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Las vacaciones de verano

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Nadie olvida los veranos de su infancia. Están grabados a fuego. Fueron los primeros que vivimos, sin reloj en la muñeca ni mando a distancia ni teléfonos móviles ni Internet; con contados canales de televisión, empachos de golosinas y rasguños. Acabábamos el curso y salíamos de la escuela desbocados, con ganas de pueblo, de playa, de campo, de asfalto. Vivíamos ajenos a lo que sucedía en el mundo. Éramos libres.

¿Quién no ha deseado regresar alguna vez a aquellos tiempos? Sentimos tal nostalgia, que iniciativas como Yo fui a EGB causan furor. La música ochentera está de moda, si es que alguna vez ha dejado de estarlo, y los coleccionistas de objetos de la época se dejan el sueldo con cada nueva adquisición. Quizá el ser humano sea nostálgico por naturaleza, o quizá necesite una vía de escape, un lugar en el que refugiarse de las malas noticias, de las fuertes turbulencias que nos azotan.

Este verano no va a ser como los demás. Como si no tuviéramos bastante con el auge de la extrema derecha en el mundo, apoyada en Alemania por la mitad de los jóvenes que votaban por primera vez, Francia se enfrenta a unas elecciones legislativas escalofriantes, y en Estados Unidos la injusticia ha convertido en intocable a la persona que ocupe la presidencia del gobierno, que nadie duda que el próximo otoño será el invencible e imprevisible Trump.

Menos mal que es verano. La vacaciones sirven para cargar pilas, así que hay que elegir bien para intentar defender la alegría. Si vas a la Costa Brava, puedes descubrir sus calas a bordo de un velero tradicional con una tripulación sin igual, la de Mar a la vista; si vas a Murcia, con Cartago Mundi viajarás en el tiempo y degustarás productos y vinos de la época romana, incluso revivirás la época vikinga; si te quedas en casa, entrégate a la cultura y viaja, siente, juega. Crece.

«Las experiencias artísticas, los libros, las películas, las imágenes, la música, por supuesto, son emociones, son vidas de más. Una persona que lee libros, que ve películas, que va a conciertos, vive más; no más años, pero sí muchas más experiencias que una persona que vegeta al margen de la cultura. La cultura es emoción, la cultura es identidad, y la cultura es un ingrediente de la felicidad.» Almudena Grandes.

¡Feliz verano!

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Publicado en Historia real

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