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Defender la alegría del Montseny

El pasado 18 de octubre se celebró el Día Mundial de la Protección de la Naturaleza. Nuestro planeta es hermoso. Lo sabemos. Lo comprobamos cada vez que nos permitimos visitar un espacio natural. Cada vez que abandonamos el asfalto y el aire sucio que respiramos. Con lo del aire no exagero, puedes comprobarlo aquí. Huimos del gris para adentrarnos en un lugar rico en fauna y flora. En oxígeno.

Sin embargo, rara vez somos conscientes de que ese espacio natural está habitado por seres vegetales y animales. De estos últimos se habla poco. Pero, sin duda alguna, todo espacio natural es la casa de la fauna silvestre. Su hogar. Miles de especies animales comparten territorio. Unas lo viven de día. Otras, de noche. Del territorio depende su cobijo, alimentación, interacción y reproducción. La naturaleza tiene sus reglas y sus tiempos. Su equilibrio. Hasta que…

Hasta que llega el ser humano y se lo carga. Quiero pensar que por desconocimiento. Por ignorancia. Aunque, hoy en día, disponemos de tal cantidad de información sobre nuestro entorno, que resulta difícil aceptar como excusa o justificación un «no lo sabía». Lo que se aplica en el mundo del Derecho, se aplica también en la Naturaleza. Tienes manera de informarte, así que, ¡no cuela!

El Parque Natural del Montseny es una de las víctimas de la torpeza humana. Últimamente es noticia en distintos medios de comunicación. Por la masificación que está padeciendo. El incivismo. El continuado expolio. Ahora, que es otoño, miles de personas se pasean por el Montseny en busca de setas, castañas y madroños. Regresan a sus casas con cestas cargadas de frutos. De frutos que deberían quedarse en la montaña para alimentar a los animales durante el invierno. Esa estación fría del año en la que tanto les cuesta encontrar comida fresca. Más cuando unos seres bípedos se la han arrebatado casi toda. Porque eso es lo que hacemos. Les robamos.

De pronto, el Montseny es noticia. ¡Y de las malas! La gente está sorprendida con la imagen de carreteras colapsadas de vehículos, por las que no podría pasar ni una ambulancia en caso de que hiciera falta. La gente se lleva las manos a la cabeza cuando se enteran de que hasta hay enfrentamientos de algunos visitantes con guardas forestales que, en el ejercicio de su trabajo, asisten impotentes a un espectáculo esperpéntico. La verdad, ¡da miedo!

Esto no es algo nuevo. Entidades como la Coordinadora per a la Salvaguarda del Montseny llevan años denunciando este descontrol. Pero, tras el susto inicial ante los altos níveles de egoísmo y monstruosidad al que puede llegar el ser humano, poco cambia. El Covid-19 no tiene culpa de esto. Si acaso, solo en que ahora visitamos lugares más cercanos a nuestra casa en lugar de subirnos a un avión y perdernos durante el fin de semana por alguna ciudad europea. Ojalá la pandemia hubiera supuesto un cambio de conciencia hacia la Naturaleza. Un aprender a cuidarla y respetarla. Un entender que de su buena salud depende la nuestra. ¡Ojalá! Porque, al fin y al cabo, el virus este que tanto nos agobia es culpa nuestra. Lo es. Pero, del mismo modo que somos el problema, podemos ser la solución. Si queremos, claro. Al fin y al cabo solo está en juego la supervivencia del planeta. ¡Nuestra supervivencia!

La administración tiene mucha culpa de lo que ha sucedido con cada vez más frecuencia. La cosa ha tenido que llegar a niveles realmente alarmantes para que tome cartas en el asunto. Por fin parece haberse tomado en serio la necesaria regulación del tráfico rodado. Estableciendo una cuota máxima. Por lo visto, cerrará el Parque Natural del Montseny a aquellos visitantes que lleguen en coche cuando las plazas de aparcamiento dentro del espacio natural estén llenas. Esperemos que funcione.

No obstante, no nos engañemos. Hace falta tomar otras medidas más valientes y decididas que protejan de verdad el Montseny. No solo puntualmente. Y, cuando hablo del Montseny, no me refiero a un concepto abstracto compuesto solo por bellos paisajes con los que olvidarse del caos urbano. No, me refiero a su fauna. A esos animales que mueren atropellados en la carretera y de los que nunca se habla. A aquellos que padecen enfermedades debidas a la contaminación de los vehículos y a patógenos que llevamos encima. A aquellos que sufren estrés por el ruido que les regalamos, porque parece que no somos capaces de pasear con tranquilidad. Hay que gritar, darle gas a la moto para presumir de la potencia de su motor. Hablo también de aquellos animales que son perseguidos para conseguir una foto que colgar en nuestras redes sociales. Peor, de aquellos que, como los renacuajos, son secuestrados de sus hábitats para que nuestros niños puedan ver cómo crecen.

Todos estos animales son invisibilizados. También por los medios de comunicación. Puedes comprobarlo en las distintas noticias publicadas en las últimas semanas. No hay nada. No están. ¡No existen! A pesar de lo fundamentales que son para el mantenimiento del ecosistema. De la biodiversidad. Eso que provoca la belleza que tanto nos gusta contemplar.

Las Mongrafies del Montseny, de la Associació d’Amics del Montseny, es una publicación anual que lleva 35 años divulgando la historia del macizo, así como promoviendo su estima y respeto. Desde sus inicios, han colaborado en esta tarea 324 autores con 591 artículos. Este año, he tenido el honor de poder colaborar, con el artículo Salvar la fauna del Montseny de la hiperfreqüentació. Me siento agradecida por haber podido participar en un libro de referencia para los amantes del Montseny. Este es mi granito de arena en una lucha compartida con muchas personas que llevan años, sino décadas, intentando defender la fauna y flora del Montseny. Intentando defender su alegría. Porque, al fin y al cabo, se trata de eso. De defender aquello que nos alegra. La vista. El olfato. El alma.

Los expertos estiman que existe una relación directa entre la merma de la biodiversidad, debida esencialmente a las actividades humanas, y la propagación de patologías mortíferas como la COVID-19. En su opinión, la única forma de impedir que este tipo de nuevas enfermedades nos aniquilen consiste en preservar a toda costa los ecosistemas y la diversidad biológica.

John Vidal

Foto: Amics del Montseny

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Publicado en Compromiso Historia real Naturaleza

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