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Leo, luego sonrío

El diccionario de la Real Academia Española define la acción de leer como «pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados». En nuestro país se lee mucho. Cada año, la Federación de Gremios de Editores de España publica un informe sobre hábitos de lectura y compra de libros (si te gustan los datos curiosos, échale un vistazo a la edición del 2018.)    

En el documento se afirma que el 96% de la población de 14 o más años lee. ¡Nada mal! Según el tipo de lectura, el 73,9% lee periódicos; un 67,2% lee libros; un 56,4% lee textos largos en páginas web, blogs y foros; un 55,5% lee en las redes sociales; un 34,9% lee revistas; y, finalmente, un 9,3% lee cómics. En cuanto a la evolución de la lectura, se incrementa la de libros, paginas web, blogs y foros. En cambio, desciende la de periódicos, revistas y cómics.

Leemos más cosas de las que recoge el informe. Vivimos sumergidos en una sopa de letras. Podrías afirmar «leo, luego existo». Lees letreros de calles, prospectos de medicamentos, señales de tráfico, menús, matrículas, etiquetas de productos, programas, multas, publicidad, propaganda electoral, cartas, facturas, certificados, chistes, etc. ¡Seguro que se te ocurre alguna cosa más! Supongo que la lectura en este tipo de soportes es difícil de contabilizar. Pero, ¡los leemos!

Me gusta fijarme en la literatura callejera. En los carteles con los que convivimos casi sin darnos cuenta. Los hay mentirosos, como los de algunos comercios: «vuelvo en cinco minutos» (es falso, siempre tardan más), o «todo a tantos euros» (seguro que lo que quieres comprar “casualmente” cuesta más). Los hay informativos: «cerrado por vacaciones» (te alegras); «se vende», «se alquila» (a lo mejor te tienta); «precintado por la policía» (mal rollo); «cerrado por defunción» (supongo que de un familiar o amigo, porque el difunto no creo pueda colgar cartel alguno). También hay letreros suplicantes del tipo «Por favor, deja el lavabo como lo has encontrado», o «dejen entrar antes de salir». En muchas ocasiones los letreros están relacionados con los perros. ¡Hay que ver la literatura callejera que generan los canes! Desde el educado «por favor, recoja la caca de su perro», al «como te vea pasar de la mierda de tu perro, te la hago tragar». ¡Alto y claro!

Vivimos rodeados de letreros con múltiples mensajes. Pero, si lo piensas, es raro encontrar carteles positivos o alegres. Casi tan difícil como ver un eclipse (¡siempre está nublado!). Por eso, sorprende el letrero de la foto. Está en Santa Coloma de Gramenet, en un cruce de calles del barrio de la Riera Alta. «Respetad las plantas, las flores y los pájaros. Alegran la vida.» ¡Qué maravilla! Además de ser cierto lo que dice, muestra una sensibilidad maravillosa con el entorno. Dado que esta semana se ha celebrado el Día Mundial del Medio Ambiente, me ha parecido buena idea convertirlo en el protagonista de este post. Me gustaría saber quién lo puso ahí. ¿Fue el Ayuntamiento de Santa Coloma? ¿Fue el vecino de la casa que hay detrás del muro? Si lo sabes, por favor, ¡cuéntamelo!

Creo que debería haber más literatura callejera simpática. Bromista. Del tipo «¡Sonríe! Te están grabando», «Si me guiñas un ojo, te doy un abrazo», «Canta, hace mucho que no llueve», u «Oye, te cuelga un moco» (seguro que automáticamente te tocas la nariz). Dicen que la sonrisa se contagia. También, que es muy sana. El mismísimo Aristóteles defendía la bondad de las carcajadas. En la actualidad, la terapia de la risa tiene cada vez más adeptos. Se basa en la afirmación de que reír tiene múltiples beneficios físicos y psíquicos: combate el estrés y la angustia, refuerza el sistema inmunológico, mejora la respiración y la circulación, etc. Cuando te ríes, ¡activas 430 músculos del cuerpo! Algunos, situados en el estómago, solo se mueven con carcajadas.

Con literatura callejera simpática, la vida seria más amable, ¿no crees? Te propongo algo: busca algún letrero que te haga sonreír, incluso reír, y compártelo aquí (escribiendo un comentario).

Propaguemos la sonrisa. Promulguemos el «Leo, luego sonrío».

Publicado en Compromiso Escritura Naturaleza

2 comentarios

  1. Gloria Valdivia Gloria Valdivia

    ¡Qué curioso! Justo ayer iba por la calle pensando en eso tan maravilloso que es la risa. La sonrisa también, pero la risa es una explosión, como un pequeño orgasmo (a veces, mejor), una corriente eléctrica que te recorre y no puedes evitar (o a duras penas, cuando la situación lo requiere). Además, la risa es innata, no se aprende. Los bebés ríen. Y qué hermoso es ese momento. Cada persona tiene su propia risa, es una característica exclusiva, como el ADN. Hay gente que se ríe mucho, aun teniendo muchos problemas. Otras personas ríen poco, o tienen una risa casi imperceptible. Pensando todo esto llegué al autobús y vi un anuncio de una inmobiliaria. Decía “Ni peras ni peros. Vende.”, y abajo “Inmobiliarias muy donostiarras.” Me reí. Sobre todas las carcajadas, me gustan las de la gente que sabe reirse de sí misma.

    Gracias, amiga, por este post que me ha hecho volver a reflexionar sobre eso tan maravilloso que es la risa, el sentido del humor, la capacidad de sembrar alegría. Tú lo haces continuamente. Gracias.

  2. Virginia Virginia

    Amiga Gloria, ¡muchas gracias por tus palabras!
    Soy una firme defensora de la alegría y tengo por bandera el poema de Mario Benedetti que la promulga. No siempre es una tarea fácil, ¡pero hay que intentarlo!
    Qué gracioso el anuncio de las inmobiliarias muy donostiarras. ¡Gracias por compartirlo!
    ¡Un muy fuerte abrazo!

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