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Verdades como puños

Cada vez que veo imágenes de Australia en llamas se me encoge el corazón. He perdido la cuenta de la cantidad de hectáreas calcinadas. De koalas. De canguros. No me quito de la cabeza al locutor que informó de que se ha quemado una extensión equivalente a dos veces Bélgica. O todo Aragón. Tres meses de llamas devoradoras, una veintena de personas fallecidas y, ojo al dato, dos billones de animales menos. ¡Es espantoso! Parece el apocalipsis. Y por aquí las cosas no andan mucho mejor: el pasado mes de diciembre se incendió una fábrica en Montornès del Vallès y el vertido provocado por el accidente acabó con centenares de peces del Rio Besòs. Todavía se desconoce el alcance real del desastre ecológico. Y qué me dices del accidente en la petroquímica de Tarragona. Si encima ha matado a un hombre que estaba tan tranquilo en su casa, ¡a casi 3 kilómetros de distancia! Qué locura. Sin duda parece el apocalipsis. Pero, ¡me resisto a creerlo! Si el ser humano ha sido capaz de llegar a la luna, ¿no va a poder entrar en razón y cuidar del Planeta? Hay personas que son capaces de superar adicciones muy fuertes a las drogas. Y no me refiero al tabaco. Esa, comparada con otras, es un caramelito. Me refiero a las que te transforman la personalidad, que te agarran sin piedad y te convierten en una pesadilla para todos tus seres queridos. Yo confío en la capacidad de cambio del ser humano. Con voluntad, determinación y compromiso, ¡todo se puede!

Por eso, hoy quiero hablarte de un pequeño cambio en nuestras vidas cotidianas. Algo que parece insignificante pero que tiene un impacto enorme en la naturaleza: el reciclaje. Porque he visto lo que provoca el no reciclaje y, créeme, asusta. En general, la sensación de liberación cuando nos desprendemos de nuestra bolsa de basura es total. Tanto, que nunca nos planteamos dónde acaba cuando la echamos de nuestra casa. Bueno, a lo mejor eres una persona curiosa y has perseguido con tu coche al camión de la basura, para ver dónde acaba su recorrido y qué hace con lo que ha recogido. O quizá seas de esas personas que desconfían del reciclaje y que quieren demostrar que el contenido de los contenedores verde, amarillo y azul acaba mezclado en el mismo camión. Para gustos, ¡colores!

Pero, ¿qué pasa con la bolsa que dejas en el contenedor gris? Esa a la que, si reciclas, la alimentas con lo que no tiene cabida en ningún otro contenedor. Si no reciclas, la empachas con todos tus residuos. La verdad es que yo nunca me había planteado cuál era su destino. Interpretaba que mi responsabilidad finalizaba en el momento del lanzamiento al contenedor y que la administración se hacía cargo de ella a partir de ahí. Esto solo es en parte cierto. Como sé que te mueres de curiosidad, te lo voy a explicar, porque he visitado la planta integral de valorización de residuos de Sant Adrià del Besòs. Es un lugar en el que se gestiona parte de los residuos urbanos del Área Metropolitana de Barcelona, en la que vivimos unos tres millones de personas. Cogen nuestra basura del contenedor gris y la clasifican, reciclan y valorizan. Allí trabajan un total de 95 personas repartidas en turnos de mañana, tarde y noche. Se trabaja sin interrupción. Cada día llegan a esta instalación, y desde los contenedores grises, ¡600 toneladas de residuos! Llega el camión y vacía su interior en unos depósitos gigantes que hay enterrados en el suelo. ¡Enormes! A partir de ahí, unas pinzas gigantes manejadas desde una cabina, como las grúas de la construcción, cogen las bolsas, las agitan y golpean para que se rompan y liberen su contenido. A algunas les cuesta abrirse, ¡menudos nudos hacemos! A partir de ahí, la basura avanza por diferentes plataformas con máquinas separadoras (electroimanes, ópticos, etc.) Detectan material férrico, plásticos, papel y cartón, cristal, tetra brik, aluminio, etc. Estos materiales están ahí porque hay quien no recicla. Se recupera el 21% para el reciclaje. ¿Te imaginas el gasto que supone el funcionamiento y el mantenimiento de toda esta maquinaria destinada a hacer el trabajo que debería haber realizado otra gente en su casa? ¿La de cosas que se podría hacer con ese dinero?

Hay muchos residuos que no se recuperan. ¡1.000 toneladas al día! ¿Sabes cuál es su destino? La incineración. Se queman a una temperatura de 900ºC para reducir el volumen de residuos y generar electricidad. De regalo, unos gases tremendos, que no solo huelen mal, además contaminan. El drama es que en esa masa de residuos acumulados para ser incinerados, puedes reconocer múltiples objetos: cortinas, bolsas, zapatos, pantalones, etc. Cosas que podrían haber sido útiles para alguien o haber sido reconvertidas en otras cosas. Pero, no. Acabarán siendo ceniza.

No reciclar contamina y, además, genera un gasto económico estúpido. Una amiga dijo que debería ser obligatoria para toda la ciudadanía una visita a alguna planta integral de valorización de residuos. Coincido. Si supiéramos lo que genera ese contenedor gris en el que tiramos todo cuanto no sabemos dónde meter. Si tan solo nos interesara el después. ¡El mañana! Necesitamos cambiar. Como sociedad y a título personal. El compromiso individual es fundamental. Con solo un pequeño gesto, consistente en reorganizar tu basura, estarás reduciendo tu impacto en el Planeta. Lucharás contra el cambio climático. Y así, cuando veas desastres ecológicos como el salvaje incendio de Australia, al menos tendrás el pequeño consuelo de que tú, dentro de tus posibilidades, sumas.

Y no restas.

Publicado en Compromiso Historia real Naturaleza

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