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Un mundo robotizado

Quizá no te hayas dado cuenta pero tu mundo está lleno de robots. ¡Están por todas partes! En casa, convertidos en electrodomésticos digitalizados. Seguro que convives con algún robot de cocina, un aspirador autónomo, una cafetera programable o una televisión inteligente a la que le hablas e incluso, ¡te contesta! Y qué me dices del teléfono móvil, ese aparatito del que no te separas ni para ir al cuarto de baño. Los robots también están en la calle: luces que detectan la presencia de una persona y se encienden de forma automática, aspersores que no se activan si está lloviendo, puertas de un supermercado que se abren cuando entra un nuevo cliente, y así un largo etcétera. En el sector de los automóviles, los hay que hasta te evitan la tediosa tarea de aparcar haciéndolo en tu lugar.

Hace unos años no nos habríamos creído nada de todo esto. ¡Pura ciencia ficción! Sin embargo, los robots ahí están, haciéndonos la vida más fácil. Hay quienes piensan que nos perjudican porque, ¡nos convierten en idiotas! En cualquier caso, los hay muy útiles. Es el caso de los robots asistentes, que realizan funciones básicas, como trasladar objetos, interactúar e incluso cuidar del usuario. Existen muchos modelos, ¡para todos los gustos! Giraff es un robot diseñado por Eurecat para personas mayores que viven solas. Analiza el comportamiento de la persona, detecta situaciones de riesgo y le recuerda su dieta y su medicación. Somcare, de Grup Saltó, es también un robot asistencial y va un poco más allá: puede generar avisos a familiares o cuidadores, activar peticiones de servicios e incluso detectar si una enfermedad se está acelerando. Tiago, desarrollado por PAL Robotics, mejora la calidad de vida de personas con una autonomía reducida. Interactúa con ellas y es capaz de manipular y transportar objetos con su brazo humanoide. Por su parte Ari, de la misma empresa, ofrece asistencia en espacios públicos e informa en cualquier idioma. Sí, lo has leído bien, ¡cualquier idioma! El más alucinante me parece Pepper, de SoftBank Robotics, que interactúa y reconoce emociones humanas interpretando el tono de voz y el lenguaje no verbal.

La utilidad de la robótica va mucho más allá de nuestra vida cotidiana. De nuestras necesidades individuales. Puede incluso ayudarnos a arreglar lo que estropeamos, ¡a nivel planetario! No es ningún secreto que el cambio climático es culpa del ser humano. Tampoco que estamos en un momento muy crítico. Por este motivo, es una alegría descubrir inventos como el dron reforestador. Es obra de un empresario navarro, Juan Carlos Sesma. Con ocasión de un viaje a Colombia, vio cómo un incendio arrasaba el cerro de Monserrate, a las afueras de Bogotá. Quedó tan impresionado por la furia y extensión de las llamas, que su cabeza se puso en marcha. Empezó a idear el modo de reforestar grandes superficies de terreno que favorecieran la recuperación de la biodiversidad forestal. ¡Y la encontró! Con su proyecto CO2 Revolution se recuperan entornos naturales afectados por el fuego o la desertización. ¿Cómo? Mediante la utilización de drones, big data y semillas inteligentes pregerminadas. Este proyecto cuenta con gran reconocimiento internacional en el ámbito de la economía verde porque, con una velocidad hasta cien veces mayor que las replantaciones tradicionales, repone árboles, arbustos y flores autóctonas. ¡Hay más! Demuestra las posibilidades que ofrece la denominada nueva economía post-covid: un modelo sostenible que desvincule el desarrollo económico del agotamiento de los recursos naturales y que promueva y garantice su conservación. ¿Qué te parece? Da gusto comprobar que existen personas que tienen claro hacia dónde remar y que, con su actuar, suman hacia un mundo mejor.

Si alguna vez te encuentras con uno de estos drones voladores que dispersan semillas, cierra la boca, no vayas a tragarte una y, ¡aplaude!

«Yo no quiero sobrevivir, quiero vivir.» Wall-E

Foto: Pepper en la oficina de turismo de Copenhague (papá, ¡gracias por compartirla!)

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Publicado en Compromiso Historia real Naturaleza

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