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Un lugar llamado Pozonegro

La vida parece discurrir entre la luz y la oscuridad. Hay tiempos felices, en los que sientes que puedes tocar el cielo con la punta de los dedos. ¡Hasta hacerle cosquillas! Por el contrario, existen también ocasiones en las que caes en la negritud más absoluta. Te desgarras por dentro y nada ni nadie puede salvarte. Tu ser es arrastrado al suelo con toda la fuerza de la gravedad, ¡no lo traspasa de casualidad! Te estrangula con la fiereza con que la fuerte corriente de un rio en plena tormenta desplaza vehículos y árboles. A veces, ¡durante kilómetros! Cuanto más intentas escapar de las arenas movedizas en las que te has sumergido, más te hundes. Son momentos tenebrosos de los que solo deseas escapar.

Las tardes de los domingos tienen mucho de pozo engullidor. No es casualidad que en radio 3 se emita, de la mano de Isabel Coixet, el programa Alguien debería prohibir los Domingos por la tarde. Es un espacio dedicado al rescate emocional, a distraer de la apatía que te invade, de la melancolía que te atrapa durante la última tarde de la semana. Qué mejor antídoto que hablar de cine, música, libros y geografía. No obstante, a veces caes en hoyos cuya profundidad precisa, para superarla, de más tiempo. La tiniebla se extiende de tal modo que ocupa numerosas mañanas, tardes y noches. Los días se suceden uno tras otro con una lentitud que los convierte en eternos. Incluso rehúyes del simple reflejo de tu rostro en el espejo. Mirarlo y detectar en él ojeras, rojez en los ojos, o palidez en la piel, te hundiría todavía más en la miseria. Es entonces cuando deseas ser otra persona. Alejarte de tus problemas. Tener otra vida. No sabes si mejor pero sí distinta. Lejos de ésta. Con otra gente. Abrazas la idea de dejar atrás el dolor, la angustia, el miedo. Quieres echar a correr y no parar. Perderte entre la multitud.

¿Te ha pasado esto alguna vez? A mí sí. Varias veces. La buena suerte, de Rosa Montero, va de esta angustia vital. De ese lugar horrible en el que caes y que ella llama «Pozonegro». Habla de huir hacia ninguna parte. De un intento desesperado por dejar atrás el pasado y empezar de nuevo. Tener otra oportunidad para hacer las cosas bien. Para, esta vez sí, ser feliz.

Desde que descubrí a la escritora Rosa Montero no he dejado de leerla. No me pierdo ninguna de sus columnas semanales en El País, ni tampoco sus novelas. Son adictivas para mí. No solo disfruto leyéndola, ¡aprendo! Con su última novela siento que acaricia, sino abraza, la excelencia. No es que escriba bien, que sí, tampoco es que narre una historia con gancho, que también. Es que te brinda en bandeja la posibilidad de redimirte. De hallar belleza en la fealdad más absoluta. Porque el libro narra historias espantosas. Peor, ¡reales! Te arrastra por el barro y te enseña lo peor de la condición humana. Pero, ¡pero! Es un canto a la vida, a la esperanza. Mejor aún, es una defensa de la alegría pura y dura. Por favor, ¡Raluca es mi maestra!

En los tiempos de incertidumbre y angustia que nos está tocando vivir, La buena suerte viene a ser lo que un flotador para alguien que se está ahogando en el mar. No puedo sino aconsejárte su lectura. No te arrepentirás. Y, de paso, aprenderás cosas muy interesantes porque Rosa Montero es una persona que desprende saber por todos los poros de su piel. Leerla es emprender un viaje del que volverás con una sonrisa en los labios. Y eso, hoy en día, es más que un regalo. ¡Lo es todo!

 

“La felicidad puede ser encontrada incluso en los tiempos más oscuros, si tan solo uno recuerda encender la luz.” Albus Dumbledore, Harry Potter y el prisionero de Azkaban, J.K. Rowling

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Publicado en Compromiso Escritura Libros Mujeres

Un comentario

  1. Lali Lali

    Muy bonito y buen escrito 😍

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