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No una bofetada cualquiera

Descubrí la poesía de Elvira Sastre gracias a un amigo que compartía algunos de sus escritos en Instagram. Me cautivó. Es intensa. Emotiva. Abrumadora. Y, al mismo tiempo, sencilla. Me convertí en seguidora suya y, desde entonces, no he dejado de asombrarme. ¿Cómo puede decir tanto con tan poco? ¿Cómo pueden unas breves líneas dejarte con la boca abierta? Siempre he sido más de narrativa que de poesía. Porque, lo confieso, este estilo literario me parece peligroso para quien lo escribe. La poesía es una desnudez absoluta, un exponerse al mundo de un modo tan transparente que me asusta. Revela tu ser interior, te muestra sin remedio. No sé si este mundo en el que vivimos está preparado para la poesía. La necesita, ¡y de forma urgente! Pero, las personas sensibles y emocionales suelen recibir bofetadas. Se promueve la dureza, la fachada de persona inquebrantable. ¡Menudo error! Como si nadie se hubiera desgarrado nunca por dentro. Como si nadie encontrara alguna vez en el espejo el reflejo de una farsa.

Admiro y compadezco a los poetas por igual. Hay que tener valor para mostrarse, pero, también es buena idea contar con un buen escudo protector. He escrito poesía. Pero, quizá porque al mostrarla me siento vulnerable, mi pequeña colección de poemas yace dormida, escondida en un cajón en busca de refugio. Una vez leí que «somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios». ¿A quién se le ocurrió esta certeza? Ni idea. Se le atribuye la autoría a diferentes personas, como William Shakespeare o Mahatma Gandhi. ¡A lo mejor lo dijeron los dos! Quizá forma parte de esa sabiduría universal que se va revelando en diferentes lugares y tiempos de nuestro Planeta. Si lo piensas, no es nada descabellada esa afirmación. Las palabras son traicioneras y a veces desvelan un significado oculto. Incluso para quien las pronuncia. Cuando publiqué Queridísima Juana, una amiga me dijo que es más autobiográfica que mi propio DNI. Me quedé perpleja. ¡Tenía razón! Por más ficción que quiera escribir, la propia historia personal se oculta entre los párrafos. ¡Imagínate si encima fuera poeta!

Vuelvo a Elvira Sastre. Su poesía. Su delicadeza combinada con crudeza. Y el descubrimiento que, como lectora voraz que soy, me hizo feliz: además de poesía, ¡también había publicado una novela! Días sin ti, ganadora del Premio Biblioteca Breve 2019, de la editorial Seix Barral.

¡Uf!

Es, ¿cómo describirla? Arrolladora. La historia que cuenta es bonita: una abuela que, a través de lo aprendido con su experiencia personal, ayuda a su nieto a superar una ruptura sentimental. Pero no, no es la historia lo que me ha dejado casi sin aliento. Es su filosofía de vida. Su poesía camuflada de narrativa. ¡Una loba vestida con piel de cordero! Días sin ti es una lanza que se te clava directa en el corazón y, de la herida, sale una mano que lo apretuja, lo exprime, lo retuerce y luego lo acaricia para que recupere el aliento. Este libro conmueve. Te revuelve de tal modo que te deja temblando. Literalmente. No es habitual encontrar narrativa así, tan cruda, tan sensible. Te invito a leerlo. Pensarás que estoy loca. Que hay que ser descarada para recomendarte leer una obra así. Algo de razón tienes, al fin y al cabo te estoy proponiendo recibir una bofetada en toda la cara. Pero, no de esas simuladas de las películas, no. ¡De las que dejan la mejilla roja!

¡PLAS!

No solo te invito a leerlo, ¡te reto a ello! Al fin y al cabo, ¿de qué sirve existir si no te sientes con vida? Elvira transmite tanto y de forma tan intensa que es imposible ignorarlo. Para tentarte, te dejo algunas frases del libro. Son de esas que me encantan y que subrayo en el acto.

Cátalo y me cuentas.

¡El año empieza fuerte!

«Cuando alguien falta su espacio se vuelve un agujero inmenso y aterrador para quien lo contempla. Lo llaman ausencia.»

«Sólo los que van a contracorriente consiguen llegar a su destino; allí donde están todos no hay hueco para nadie más.»

«No trates nunca de obligar a nadie a que se quede a tu lado: dale alas para que pueda decidir libremente cuándo irse y cuándo volver. Ésa será la única manera de asegurarte un amor real y auténtico.»

«Sólo quien es capaz de contemplar de frente una herida ajena puede convivir con la propia.»

«Cuando uno se acostumbra a los sonidos de alguien, cualquier otro ruido se silencia, incluso el propio. El problema es que cuando se va, el eco que deja es peor que un grito.»

Publicado en Escritura Libros Mujeres

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