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En busca de la sonrisa perdida

Finaliza el primer mes de una nueva década y me pregunto cuánto has sonreído durante sus 31 días. ¿Nada? ¿Poco? ¿Mucho? Espero que, al menos, hayas sonreído una vez cada día. Charlie Chaplin decía que “Un día sin sonreír es un día perdido.” Pero, la verdad es que hay ocasiones en las que sonreír resulta un ejercicio muy difícil. Aún así, sabemos que sonreír es importante. También reír. ¡Qué maravilloso es un ataque de risa! Y encima, como te comentaba en el texto Leo, luego sonrío, reír tiene numerosos beneficios físicos y psíquicos.

¿Sabías que la sonrisa es la protagonista de cada primer viernes de octubre? Esto es así desde 1999, porque es el Día Mundial de la Sonrisa. La idea surgió de Harvey Ball, el creador de la Smiley Face. La historia de la creación de este icono es muy curiosa. Resulta que en Estados Unidos, a principios de los años sesenta, una empresa aseguradora absorbió a otra. La operación desanimó bastante a los trabajadores de la antigua empresa y sus nuevos directivos se preocuparon. Tanto es así que decidieron contratar a un artista, Harvey Ball, para diseñar una imagen que les levantara el ánimo. En menos de diez minutos, el hombre diseñó una cara amarilla y sonriente, con un ojo más grande que el otro. El dibujo encantó a los directivos. Piensa que hoy en día estamos muy acostumbrados a los emoticonos. ¡Qué sosas resultarían las conversaciones de WhatsApp sin ellos! Pero, en aquel entonces, este tipo de dibujo era algo tan sencillo como innovador. Como el dibujo triunfó, los directivos lo transformaron en un pin, del que repartieron cien unidades entre todos los empleados. ¡Es el de la foto! La idea era que lo llevaran enganchado en la ropa mientras realizaban sus tareas y, de este modo, provocarles sonrisas. ¡Es adorable!

Existen diversos tipos de sonrisas y no todas transmiten alegría o felicidad. Leyendo (callo el libro para no hacer ningún spoiler) he descubierto la sonrisa de Duchenne. Quizá ya la conozcas. Es un tipo de sonrisa que no puede forzarse o simularse. Guillaume Duchenne descubrió el por qué. Este hombre era un médico e investigador francés que, a finales del siglo XIX, halló la que es conocida como la sonrisa genuina. ¿Por qué? Porque implica la contracción de unos músculos situados cerca de la boca, los músculos cigomático mayor y menor, que elevan la comisura de los labios, así como del músculo orbicular, situado cerca de los ojos, que a su vez eleva las mejillas y produce arrugas alrededor de los ojos. Duchenne descubrió que la mayoría de personas no pueden contraer a voluntad el músculo orbicular. Por más que se fuerce una sonrisa, este músculo solo se contrae ante una emoción espontánea. Auténtica. Sincera. Así que cuando veas a alguien sonreír, fíjate bien en sus ojos. Te dará una pista sobre si ríe de verdad o si finge. Claro que, a lo mejor, te pasa como a mí, que no tienes ni idea de dónde está el músculo orbicular. O a lo mejor confundes las huellas del paso del tiempo con las arrugas que se producen al subir las mejillas. ¡Menudo lio!

Pero, en tu interior, lo sabes. Una sonrisa auténtica no pasa desapercibida. Es más, se contagia. Es algo automático. Inevitable. Así que, si durante este mes de enero no has sucumbido a ninguna sonrisa, calma. Este mes de febrero viene con un día de regalo para que puedas recuperar el tiempo perdido.

¡A por él!

En nuestro pecho llevamos colonias de mariposas que esperan el momento feliz en el que nos reímos para planear en el aire. Fabrizio Caramagna

Publicado en Historia real

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