Saltar al contenido →

No robarás

no-robaras

Un mosso d’esquadra ha sido condenado a 13 meses de prisión por robarle a un muerto que falleció en plena calle. En el ejercicio de sus funciones, el agente le quitó el teléfono móvil, un iPhone, y los auriculares inalámbricos. La viuda, al recoger en comisaría las pertenencias de su difunto, echó en falta ambos dispositivos, de los que su marido nunca se separaba. Después se descubrió que la última conexión había tenido lugar cerca del domicilio del agente. Patoso.

En Valladolid, ha comenzado el juicio contra el Grupo Funerario El Salvador, por presunta estafa. Acumulan más de 900 denuncias por haber incinerado a los fallecidos en ataúdes más baratos que los comprados. Por lo visto, reutilizaron 6.000 féretros y flores durante más de dos décadas. La cosa es seria, hay 23 acusados, desde conductores hasta personal del crematorio. Cada uno se enfrenta a una pena de prisión de 20 años. Casi nada.

También se roba en los cementerios. El año pasado, en El Palau d’Anglesola, una mujer fue detenida por llevarse de las tumbas 80 kilogramos de objetos de bronce, como cruces y medallones. En Barcelona, hace dos años, se descubrió que cinco trabajadores del cementerio de Montjuïc habían profanado 162 sepulturas antiguas para robar joyas y dientes de oro. La fechoría se descubrió cuando intentaban vender las muelas, pues acostumbran a tener dueño.

Durante siglos, las tumbas de los antiguos egipcios han sido objeto de un constante saqueo. El robo está tan normalizado, que incluso se muestra sin ningún pudor en museos de todo el mundo. Ante el tesoro de Tutankamón, lo de menos era la profanación de su tumba o la interrupción de su descanso eterno. Hipnotizados por el brillo del codiciado metal dorado, normalizamos comportamientos de dudosa moral.

La película Waking Ned Divine trató el tema del robo a los difuntos con gracia: dos ancianos de Tulaigh Mhór, un pueblo de 52 habitantes, descubren que a uno de sus vecinos le ha tocado el mayor premio de la lotería nacional. En la búsqueda por descubrir quién es el agraciado, averiguan que se trata de Ned, muerto en su casa de un infarto fulminante, con el billete de lotería entre las manos. Pobre desgraciado. Para saber qué pasa después, mira la película, es muy divertida.

Si te tienta la idea de buscar tesoros en un cementerio, ten cuidado. La verdad siempre acaba por descubrirse y, además, robar a los difuntos es peligroso. Si su espíritu se da cuenta, quizá vaya a por ti. Aunque no creas en la resurrección de las almas, acuérdate de Ghost: Patrick Swayze consigue vengar su asesinato gracias a la ayuda de Woopi Goldberg, siempre magnífica. No está de más recordarlo.

Publicado en Historia real

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *