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No todo es tarúpido

Gracias a una amiga he descubierto una palabra que no conocía, «tarúpido». Nace del cruce de «tarado» y «estúpido» y significa «persona de ideas estúpidas y no muy lista». No es ninguna broma, el mismísimo diccionario de la Real Academia Española la recoge. ¡Me encanta!

Creo firmemente que en la clase política hay bastantes ejemplares de tarúpidos y tarúpidas. Solo hay que ver la arbitrariedad de muchas de las medidas que se van proponiendo, e incluso imponiendo, para evitar la propagación del Covid-19. Algunas son de lo más originales. ¡Hay mucho iluminado suelto! Un ejemplo de tarupidez es la enésima aprobación de una nueva ley educativa. Ojo al dato, que desde que estamos en Democracia, ¡llevamos ocho! Que sí, que sí. Las anteriores se aprobaron en 1980, 1985, 1990, 1995, 2002, 2006 y 2013. ¿No es maravilloso? Nuevo gobierno, ¡nueva ley educativa! Por supuesto, su aprobación siempre va acompañada de una fuerte bronca y polémica porque, en este país, parece que no hay manera de ponerse de acuerdo. ¿Para qué? Si, total, las personas que se forman hoy son las que mañana decidirán el rumbo del país. ¡Casi nada!

Teniendo en cuenta la volatilidad de las leyes educativas, todo parece indicar que la andadura de la nueva normativa será también breve. No obstante, más allá del debate sobre la longevidad del texto, hay algo en esta ley que es una semilla de cambio: en la enseñanza escolar obligatoria se formará a las nuevas generaciones en la empatía hacia los animales como estrategia de prevención de conductas violentas. ¡Bravo! Esto es algo inaudito en nuestro sistema educativo, ¡una auténtica revolución!

¿Qué es la empatía? Es la capacidad de una persona de ponerse en el lugar de otra y comprenderla. Es la chispa que enciende la compasión y nos induce a ayudar al prójimo cuando está sufriendo. Es una habilidad incompatible con la agresión al otro. En definitiva, ¡es la clave para un mundo mejor! Las implicaciones que tiene enseñarla en la escuela son, ¡infinitas! Como dice la psicóloga educativa Mariví Vaquer, “muchos problemas de la humanidad se solucionarían desarrollando la empatía: tendríamos marcado el camino para la evolución personal y social hacia un mundo más habitable para personas y animales.”

La incorporación de la empatía al currículo escolar no es gratuita. Improvisada. Es el fruto del trabajo constante de diversas entidades, de centenares de personas, comprometidas con el bienestar animal que llevan años luchando para que esto suceda. Casi se consigue en diciembre de 2018, cuando la mayoría de los grupos parlamentarios del Congreso de los Diputados presentaron conjuntamente una proposición no de ley promovida por la Asociación Parlamentaria en Defensa de los Derechos de los Animales (APDDA) y Profesionales para la Defensa Animal (PRODA). En ella se reclamaba la incorporación de la empatía hacia los animales en el currículo escolar. La disolución anticipada de las Cortes impidió su debate y aprobación. Ahora, al tramitarse una nueva ley de educación, los animales han tenido una nueva oportunidad. ¡Y han vencido!

También han ganado todas las personas que sufren cualquier tipo de violencia. En efecto, los expertos indican que aquellos que abusan de los animales son hasta cinco veces más propensos a cometer violencia contra las personas. Es decir, que es altamente probable que la persona que agrede a otra haya ensayado previamente con animales no humanos. ¡Hay que perfeccionar la técnica! La cosa es seria, los datos recopilados durante los últimos años señalan efectivamente que existe una relación directa entre violencia con animales no humanos y violencia de género. ¿Conclusión? Formar en empatía hacia los animales no humanos es una forma de prevenir, evitar e intervenir en conductas violentas, así como de generar actitudes que propicien una convivencia sana, pacífica y responsable. ¿No es maravilloso?

No solo se trata de evitar conductas violentas hacia las personas. También de hacer justicia hacia los animales no humanos. El ser humano los ha maltratado durante siglos e incluso ha convertido en tradición la cultura de la tortura. Se justifica este proceder alegando que los animales no humanos carecen de alma, que están al servicio de la humanidad e, incluso, que no tienen conciencia. Sorpresa, ¡sí la tienen! Hace ocho años tuvo lugar la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia. Un prestigioso grupo internacional de los ámbitos de la neurociencia cognitiva, la neurofarmacología, la neurofisiología y la neurociencia computacional, se reunió en la Universidad de Cambridge y trató el tema de la conciencia en los seres vivos. La conclusión fue clara: los seres de especies no humanas también poseen conciencia. ¡Tatatachán!

Ahora solo cabe esperar a que la educación en empatía y respeto hacia los animales, humanos y no humanos, empiece a ser una realidad en las escuelas de Infantil, Primaria y Secundaria. Queda pendiente avanzar en la misma dirección en Bachillerato y Formación Profesional pero el paso que se ha dado es, ¡gigantesco! A menudo nuestro mundo parece ir a la deriva y estar dominado por manos tarúpidas, pero la realidad muestra que las hay también lúcidas. Perseverantes. Comprometidas con un futuro mejor, el único posible para la supervivencia del Planeta y de todas las especies que lo habitan.

¡Celebra esta victoria!

 

«La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por el modo en que sus animales son tratados.» Mahatma Gandhi

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