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La enseñanza de Iguazú

Iguazú es uno de los lugares más hermosos que he tenido la suerte de conocer. Sus cascadas emocionan e hipnotizan por igual. Sus coloridas mariposas parecen inventadas. Y el estruendo provocado por la fuerza del agua resulta sobrecogedor. No solo deja huella su belleza, sino también el hecho de que exista un punto desde el que se divisan tres países: Argentina, Brasil y Paraguay. Fue en ese sitio en el que comprendí la absurdidad de las fronteras. En el que abracé la ciudadanía del mundo. ¿Qué sentido tiene tener una nacionalidad por el simple hecho de haber nacido a unos centímetros de distancia de otra? La gente que vive cerca de una frontera está acostumbrada a cruzarla continuamente. A establecer vínculos con personas del otro lado. Esto ha sucedido siempre. Y, en un mundo globalizado como el nuestro, sucede todavía más. Si algo nos está subrayando el Covid-19 es que las fronteras no existen. Son algo imaginario. Inventado por los Estados para el ejercicio de su soberanía. Pero, si lo piensas, son de lo más artificial. Hoy en día, ¿tiene sentido continuar defendiendo obcecados nacionalismos? ¿Pretender que una nación es mejor que otra? Peor, ¿superior? Para mí no. Ningún país es mejor que otro. Sus gobernantes lo harán mejor o peor, habrá tiempos históricos menos vergonzosos que otros, pero no por eso una población puede considerarse superior (o inferior) a la vecina. Como tampoco se debe negar su heterogeneidad. A estas alturas, ¡estamos todos mezclados! Todos formamos parte de la misma especie humana. A veces lo olvidamos. Hasta que llega una pandemia global y nos lo recuerda. Nos muestra que somos seres vulnerables. Nos indica que la solución está en la unión. En la colaboración. No en la división. Y por eso es importante aplaudir, cada nueve de mayo, el Día de Europa. Recordar que ése día se celebra la paz y la unidad del continente. Este año es el 70º aniversario de la declaración de Robert Schuman, el ministro francés de Asuntos Exteriores que tanto defendió la idea de una forma de cooperación política que hiciera impensable un conflicto bélico entre naciones europeas. Y lo consiguió. Ahí está la Unión Europea. Ahí está una paz de siete décadas. No dejemos que los intereses políticos (y económicos) de algunos nos confundan. Nos enfrenten. Ya no. A estas alturas algo tenemos que haber aprendido.

¡Por una ciudadanía mundial!

Publicado en Escritura Historia real Naturaleza

6 comentarios

  1. Gloria Gloria

    ¡Brindo por ello, amiga! Y ya de paso brindo por ti y por tus maravillosos escritos. 😘

    • Virginia Virginia

      Muchas gracias Amiga,
      ¡Brindemos pues!

  2. Hola Virginia,
    He empezado a contestarte hasta que me ha aparecido un texto larguísimo que, mira por donde, ha servido para revitalizar mi blog que ya me reclamaba entradas a gritos. Bueno pues no he querido invadir de texto los comentarios y solo añado el primer párrafo. Tiene unos cuantos más, Ya me dejarás un comentario de vuelta si tienes tiempo.

    Los conceptos Estado y Nación no són sinónimos. Los estados son realidades objetivas político-económicas que ejercen sobre un territorio. Las naciones son abstracciones subjetivas socio-culturales mayoritariamente sujetas a un territorio pero no siempre ni imprescindiblemente. Tenemos la nación gitana y otras donde las fronteras no se ejercen ni importan, lo que importa es el reconocerse y aceptarse entre ellos.Las naciones son emocionales, los estados son administrativos-prácticos. Por eso los estados tienden a atribuirse una realidad nacional para conseguir implicar las emociones y abducir a sus administrados, de manera que se sientan que traicionar al estado es traicionarse a si mismo. Evidentemente las naciones han tendido a establecerse como estado y por eso parece imposible separarlo.Pero hay gran diferencia, lo podemos resumir en ‘si lo pago es un estado, si lo siento es una nación’.

    • Virginia Virginia

      Gracias Joan por tu escrito, es interesante.

  3. Sebas Sebas

    Bien
    Me encanta , sigue por favor..

    • Virginia Virginia

      Gracias Sebas, ¡me animas a continuar!

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