué. Algunas noticias me confunden, me arrancan lágrimas, incluso me obligan a desviar la mirada. Otras me indignan, me aterran. Aun así elijo conocer la realidad, no evadirme. Solo así puedo reaccionar, protestar, buscar el modo de incidir en el cambio, de aportar mi granito de arena en la construcción de un mundo mejor. Y si encuentro motivos para sentir alegría, los comparto. No sé vivir de otra manera.

Gracias, Pepa. Te veo esta noche.

Publicado en Historia real Sin categoría

Un comentario

  1. Asunción Garzón Clariana Asunción Garzón Clariana

    Gracias Virginia por tú artículo. Besos.

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