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¡Que todo se tiña de violeta!

La primera vez que vi un pene tenía once años. No fue algo voluntario. Había acompañado a mi madre al supermercado y nos repartimos la lista de la compra. Mientras yo buscaba en el estante de los refrescos el que había escrito en el papel, un hombre se situó a mi derecha. Me miraba sonriente y, mientras, se frotaba el miembro. Asustada, salí corriendo en busca del refugio de los brazos de mi madre.

La segunda vez, fue en un parque. Paseaba en bicicleta con una amiga y decidimos detenernos un rato, cansadas de pedalear. De pronto, algo se movió detrás de unos árboles. Apareció frente a nosotras un señor desnudo, apuntándonos con su órgano erecto. Salimos disparadas hacia las bicicletas, cuyas ruedas rodaron casi sin tocar la tierra del suelo. ¡Nunca regresamos a aquel lugar!

Fue la tercera vez la que me produjo un miedo atroz. Ocurrió una tarde de domingo de primavera. Me dirigía a casa de una amiga para hacer un trabajo de literatura para la escuela. Había ido a comer a un restaurante con mi madre y mi padre, motivo por el cual iba más arreglada que de costumbre. Llevaba unos pantalones cortos con cuadros marrones y mi mochila del colegio. Caminaba tranquila, adentrándome en el túnel natural que formaban unos castaños que había a ambos lados de la calle. En aquel lugar no había más peatón que yo. El sonido de mis pasos solo era acompañado por el ruido de algún vehículo ocasional. Tranquilidad. Silencio. La relajación típica de un domingo por la tarde justo después de comer. Hasta que apareció un coche rojo. Su conductor, al verme, redujo la marcha y bajó la ventanilla. Empezó a lanzarme piropos. Incomodada, aligeré el paso. El hombre empezó a regalarme comentarios obscenos. Miré a mi alrededor en busca de alguien a quien pedirle ayuda. Mala suerte, ¡la calle estaba desierta! Sentí como se me aceleraba el ritmo cardíaco y mi boca se secaba. Empecé a correr, pero mi carrera fue interrumpida en el acto: el coche rojo, tras un golpe brusco de volante del conductor, aterrizó encima de la acera en la que yo me encontraba, parando justo delante de mí. Antes de que pudiera reaccionar, de su interior salieron un hombre y su pene. Me agarró de un brazo y sin callar su sucia boca, empezó a empujarme hacia el interior del vehículo, cuyo motor rugía. Yo no podía emitir sonido alguno. Mi cabeza se resistía a agacharse, a colaborar con el secuestro. Intentaba recuperar el habla, pedir socorro. Era inútil. Solo temblaba. Pero, mi cuello se rebelaba y se mantenía erguido. Él hombre me apretaba hacia abajo, impacientándose. Mis ojos lloraban. Nervioso, empezó a insultarme. Y, entonces, surgió de la nada un ángel: en una parada de autobús situada a unos veinte metros de distancia, apareció una anciana con una niña pequeña. La mujer se percató de que algo extraño me sucedía y en seguida comprendió. Empezó a chillar justo en el momento en el que mis piernas abandonaban la lucha. El hombre, enfurecido, me maldijo. Me estiró hacia él y me empujó con fuerza hacia el suelo. Me estrellé contra la acera. Se subió al coche, dio un portazo y se marchó a gran velocidad. La anciana acudió en mi auxilio. Recuerdo la calidez de su abrazo. Sus palabras intentando reconfortarme. Me salvó.

Han pasado treinta años. ¡Treinta! Y no creo que pueda olvidar jamás aquella tarde de domingo. Fue una experiencia traumática. Inculcó en mí el miedo a ser mujer y empoderó a mi inconsciente para hacerme invisible. Durante muchos, muchísimos años, ¡me he negado a enseñar las piernas! Mientras mis amigas lucían vestidos, camisetas con escote y/o tirantes, faldas o pantalones cortos, yo me paseaba sosa perdida. Pero, además de invisible, fui muda. Callé lo sucedido, ¡me daba vergüenza! ¿Te lo puedes creer? Como si aquello hubiera sido mi culpa. Pero, no. No fue mi culpa. En absoluto.

Libros como Morder la manzana, de Leticia Dolera, son muy necesarios. Con un lenguaje cercano y ameno, la autora muestra cómo las agresiones sexuales que padecemos las mujeres no son casos aislados. Aunque esto ya lo sabes, porque seguramente habrás compartido ya un rato de confesiones con amigas o conocidas en el que más de una habrá contado una experiencia desagradable. A veces, terrible. Es importante reflexionar sobre este punto. Comprender que algo no va bien en este mundo cuando somos tantas las protagonistas de agresiones sexuales. Este libro ayuda a despertar. A sentirse comprendida. Porque lo que le pasó a aquella Virginia de catorce años no fue un caso aislado. El de un degenerado puntual. No. Fue un síntoma de un mundo enfermo. Basta con encender el televisor y ver un noticiario para comprender el alcance del problema. Y, cada vez que tengo conocimiento de una nueva agresión sexual, me enciendo. ¡De rabia!

Sigo teniendo miedo. Al silencio de una calle, a la oscuridad de la noche, a una mirada sucia. Harta de tanto desasosiego y de tanta impotencia, hallo consuelo y fuerza en el feminismo. Hay quien piensa que consiste en odiar a los hombres. En criminalizarlos. Y que el movimiento #MeToo es una moda que pasará pronto. No es así. Por fin las mujeres nos estamos atreviendo a hablar. ¡A nivel mundial! Compartimos lo que nos viene sucediendo desde, ¡desde siempre! Queremos que nuestros gobernantes nos protejan de verdad. Que los hombres dejen de ver en las mujeres simples objetos sexuales. Queremos una educación en la igualdad real. Exigimos la aprobación de leyes eficaces. Buscamos el castigo implacable de manadas y cuantas fórmulas se inventen para denigrarnos. Ha llegado el momento de levantarse y de decir, alto y claro, ¡basta! Es imperativo movilizarse. Quizá sientas que esta historia no va contigo. Quizá te de pereza asistir a manifestaciones y/o concentraciones. Quizá te den miedo las multitudes y te solidarices desde casa. Pero, si estás cansada de tener miedo, si deseas acabar con este monstruo, no dejes de sumarte. Esta noche, por ejemplo, tendrá lugar una movilización general conocida como «la noche violeta». Es contra la violencia machista y la convocatoria ha corrido como la pólvora por las redes sociales, sumando a centenares de ciudades de España. ¡Y de otros países! La convoca la Plataforma Feminista de Alicante que, el pasado mes de agosto, declaró la «emergencia feminista», por considerar que las mujeres vivimos en un estado de excepción y que el Estado debe actuar. Si te tienta participar, consulta la página web de tu ayuntamiento para ver si secunda la manifestación y, si te ves con ganas, acude. Yo me sumaré, desde Santa Coloma de Gramenet. Se lo debo a aquella muchacha asustada de catorce años. También a aquellas mujeres que ya no tienen voz.

Publicado en Compromiso Historia real Libros

8 comentarios

  1. Bel Ruiz Bel Ruiz

    Querida Virgina: una vez más, muestras tu valentía ante el compromiso y la lucha social. Pero sobre todo, son valientes tus palabras, tu confesión después de tantos años sobre algo monstruoso, algo que, por desgracia, continuamos padeciendo las mujeres todavía. Gracias por plasmarlo, por atreverte, por ser una mujer fuerte y decidida, sin dejar de dar la mano a esa adolescente de catorce años que aún está en ti. Ya le puedes decir que tiene a alguien con coraje que la va a proteger de por vida: tú.
    Abrazo violeta.

    • Virginia Virginia

      Muchas gracias Bel por tu cariñoso comentario. Sabes que soy una soñadora, y por eso no puedo quedarme de brazos cruzados ante todo aquello que me parece injusto. Respecto al tema de la violencia machista, he querido compartir mi experiencia porque siento que es importante concienciarnos todas de que no estamos solas. De que este tipo de experiencias traumáticas son más habituales de lo que creemos. Solo sincerándonos seremos conscientes del alcance del problema. Y solo así recuperaremos el lugar que nos corresponde.
      Abrazo sentido!

  2. Pilar Pilar

    Comparto contigo todo lo que escribes! Yo tuve también un par de experiencias muy desagradables y hasta ahora nunca las expliqué. Intento transmitirle a mi hija que si algún día le pasa, nos lo cuente. No es bueno callarse. Creo que tendríamos que fomentar en las escuelas que trabajaran con los alumnos y alumnas estas situaciones. Desde pequeñas/os hemos de educarlos y sensibilizarlos.
    Como vivir en una sociedad enfermiza..porque esta sociedad esta podrida.
    Gracias Virgina por compartir con nosotros estos recuerdos difciles de plasmar en un escrito.
    Besitos 😚

    • Virginia Virginia

      Gracias Pilar por tu comentario.
      Siento mucho que tú también pasaras por experiencias desagradables. ¡Somos tantas!
      Coincido contigo, es necesario hablar y dejar de callar.
      Por favor, regálale el libro de Leticia Dolera a tu hija. Leedlo juntas, comentadlo. Es fundamental que entienda el mundo en el que vive, que sepa que nunca estará sola. Te tiene a ti, una madre maravillosa. Y a muchas, muchísimas mujeres, cansadas de ser objeto de la violencia machista. ¡Adelante!
      Un abrazo gordo!

  3. María D María D

    Mi preciosa Virginia me ha encantado la forma en la que expresas algo tan horrible y que tanta vergüenza nos provoca , cuando nosotras sólo somos las víctimas, cómo es posible que pueda haber tantas experiencias de este tipo …. estoy alucinada , pero también agradecida de que salgan a la luz , que se hagan visibles porque es la única vía de poder sanar , gracias por mostrarte , qué espejo en el que podemos vernos reflejadas.

    • Virginia Virginia

      Gracias a ti por leerme, por tu apoyo constante.
      Es necesario hablar, compartir. Solo así sanaremos y podremos actuar para revertir esta situación. Al fin y al cabo, ¡somos la mitad de la población mundial!
      Un abrazo fuerte!

  4. Mercedes mazarico Mercedes mazarico

    No me he immaginado ni por un momento que hubieras pasado por una situacion de este calibre, todas las mujeres deberiamos denunciar todas estàs situaciónes, nos han educado en una situacion Totalmente machista y abusiva, deberiamos perder el miedo y la verguenza, desgraciadamente, tanto en mi época, en la tuya y en la actual, se han producido esos abusos por parte de ciertos hombres unos por enfermedad y muchísimos por poder, en fin Virginia siento que tuvieras que pasar ese trauma tu sola y admiro tu valentía al hacerlo público ahora!!! Me encanta que seas así!!! Un fuerte abrazo y !!! Vivan las valientes!!!🥰🥰👍👍👏👏👏

    • Virginia Virginia

      Muchas gracias Mercedes,
      siempre tan cariñosa, tan adorable. No sé si soy valiente, simplemente sentía que era el momento de hacerlo p´úblico, de mostrar que también yo he sido víctima de violencia machista. Fui una más entre tantas. Quiero pensar que en la actualidad las mujeres vivimos mejor que hace unos años. Tenemos herramientas con las que denunciar, con las que defendernos. Tenemos a gente que escucha y que realmente quiere cambiar las cosas. Quiero pensar que ha llegado el momento de cambiar las cosas para mejor. De conseguir revertir este comportamiento horrible, doloroso e injusto.
      ¡Un muy fuerte abrazo!

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