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No estamos solos

Hoy es el Día Mundial de los Animales, cuyo objetivo es recordar la importancia de todas las especies animales con las que compartimos la Tierra. Esta celebración tiene lugar desde hace, ¡noventa años! Se intenta modificar el comportamiento de los seres humanos, a menudo perjudicial para el resto de animales. Por eso hace cuatro décadas la Organización Mundial de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos del Animal. Mucha gente no sabe que existe. Normal, se quedó en una simple declaración de buenas intenciones.

Por fortuna, en los últimos años la Ciencia y el Derecho se han aliado para defender el bienestar animal. Por ejemplo, los científicos han conseguido demostrar que muchos animales son capaces de experimentar dolor. ¡También sufren! Esto se sabe porque, el igual que los humanos, disponen de un nervio nociceptor, que es el responsable de transmitir señales de dolor al sistema nervioso central. De momento se sabe que está presente en todos los animales vertebrados (mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces), y también en los cefalópodos (pulpos). Como consecuencia de este y de otros descubrimientos, el mundo del Derecho está experimentando una revolución. ¡La consideración jurídica de los animales ha cambiado! Ya no son meros objetos, sino seres sintientes. ¿Te das cuenta de lo que significa? No son cosas inertes con las que poder hacer lo que nos apetezca. ¡Tienen derechos! Y, en consecuencia, el ser humano tiene la obligación legal de no dañarlos. Pero la cosa va más allá. Los descubrimientos científicos están consiguiendo que se prohíban algunas prácticas que son una auténtica tortura para ellos. Es el caso de las langostas, que han conseguido un trato distinto en los restaurantes de Italia y Suiza: conservarlas vivas en hielo, así como cocinarlas vivas en agua hirviendo, les provoca un sufrimiento espantoso. Por eso estos países han prohibido estas prácticas. ¡Asombroso!

Soy una animalista convencida. Con esto no quiero decir que crea que todos los animales somos iguales. No lo somos. ¡Aunque sí nos parecemos bastante a los grandes simios! Sí creo que debemos ser iguales en derechos y libertades. Ojo, no en todos los derechos, ¡me cuesta imaginarme a un perro comprándose un piso! Pero sí debería haber igualdad de trato en cuanto a la integridad física, psíquica y emocional se refiere. Por eso me parece muy oportuno hablarte hoy del libro Juicio a los humanos, del antropólogo, profesor y escritor José Antonio Jáuregui. ¿Alguna vez has sentido que un libro te llamaba desde un estante de una librería? Es lo que me sucedió con esta maravillosa obra. El argumento es sencillo: en plena noche, un hombre se despierta solo y completamente desnudo en medio de una selva. No entiende nada, hasta que un tigre de bengala se lo explica: va a ser juzgado por todos los crímenes que la especie humana le inflige al resto de animales. ¡S.O.S! Es una fábula conmovedora. Creo que debería ser una lectura obligatoria, porque te obliga a reflexionar sobre tu relación con los demás animales del planeta. Sería estupendo que la gente lo leyera y despertara de esta pesadilla en la que a menudo sumergimos a los animales no humanos.

«Sueño que un día no muy lejano, los humanos aceptemos la total continuidad orgánica que nos une con el resto de los animales y seamos capaces de actuar en consecuencia. Que respetemos sus derechos; que no los torturemos, esclavicemos y maltratemos atrozmente con ciego desdén a su dolor. Que comprendamos de una maldita vez que son seres sintientes y no objetos.»  Tengo un sueño, Rosa Montero

Publicado en Compromiso Escritura Libros Naturaleza

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