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Luces, cámara, ¡acción!

Crecí enamorada del cine clásico de Hollywood, un mundo de ensueño donde no era necesario mostrar, sino simplemente insinuar. Un mundo casi todo en blanco y negro, elegante, correcto, sin salidas fuera de tono. Con películas irreemplazables y con intérpretes solo comparables con las estrellas. Por su luz. Por su vocación de eternidad. Algunas películas las he visto decenas de veces: Casablanca, Con faldas y a lo loco, Desayuno con diamantes, Gilda, La tentación vive arriba, Matar a un ruiseñor, Qué bello es vivir, Tú y yo. Recuerdo todavía la emoción ante la inminencia de un beso entre los protagonistas. Qué emocionante resultaba, qué alegría daba. El triunfo del amor, ¡por fin! Aunque, todo era fruto de un truco, ¡de un engaño! Nuestros ojos veían un beso en los labios, pero, en realidad, ¡los protagonistas se besaban en la mejilla!

En la televisión española de los años ochenta era habitual encontrarse con rostros inolvidables, con nombres inmortales: Anthony Quinn, Audrey Hepburn, Cary Grant, Clark Gable, Charlton Heston, Deborah Kerr, Doris Day, Elizabeth Taylor, Gary Cooper, Gene Kelly, Gregory Peck, Grace Kelly, Greta Garbo, Humphrey Bogart, Jack Lemmon, James Stewart, Katharine Hepburn, Lauren Bacall, Marilyn Monroe, Marlene Dietrich, Orson Welles, Rita Hayworth, Robert Mitchum, Rock Hudson, Tippi Hedren, o Tony Curtis. Y Kirk Douglas. Tras 103 años de existencia, su cuerpo ha dicho basta. Se ha marchado así el último gran actor del Hollywood clásico.

Siempre me gustó Kirk Douglas. Quizá fuera por la fascinación que me despertaba el hoyuelo de su barbilla. También tenían uno Cary Grant y Gregory Peck. En tiempos más modernos, Michael Douglas y John Travolta. No sé qué tiene el hoyuelo este que me cae simpático. Pero, más allá de este detalle físico de Kirk, me gustaba como actor. En especial recuerdo su papel en Espartaco, donde interpreta a un antiguo gladiador que lidera un levantamiento de los esclavos contra la poderosa República romana. Tras ver la película, ¿quién no ha deseado rebelarse contra la tiranía?¿Defender a los oprimidos organizando una revuelta en toda regla? También me encantó su papel de marinero en la película Veinte mil leguas de viaje submarino, basada en el libro de Julio Verne. Se considera la mejor adaptación cinematográfica de las novelas del escritor. Y qué me dices de El loco del pelo rojo, en la que interpretó nada más y menos que a Van Gogh. Lo hizo con tal intensidad que resulta difícil pensar en el pintor sin ponerle el rostro de Kirk. Fue un gran actor. Por desgracia, la industria cinematográfica de Hollywood no supo premiar ninguna de sus actuaciones. Sí le concedió un Óscar honorífico por toda su carrera en 1996. ¡Menos mal!

Si te gusta el cine clásico de Hollywood, es imposible no sentir cierta tristeza ante el fallecimiento de este intérprete. Aunque, en realidad, es solo una pérdida física. Su legado perdurará, como el de las otras estrellas que ya brillan en el cielo y con las que compartirá firmamento. Sin duda lo han acogido entre aplausos y ovaciones.

Kirk, ¡gracias por tu buen cine!

Y entonces, te fuiste, así como se alejan las estrellas fugaces. Gabriela Infante

Publicado en Historia real

2 comentarios

  1. José Antonio José Antonio

    De sus muchas películas a mi me gusta El Final De La Cuenta Atrás, es la que le tengo más en mi mente, no por su interpretación, sino por la temática de la película. Espartaco es inolvidable.
    El cine clásico tienen un encanto. En un lista de películas favoritas, seguro que tenemos más películas clásicas que no actuales.
    Felicidades por el texto, Virginia.

    • Virginia Virginia

      Gracias José Antonio por tu comentario. Coincido contigo, en mi lista de películas favoritas ganan las clásicas. ¡Por goleada! Un abrazo.

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