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Extender las alas

Hace poco me preguntaron qué don de la naturaleza me gustaría poseer. Respondí sin dudarlo: volar. Me encantaría moverme por el aire, hacer piruetas con la ayuda de mis alas mientras veo el suelo cada vez más pequeño, más lejano. Son muchas las personas que, a lo largo de la Historia, soñaron con tener alas. Algunas, gracias a altas dosis de ingenio e imaginación, idearon modos de volar. El mismísimo Leonardo Da Vinci llevó a cabo una pormenorizada investigación con el fin de entender el vuelo de los pájaros. Su objetivo no era otro que el de aplicar sus descubrimientos a una máquina que sirviera para viajar por el aire, el ornitóptero. Con el paso del tiempo, han surgido numerosos deportes que permiten surcar el cielo sin necesidad de tener alas, como el globo aerostático, kitesurf, parapente, paracaidismo, vuelo sin motor, o wingfly. Así que, si compartes este sueño y estás en forma, puedes practicar alguno de estos deportes y sentir, aunque solo sea durante unos instantes, el placer de volar.

A los pájaros no solo les envidio sus alas. También la capacidad de reducir el tamaño de lo que les rodea. Al alejarse, todo va desapareciendo bajo sus patas. En momentos como el actual, en el que un virus ha irrumpido con fuerza en nuestras vidas, arrollándolas, obligándonos a dibujar otra realidad, considero interesante rescatar la idea de volar. Pero, mentalmente. A veces los problemas nos ahogan, son como una losa de granito que tenemos que llevar a cuestas por una pronunciada pendiente. Pero, en muchas ocasiones, nuestro drama particular es solo una cuestión de perspectiva. Nos ahogamos en un vaso de agua y no somos capaces de ver que, aunque a nuestro ego le cueste aceptarlo, somos diminutos. Insignificantes. El gran engaño al que se somete el ser humano es el de pensar que es importantísimo, que sus problemas son los peores del mundo. ¡Falso!

Cuando el agobio te oprima el pecho y te humedezca los ojos, medita. Siéntate en un lugar tranquilo y cierra los ojos. Visualízate desde el aire, como si estuvieras con la espalda pegada el techo. Luego, y sin perderte de vista, aléjate hasta el tejado. Hasta lo alto de tu calle. De tu barrio. De tu ciudad. De tu provincia. De tu país. De tu continente. Siéntate encima de una nave espacial. Permítete deslumbrarte con la belleza del planeta Tierra. Quédate ahí, observa la inmensidad del espacio. Esa negritud iluminada por infinitas estrellas, algunas ya inexistentes. Escucha el silencio. Siéntelo. Comprende que, en realidad, solo eres una mota sobre un planeta. Polvo de estrellas.

No sé a ti pero, a mí, esta visión me ayuda a relativizar. A relajar mi angustia. Cuando sientas que la realidad te supera, abre las alas de tu mente y, ¡vuela!

(Foto: flamencos sobrevolando el Delta del Ebro)

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Publicado en Escritura Historia real Naturaleza

4 comentarios

  1. Eugeni Eugeni

    Volvemos…con los pies en el suelo

    • Virginia Virginia

      Los pies en el suelo, las manos tendidas y el corazón abierto. Gracias Eugeni.

  2. Carme Carme

    Ohh que xulo! Jo ho feia molt, allunyar-me memtalment i mirar amb perspectiva. Tot es relativitza eh? Ho tornaré a practicar!Gràcies!Abraçad aamb les ales obertes!

    • Virginia Virginia

      Merci Carme per animar-te a comentar! Em temo que sí, que al final tot (o gaire bé tot) es pot relativitzar. No hem de perdre la perspectiva, la noció del que és realment important. Abraçada alada!

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