Saltar al contenido →

A la caza del tesoro

Cuando era pequeña me llamaban mucho la atención las civilizaciones antiguas, en especial la egipcia. Era tal mi fascinación que leía todo cuanto caía en mis manos relacionado con ambas culturas. Tenía un hambre de conocimiento total. ¡Una sed insaciable! Daba igual a qué ciudad fuera de vacaciones con mis padres, ¡siempre buscaba en ella algún museo arqueológico! La primera vez que estuve en el Museo Británico, en Londres, y en el Louvre, en París, ¡sentí que me desmayaba! Las colecciones que tienen son tan impresionantes que intimidan. Ya de adulta he comprendido que los museos no dejan de ser una muestra del expolio de las principales potencias mundiales a numerosas culturas. Es irónico, ¡se confiesan ladrones al mostrar el botín! Pero, antes de este pensamiento, para mí un museo con piezas egipcias era un lugar sagrado. Mi templo. Era tal la fascinación que el Antiguo Egipto despertaba en mí (y todavía despierta) que decidí que de mayor sería arqueóloga. Poco después maticé este punto, afirmando que sería egiptóloga. ¡Hala! Sin duda alguna la profesora de Historia del colegio tuvo algo que ver en este amor por lo antiguo. Recuerdo su pasión al explicar la materia. Sus ojos brillaban y todo cuanto explicaba sonaba a aventura y secretos por descubrir. ¡Imposible no contagiarse! También tuvo parte de culpa Steven Spielberg, con sus películas de Indiana Jones. ¡Qué vida más emocionante! Sin embargo, la vida me deparaba otro camino y decidí que, en lugar de dedicarme al pasado, intentaría mejorar el futuro.

Mi abuelo materno era un hombre muy sabio. Era un lector voraz y podía hablarte durante horas de cualquier tema. ¡Era una enciclopedia viva! Divertido con mi gran afición por la arqueología, me regaló el libro Dioses, tumbas y sabios, de C.W. Ceram. ¡Es uno de los mejores regalos que me han hecho jamás! Cuenta las investigaciones llevadas a cabo para conocer las maravillas y tesoros de la antigüedad. En Barcelona se editó por primera vez en 1953 y tuvo muy buena acogida. Fue tal el éxito mundial de este libro que pasó a ser considerada «la novela de la arqueología». Como puedes imaginarte, me encantó. En especial el «Libro de las pirámides», que es uno de los cinco capítulos que componen esta obra. Al escribir estas líneas vuelven a mí recuerdos muy agradables, como cuando el autor explica todos los pasos que fueron necesarios, maldiciones incluidas, para descubrir la tumba del faraón Tutankamon. Lo explica tan bien, ¡que las lágrimas saltan de pura emoción al leer el hallazgo del sarcófago de oro!

El pasado importa. Y mucho. Una gran amiga compartió una vez conmigo su teoría de que vivir es como conducir. ¡Cuánta razón tenía! Hay que avanzar siempre hacia delante, pero sin dejar de mirar nunca por el retrovisor. Siempre caminar, pero recordando el pasado. Ese lugar del que venimos, del que hemos salido. Vivimos tiempos revueltos en los que se suman violencias diversas. Contra las personas. Contra la naturaleza. Algunos afirman que nuestra civilización está colapsando. Solo hay que ver el telediario e informarse de lo que pasa, aquí y en el resto del mundo, para coincidir con esa idea. ¡Parece una película de terror! Pero es real. Quizá sea momento de recuperar nuestro pasado. De recordarlo. De entender que por nuestras venas fluye sangre de múltiples culturas. Múltiples y diversas. Nada es blanco o negro. Todos estamos conectados. Y es en esta certeza en la que tanta división entre pueblos y culturas pierde su sentido. El ser humano debe recapacitar y entender que es tiempo de colaboración. La alternativa nos condena a aparecer en un futuro libro semejante al de C.W. Ceram. ¡Como civilización extinta! Y aunque me pueda parecer halagador figurar junto a egipcios, griegos, incas o fenicios, ¡preferiría evitarlo! Un aliado en la lucha contra la autodestrucción puede ser este libro. Te animo a viajar por el pasado sumergiéndote en sus páginas. ¡Será el viaje de tu vida!

Publicado en Escritura Historia real Libros Naturaleza

Un comentario

  1. Gloria Valdivia Gloria Valdivia

    Querida y cada vez más sabia amiga, me encantan tus posts. El entusiasmo con que explicas lo que sientes y donde te lleva la lectura de ese libro, hace que tenga muchas ganas de leerlo. Y eso que no soy muy fan de los libros históricos. William Faulkner dijo que el pasado nunca está muerto, ni siquiera es pasado. Leyendo tu escrito, me parece que está muy vivo. Un abrazo enorme. 😘

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *