Hay momentos en los que los colores del arco iris saltan por los aires y son sustituidos por un gris oscuro, espeso, pesado. Un gris que se empeña en protagonizar las horas, los días, las semanas. A ratos parece que se disipa, pero resulta ser solo un espejismo, un paréntesis para coger fuerzas y poder asumir más malas noticias, más angustias, más insomnios.
El mundo parece estar patas arriba. También, la diplomacia, el derecho internacional, la ética, los valores. Esto no es algo nuevo, sucede desde hace tiempo, solo que ahora tenemos miedo, nos sentimos en peligro. Lo estamos, la amenaza es real, palpable. El lobo feroz ha mostrado la ambición de su estómago y la agresividad de sus zarpas. Ya nadie está a salvo del horror.
En nochevieja solemos hacer balance de lo bueno y malo, aunque a veces el lobo muerde tanto que solo vemos lo malo. Ha mordido incluso durante las fiestas navideñas: en Badalona, el alcalde ordenó echar a la calle a más de 400 migrantes que ocupaban de forma ilegal un instituto abandonado, y lo hizo en plena ola de frío, sin mostrar un ápice de humanidad. Vergüenza.
El desalojo del instituto fue autorizado por un juez, pero había unas condiciones. La más importante, ofrecer un alojamiento alternativo a los migrantes, dado que eran personas en situación de vulnerabilidad. Pero el alcalde, un profesional de la chulería, la ignoró a conciencia. Menos mal que el gobierno catalán, en colaboración con varias entidades sociales, les dio un espacio en el que cobijarse.
No apruebo la ocupación ilegal, pero sí creo que podríamos gestionar mejor el tema de la migración. En lugar de sembrar odio al extraño, deberíamos ayudarlo a encontrar su sitio en nuestro país. El migrante tiene derecho a luchar por una vida digna, del mismo modo que muchos españoles, incontables, emigraron y emigran. ¿Por qué nosotros podemos emigrar y ellos no? Más coherencia.
Entre tanta desazón se coló la magia: una jubilada se acercó a los migrantes desalojados y ofreció cobijo a dos senegaleses. Aceptaron y, a cambio, le limpiaron la casa y le cocinaron platos de su país. Durante tres noches compartieron techo, calor, humanidad. Después se marcharon al espacio habilitado por la Generalitat, pero estoy segura de que jamás olvidarán a la mujer.
Yo tampoco olvidaré lo sucedido en el Hospital de l’Esperit Sant. Mi suegra lleva seis semanas ingresada, por culpa de una afección respiratoria grave que la asfixiaba. Le practicaron una traqueotomía de urgencia que, si ya de por si es una intervención delicada, gana gravedad cuando la paciente tiene 88 años. Gestionar el susto, el ingreso hospitalario y la vida con una cánula no resulta nada fácil.
Ha habido que adaptar el calendario a tan importante imprevisto, que renunciar a los planes trazados, algunos muy soñados. Aun así la magia ha sucedido. Ha habido numerosas muestras de apoyo y cariño que han hecho más llevadera la carga emocional que supone un revés de este calibre. Después fue el personal sanitario; consciente de que nadie debería estar nunca ingresado, y menos en Navidad, decoró los pasillos y las puertas del hospital.
Sus Majestades los Reyes de Oriente también obraron su magia. Aparecieron una mañana en el hospital vestidos de gala, cargados de sonrisas, empatía y caramelos sin azúcar. Saludaron a todo el mundo, no se olvidaron de ningún paciente ingresado ni de los acompañantes ni del personal sanitario. Después se despidieron hasta el próximo cinco de enero.
Dicen que en cada vivencia hay un aprendizaje. De lo vivido durante las últimas semanas extraigo este: es cierto que en el mundo hay lobos sedientos de sangre, lobos que a veces forman una manada capaz de sembrar el caos, la destrucción y la barbarie. Pero también es verdad que hay personas que practican la empatía, el altruismo, la solidaridad, la generosidad.
Que nadie ni nada nos haga nunca olvidar nuestra capacidad de hacer el bien, de obrar la magia. Brindo por un 2026 contra el olvido.
Imagen: mi suegra y mi cuñada con Sus Majestades Los Reyes de Oriente y sus pajes.
Hasta de lo gris y oscuro sacas los colores y la luz! Súper maga Virgi!! Maravilloso escrito!! Para no OLVIDAR! Un besito!
Esto es lo que da un poco de consuelo y nos mantiene a flote: ver que muchas más personas son buena gente.
Un abrazo, Virginia. ¡Feliz año!