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Hilos invisibles

Dicen que cada persona que nos cruzamos en el camino trae una enseñanza consigo. También que, de algún modo, entramos en su vida por alguna razón. No sé si esto es cierto pero, lo que sí sé con certeza, es que vivimos conectados por hilos invisibles cuyo significado no siempre adivinamos.

En mi caso, recuerdo uno en especial. Por ser triple. Hace bastantes años, pasé una semana en el lugar de veraneo de mis primas. Me sentí bastante incómoda durante aquellos días, rodeada de una pijotería y superficialidad digna de caricatura. Por entonces yo estudiaba y vivía en Bruselas, así que para aquella gente yo era como una extraterrestre a la que preferían ignorar. Pero, toda regla tiene su excepción. En este caso, Alejandra. La recuerdo porque fue la única que no me miró por encima del hombro. Incluso me confesó miedos que dudo compartiera con nadie de allí. Ya se sabe, a veces nos es más fácil hablar con una persona desconocida. La recuerdo triste. Su madre, que se había separado de su padre, había rehecho su vida con un hombre francés. Iban a casarse en breve y, para colmo, era viudo y tenía dos hijas y un hijo. Un infierno.

Años después, supe de ella. Por esas extrañas casualidades de la vida resultó que iba al instituto con una de mis amigas de infancia. Tuvieron que hacer un trabajo de clase juntas y Alejandra acudió a casa de mi amiga. Vio, en un estante de la habitación, un marco con una foto en la que me reconoció. Sorprendida, le preguntó de qué me conocía. Desde el parvulario, le contestó.

El tiempo pasó, todas crecimos y yo regresé a Barcelona. En uno de mis trabajos, compartía departamento con una chica francesa con la que enseguida hicimos buenas migas. En nuestro tiempo libre, me hablaba de su familia. Un viernes, estaba cabizbaja y suspiraba a menudo. Aquel fin de semana tenía una boda, la de su hermanastra. Por lo que me contaba, era muy distinta a ella. Opuestas diría. El lunes siguiente, me mostró la foto de la novia. ¡Era Alejandra! Se la veía feliz, por fin.

La vida me ha regalado más casualidades de este tipo. Bastantes. Imagino que a ti también. No deja de ser curioso. Enigmático. Y la muestra de que las personas estamos conectadas. Por eso es importante tratarnos bien. Respetarnos. Aunque no pensemos igual. Aunque nos hayan hecho daño. No es fácil, admitámoslo. A veces desearíamos agarrar ese hilo y usarlo para estrangular a alguien. Pero, cuando me tropiezo con estas casualidades, siempre me pregunto cuál será el motivo. Y me gusta imaginar que, de algún modo, la vida siempre se encargará de mostrarnos que todo es un ir y venir de personas. Un caminar conjunto. Ni mejor ni peor. Simplemente distinto.

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Publicado en Historia real Mujeres

6 comentarios

  1. Tita Tita

    Muy REAL MUY ACERTADO EN ESTE MOMENTO DE INCERTIDUMBRE.
    GRACIAS

    • Virginia Virginia

      Gracias por tu comentario y, sobre todo, por dedicarme una parte de tu tiempo. ¡Un abrazo!

      • Virginia Virginia

        ¡Muchas gracias!

  2. Gloria Gloria

    Querida amiga:

    Me ha encantado tu escrito de hoy. Me llaman mucho la atención esos hilos invisibles. Siempre que conozco a alguien con quien siento una conexión especial me pregunto si entre la red de relaciones de cada una, no habrá una intersección común. ¿Podría ser, por ejemplo, que nuestros padres se hubieran conocido? ¿Es posible que, sin saberlo, tengamos en común a alguna persona de nuestras familias? Me imagino estas cosas, como si fuera imposible que la conexión entre nosotras no tuviera un antecedente, o algo así.

    Lo que está claro, en nuestro caso, es que existe un hilo invisible que nos une. Me alegra saber que ese hilo está ahí e, independientemente de si hay algún otro nudo común, es maravilloso sentir que, si tiro del hilo, al otro lado estarás tú siempre.

    Brindo por ese hilo que nos une y que tan feliz me hace.

    Que tengas un buen día, bonita.

    Gracias por tus escritos y por tu mirada del mundo y de la vida.

    • Virginia Virginia

      Querida Gloria,
      tus palabras me emocionan, también yo brindo por ese hilo que nos une y por ese «es maravilloso sentir que, si tiro del hilo, al otro lado estarás tú siempre». Te quiero, Amiga.

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