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¿Un mal día? ¡Mira al cielo!

El cielo se está despoblando. Llega el frío y miles de pájaros emigran rumbo a tierras más cálidas. ¡Quiero ir con ellos! Aunque prefiero el frío al calor, no soy nada de temperaturas extremas. Y coincidirás conmigo en que este año el otoño no ha durado nada. ¡Se ha adelantado el invierno! Está atravesando la península ibérica la primera ola de frío polar. ¡Ojalá se quede en ola única! ¿Cómo no van a huir las aves?

De las más de 10.000 especies de aves identificadas, existen más de 1.800 que son migratorias. Durante su viaje normalmente efectúan paradas para comer y descansar. Pero, siempre hay excepciones: se ha descubierto una especie que se desplaza sin interrumpir el viaje en ningún momento: la aguja colipinta (Limosa lapponica baueri). La temeraria sale de Alaska y vuela hasta Nueva Zelanda sin descansar. Dicho de otra forma, recorre casi 12.000 kilómetros de una tirada. ¡Toma ya!

Me encanta observar aves. Y no estoy sola, pues en el mundo hay millones de aficionados a la ornitología. A menudo paseo con unos prismáticos y uno de los mejores libros que conozco para la identificación de aves: la Guía de aves. España, Europa y región mediterránea, de Ediciones Omega. ¡Es una maravilla! Contiene infinidad de datos sobre cada especie: hábitat, rasgos característicos, variaciones y voz. Y más de 4.000 ilustraciones que muestran cómo puede variar el aspecto de una especie según el sexo, la edad, la estación y la distribución. Me hace feliz identificar al pájaro que observo. A veces resulta complicado acertar, porque algunos son muy parecidos y la distancia no permite percibir el detalle de sus plumas. Estas revelan muchas veces el sexo del individuo. Porque los pájaros, ¡no tienen órganos reproductores externos! Se distinguen por el color de sus plumas. En general, los machos son muy coloridos para atraer a las hembras. Incluso recurren a técnicas como el baile o la limpieza para conquistarlas. ¡Va en serio! Si tienes Netflix, te aconsejo ver el documental Bailando con los pájaros. Verás las diferentes técnicas de cortejo que utilizan las denominadas aves del paraíso para conseguir pareja. ¡Fliparás!

También es bastante sorprendente presenciar un anillamiento científico. He tenido la suerte de vivir uno, de la mano del Institut Català d’Ornitologia. El anillamiento es un método de estudio mediante el marcaje individual con una anilla. Permite conocer rutas migratorias, zonas de descanso, cambios poblacionales, etc. Y, de este modo, proporciona una información muy valiosa para la planificación de espacios protegidos para las aves. Al principio, ver un anillamiento da un poco de grima: los pájaros se recogen con redes en las que quedan atrapados mientras vuelan. En plan tela de araña. Con un estricto silencio para no estresar más al animal, se recogen de esta con sumo cuidado. Luego, cada ejemplar se introduce en una bolsa de tela para que esté tranquilo (por lo visto les calma no ver nada). Poco después se sacará de la bolsa, sujetándolo por las patas para que no se escape. Se le observará y se recogerán todos los datos posibles en una ficha (especie, sexo, peso, edad, etc.). Finalmente, se le colocará una anilla en una pata, entre lo que vendría a ser el pie y la rodilla. Para esto se utilizan unas tenazas especiales con las que es imposible estrangular la extremidad. Cada anilla tiene un código único en todo el mundo. (¡Cuando interesa bien que nos ponemos de acuerdo!) No cualquiera puede anillar. Para hacerlo, hay que estar formado y disponer de un título especial. Solo en Cataluña hay 200 anilladores, que cada año anillan unos 70.000 pájaros. ¡Tremendo! De estos, solo se vuelven a ver en posteriores anillamientos unos 100. ¡Un triste 0,14%! Para hacer un buen seguimiento de estos pájaros es imprescindible la colaboración ciudadana. O sea, que si te encuentras un pájaro con anilla (muerto, herido, desorientado), puedes notificarlo aquí (Cataluña) o aquí (resto de España).

Mirar al cielo tiene premio. Si tienes un mal día, abre bien los ojos y observa a estos seres voladores. Pronto querrás compartir su libertad de movimiento. Y, quién sabe, quizá acabes paseándote con unos prosmáticos y una gruesa guía como yo. ¡Todo se contagia! También la hermosura.

Publicado en Libros Naturaleza

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