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La música al poder

«Music is what feelings sound like». Georgia Cates

Hay canciones que te atrapan. Incluso cuando no hablas el idioma en que se canta. Porque, ¡no es necesario entender la letra! Las notas musicales, el ritmo, te cautivan. Y la canción se queda en tu interior, ocupándolo todo. Sonando una y otra vez como un discode vinilo rallado.

Otras canciones tienen el poder de levantarte y ponerte en movimiento. Incluso en un mal día. Entras en una especie de trance en el que solo existís la música y tú. Nada más. Es un estado de embriaguez total. ¡Qué bien sienta! No en vano, la música se utiliza con fines terapéuticos.

Como cinéfila que soy, se me ocurren varios ejemplos cinematográficos de estos estados de exaltación. ¡Son inolvidables!

Begin Again. Narra una historia de rescate emocional. Sus dos protagonistas, a los que dan vida unos maravillosos Keira Knightley y Mark Ruffalo, están viviendo un momento vital muy bajo. Desesperado. Ella es compositora y él productor de discos. Juntos se acompañan, se ayudan y superan el dolor, ¡creando música! La banda sonora es espectacular y la escena en la que el productor visualiza lo que pueden llegar a hacer juntos, ¡es brutal!

Billy Elliot. Cuenta la historia de un niño que quiere ser bailarín de ballet. Solo hay un problema: su padre y su hermano consideran que bailar es cosa de «nenazas». Billy lucha con todas sus fuerzas y les demuestra de lo que es capaz. Con rabia, con valentía. Al niño lo interpreta con maestría Jamie Bell y no hay escena en la que no te ponga la piel de gallina.

El Piano. Brutal historia de una pianista muda que se expresa tocando las teclas de su piano. Extraordinario y otra muestra más del poder comunicativo de la música, ¡sin necesidad de pronunciar palabra alguna!

In & Out. Su protagonista, interpretado por un sublime Kevin Kline, intenta luchar con todas sus fuerzas contra sus ganas de bailar. ¿Por qué? Pues porque el baile no se considera una característica de masculinidad. ¡Toma ya! La cuestión es que, en su cadena de música, suena la canción I will survive, de Gloria Gaynor. Poco a poco, su cuerpo se rebela y baila, ¡sin parar!

Sí, la música es inmensa. Te sumerge en un mundo difícil de ignorar, plagado de todo tipo de instrumentos, voces, melodías y letras. Aunque no te sepas la letra de una canción, si te gusta tus labios intentarán reproducirla. Aunque no sepas bailar, te moverás. Aunque tu capacidad auditiva sea escasa, tu cuerpo sentirá las vibraciones y será invadido por el ritmo. En casa, en el coche, en una tienda, en el cine. Poco importa el lugar. El resultado es siempre el mismo: dejas que te embargue la alegría y te entregas al momento. Sientes que todo es posible. ¡Que todo irá bien!

La música es pura magia que tiene además otra cualidad digna de admirar: es universal. Cuando una canción conquista, no existen ni fronteras ni banderas que separan y enfrentan. Es lo que está sucediendo ahora con Jerusalema, de los artistas sudafricanos Master KG y Nomcebo Zikode. El idioma de la canción es el venda, lengua cooficial de Sudáfrica. Yo no entiendo nada pero es pegadiza y la tengo grabada sin remedio. ¡Para qué! no soy la única víctima. Hay miles, ¡millones! Tiene una coreografía que se está siguiendo en todo el mundo. Pero, no solo eso. Se ha convertido en una especie de símbolo de lucha contra la pandemia. La bailan médicos, enfermeras, bomberos, ¡y hasta curas y monjas! YouTube está plagado de vídeos de gente distinta moviéndose a su ritmo. Y, aun hay más. Esta canción también la bailan niños y niñas de un orfanato situado en Uganda, Masaka Kids Africana. Existe un vídeo que cuenta ya con más de un millón de visualizaciones. ¡Casi nada! Ha corrido como la pólvora por las redes sociales. No solo por el ritmo pegadizo o por la seductora voz de Nomcebo. No. Triunfa por la alegría que transmiten los tres bailarines. A pesar de que tienen una vida difícil. Muy difícil. Extrema. Una vida que depende de las donaciones que recibe el orfanato para la compra de comida, ropa, libros y material escolar. Si quieres saber más sobre ellos, lee este artículo. Pero, volviendo al vídeo, míralo, observa el brillo en los ojos de los tres niños. Su sonrisa.

Solo lo imposible no se consigue con música. Así que, si estás triste, si te pesa la realidad, elige una canción que te motive, dale al play y déjate llevar. Vive el presente. Siéntelo. ¡Baila!

«Thank you for the music, the songs I’m singing. Thanks for all the joy they’re bringing. Who can live without it, I ask in all honesty. What would life be. Without a song or a dance what are we».

Fragmento de la canción Thank you for the music, de Abba

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Publicado en Escritura Historia real

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