Hace unos días el presidente de la autoproclamada democracia más grande del mundo anunciaba aranceles del 100% a las películas estadounidenses producidas fuera del país. Aunque no concretó ni cuándo ni cómo implementará esta medida, nadie duda de que lo hará. Basa su amenaza en la premisa de que rodar fuera del país quita puestos de trabajo, afirmación que no se preocupa en demostrar con datos contrastados. Ventajas de sentirse el amo del mundo.
Esta medida demuestra, una vez más, que nos hallamos ante un personaje tan imprevisible como peligroso. Y, también, que este rubio de bote siente un desprecio inmenso por el mundo del cine, quizá porque no triunfó cómo actor, algo incomprensible dado su gran atractivo físico. Menos mal que los presidentes que le precedieron en el cargo no aplicaron esta medida, nos habrían privado de unas cuantas joyas cinematográficas.
Ben-Hur, protagonizada por Charlton Heston, fue durante muchos años la película más galardonada de la historia cinematográfica estadounidense. En 1960 cosechó once estatuillas de los Oscar, algo nunca visto hasta entonces. Se considera que su importancia en la historia del cine es vital, pues abrió paso a grandes producciones del cine épico-histórico. Ojo al dato: la mayoría de las escenas se rodaron en los estudios Cinecittà de Roma.
A Ben-Hur le siguieron otras superproducciones estadounidenses, muchas se rodaron en nuestro país. Espartaco, encarnado en el inolvidable Kirk Douglas, cuenta con escenas grabadas en Alcalá de Henares, Guadalajara, Colmenar Viejo y Madrid. Lawrence de Arabia, con un soberbio Peter O’Toole, se rodó en Sevilla y Almería, y se alzó con la estatuilla a mejor película en 1963. Al año siguiente la ganó Cleopatra, con la mítica Elizabeth Taylor, rodada en Cabo de Gata y Tabernas. El 80% de Doctor Zhivago se rodó en la provincia de Soria, película galardonada con el Oscar en 1966. Y qué decir de Pandora y el holandés errante, con la deseada Ava Gardner, en 1951 puso en el mapa a Tossa de Mar.
Tampoco son pocas las series estadounidenses que han escogido nuestro país como escenario: Juego de Tronos (Sevilla, Girona, Cáceres y Euskadi), Black Mirror (Las Palmas y Málaga), Peny Dreadful (Almería), Doctor Who (Almería), The Crown (Málaga), Bird Box (Barcelona) y The Walking Dead: Daryl Dixon (Madrid y otras ciudades todavía no reveladas).
Muchas son las películas rodadas fuera de Estados Unidos: Gandhi, con el inigualable Ben Kingsley, fue rodada casi en su totalidad en la India, y ganó el Oscar a la mejor película en 1983; Amadeus, con escenas rodadas en Praga, Viena y Salzburgo, lo ganó en 1985; al año siguiente lo recibió la aclamada Memorias de África, rodada en Kenia. Hoy en día nadie duda de que esta película es una obra de arte en sí misma, Robert Redford y Meryl Streep nos regalaron escenas inolvidables, ¿quién no ha deseado que Robert le lave el pelo? Si millones de personas de todo el mundo han lamentado la muerte reciente del actor, es precisamente porque protagonizó escenas memorables como esta, a ver si iba a ser igual rodada en una calle de Manhattan.
La Misión, con unos magníficos Robert de Niro y Jeremy Irons, ganó en 1987 el Oscar a la mejor película, y fue rodada en las cataratas de Iguazú, una zona limítrofe entre Brasil, Paraguay y Argentina. ¿Eres capaz de escuchar El oboe de Gabriel sin emocionarte? Ennio Morricone era un genio. Platoon, Oscar Mejor Película 1987, se rodó en Filipinas; El último emperador, Oscar Mejor Película 1988, se rodó en China; La lista de Schlinder, Oscar Mejor película 1994, se rodó en Polonia; Braveheart, Oscar Mejor película 1996, se rodó en Irlanda.
¿Sigo?
Al señor Trump no le vendrían mal unas cuantas lecciones de historia del cine de su país (además de muchas otras). Este hombre que presume de gobernar para su gente es, en realidad, su mayor enemigo. Parece dispuesto a acabar con todo lo que ha hecho grande a Estados Unidos, con toda la alegría que regala a través del cine. En las últimas elecciones presidenciales, Robert Redford advirtió contra la reelección de Trump acusándolo de llevar a cabo acciones dictatoriales. Tenía razón. Lástima que muchos desoyeran sus palabras. Aunque, a estas alturas, imagino que peor que ser gobernado por un mediocre es saber que lo has votado. Menos mal que el ser humano reacciona siempre; tarde, pero reacciona, aunque sea por una simple cuestión de supervivencia.
Viva el cine sin fronteras.
Puedo entender que se pida «priorizar» localizaciones locales (seguro que sería más cómodo para las producciones), pero si muchas veces se van fuera, no sólo es por buscar localizaciones más realistas o convenientes para la película (pensemos en El señor de los anillos y las localizaciones en Nueva Zelanda) sino por un tema de precios. En vez de poner aranceles, da la oportunidad al equipo de producción de ver si las necesidades de la película se pueden hacer dentro de tu país con ventajas fiscales y poder hacer una producción + «km0».
Pero Trump sólo piensa como empresario, no como político. La política tiene que ir siempre más allá. Gobernar un país no es gestionar una empresa, como actualmente piensan muchos dirigentes mundiales…
Estoy segura que el cine y las otras artes, siempre encontraran caminos para desarrollarse y seguir dándonos grandes maravillas a pesar de las cortapisas de sus dirigentes.
Gracias por tu comentario, Silvia. Subrayo la frase final «Estoy segura que el cine y las otras artes, siempre encontraran caminos para desarrollarse y seguir dándonos grandes maravillas a pesar de las cortapisas de sus dirigentes.» Yo también estoy segura.