Desde hace unos días siento la necesidad de gritar que el otro existe. Esto que parece algo evidente, no lo es. La mayoría de las personas vivimos con prisa, atadas a una agenda apretada que convierte las semanas en horas y los meses en días. El tiempo se nos escapa de las manos y el poco que nos queda libre se lo entregamos a una pantalla que nos abduce. Desaparecemos, desaparece el otro.
Basta con salir a la calle para constatar que lo que digo es cierto. Ayer en el metro me crucé con un grupo de cinco chicas, todas menores de edad, que, en lugar de aprovechar el trayecto para contarse anécdotas, sueños o secretos, iba cada una callada, con la mirada pegada al teléfono móvil. La imagen me entristeció. Por desgracia, esto sucede cada vez más en todo tipo de reuniones sociales, sin importar la edad. Hay un momento en el que el otro es sustituido por una pantalla.
La inteligencia artificial ha irrumpido con fuerza en nuestras vidas. Si ya resulta complicado competir con el atractivo de las redes sociales, imagínate lo que va a suponer hacerlo con hologramas. Estamos a punto de vivir en una película de ciencia ficción: hace tan sólo veinte días, la artista Alicia Framis contrajo matrimonio con AIlex, un holograma creado a partir de sus últimos tres novios. Se casaron en el museo Depot Boijmans Van Beuningen de Róterdam, ante familiares y amigos. La noticia me da escalofríos. La tecnología evoluciona tan rápido, que los hologramas pronto dejarán de ser una proyección de luz y se convertirán en seres de tres dimensiones hechos por encargo. ¿Dónde quedará el otro?
El otro es el rapero que viaja en el metro de Barcelona con un micrófono y un altavoz, que se cambia de vagón para no molestar con su música a un bebé recién nacido, que le pregunta a una pareja de ancianos que viajan con un perro si creen que le incomodará el ruido; el otro es el conductor de autobús que ve por el espejo retrovisor a una señora corriendo por la acera y, aunque tiene un horario que cumplir, retrasa la partida para que la señora pueda desplazarse sobre ruedas y recuperar el aliento; el otro es la dependienta que te sugiere comprar otro producto de similares características pero a precio más reducido; el otro es el vecino que te sujeta la puerta mientras empujas el pesado carro de la compra; el otro es aquel que te mira y al que tú miras, es la prueba de que no estás solo.
Necesitamos al otro para comprendernos, para descubrir otras vidas, para sentirlas, para desear cambiarlas, mejorarlas. El otro existe y nos lo quieren arrebatar para sustituirlo por cables y baterías eléctricas, para cambiarlo por contenido programable y previsible, por espías y algoritmos. Y yo digo no. No. Porque la vida humana es dolorosa y hermosa al mismo tiempo, porque no quiero renunciar a un abrazo apretado con un ser querido, al naranja de un atardecer, a la magia de la luna suspendida en el cielo estrellado, a la sonrisa tras un día torcido, a una llamada inesperada, a un suspiro enamorado, a las lágrimas que dicen mucho más que las palabras. El otro existe y debe seguir existiendo para no perdernos, para reencontrarnos, para construir un futuro distinto, mejor, alegre. ¡El otro existe!
Querida, qué tesoro encontrarte entre decenas de emails de Black Friday y comunicaciones generadas de forma automática, y qué remanso de paz leerte y parar y reflexionar unos minutos, y agradecer que existimos y somos porque el otro existe y nos hace reales, especiales y únicos. Gracias, como siempre, por estar al otro lado y a la vez a este lado, cerca, cercana, iluminando siempre como un faro los detalles más importantes de la vida, que a menudo pasan desapercibidos y que, sin embargo, son la esencia de lo que nos hace humanos. Un abrazo grande.
Gracias a ti por leerme con tanto cariño. Un abrazo.
Magnífic, Virginia! Gràcies!
Merci!
Si, el otro existe, pero tanbién nosotros existimos ,nosotros como nuestra idèntidad.
Esta identidad forjada por la suma de LAS aportaciones de los que nos rodean .
Sin la comunidad no somos nada.
Muy de acuerdo.
Gracias gracias gracias Virginia, soplos de aliento son tus palabras para la reflexión…y hacernos prestar atención a lo que, muchas veces NO hacemos, el otro..!
Joana, muchas gracias por tu entusiasmo lector. Un abrazo.