En un artículo reciente publicado en la revista Elle, la escritora Laura Ferrero reflexiona sobre el paso del tiempo, la amistad y las lealtades. Afirma que «resulta difícil explicar por qué la amistad ocurre y, sobre todo, por qué deja de ocurrir», y que «hay amigos de etapas, amigos intermitentes y amigos que se quedan para siempre». Coincido.
Tener amigos es importante. Sin ellos la vida sería un lugar frío, oscuro, duro. Un amigo son confidencias, risas, refugio, abrazos. Vida. El refranero popular lo equipara a un tesoro. Tiene razón. Hay quien acompaña mientras se dan unas circunstancias determinadas y luego se desvanece, quien lo ha significado todo y después se queda atrás, quien aparece tarde, pero ya no se aleja jamás.
Cuesta mantener las amistades. Requieren tiempo, atención y respeto. No hay que dar nada por supuesto, la amistad, como cualquier relación, necesita cuidados, no solo puede vivir del pasado. Aun así, la vida nos cambia a todos sin remedio y a veces los caminos se separan y no vuelven a encontrarse. Los días en los que la melancolía nos atrapa y nos obliga a mirar atrás, sentimos tristeza por lo perdido, por la certeza de que ya no volveremos a ser quienes fuimos.
Reflexiono sobre esto cuando descubro la existencia de los AmicsUAB, una asociación que trabaja para fortalecer la relación entre la universidad y la sociedad. La semana pasada tuvo lugar la ceremonia de entrega de los Premios AmicsUAB a personas y entidades destacadas por su contribución en los campos de la investigación académica, la salud, la comunicación y la defensa de valores sociales y culturales.
Además de las relaciones de amistad entre personas, existen los amigos de algo, personas unidas por un mismo proyecto que se agrupan para defender su existencia, cuidarlo, difundirlo. Hay amigos de montones de cosas: universidades, parques, hospitales, calles, barrios, asociaciones, edificios, músicos, bibliotecas, museos, librerías, zoológicos, teatros, escritores, aficiones, automóviles.
Los amigos de algo redactan textos explicativos, publican artículos, organizan visitas, conferencias, jornadas; convocan concursos, entregan premios, comparten comidas, visitas, excursiones, escapadas de fin de semana. En definitiva, los amigos de algo son una tribu abanderada de una causa y unida por unos lazos fuertes, en apariencia inquebrantables.
Saber que siempre hay personas dispuestas a convertirse en amigas de alguien o de algo me da tranquilidad. A pesar de los giros de la vida, de los tropiezos y de los cambios, hay un lugar en el que siempre cabe la alegría, porque qué bonito es juntarse con una persona querida, aunque solo sea durante un breve espacio de tiempo, aunque solo sea para hablar de una especie de cactus maloliente y con pinchos.
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