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No un cultivo cualquiera

Hace tiempo, una gran amiga me contó algo que me dejó estupefacta. Resulta que, cuando se fue a vivir a Barcelona, saludaba a todas las personas con las que se cruzaba. En la calle, en el supermercado, en el metro, en el cine, en la farmacia. ¡En todas partes! Sonreía, las miraba a los ojos y les deseaba los buenos días. Para su sorpresa, la gente no solo no le respondía, sino que la miraba extrañada, como si aquella mujer no estuviera bien de la cabeza. Ella, que es de Sant Sadurní d’Anoia, enseguida comprendió que en la ciudad condal las relaciones humanas no eran demasiado cordiales. Quizá porque en una gran ciudad conviven un montón de personas anónimas que no se conocen, así que, ¡qué mas da ser borde!

Cuando mi amiga me contó esta historia del saludo me partí de la risa. ¿Hablarle a gente desconocida? ¡A quién se le ocurre!, le dije. Yo era una de esas personas que caminaban sin mirar al prójimo, concentrada en mis asuntos. ¡Tan importantes! Por desgracia, el «yo a mi bola» suele ser la regla general. El momento álgido del tema se produce en horas punta, donde gobierna el estrés. Un ejemplo: la puerta de entrada y salida del vagón del metro. Los que quieren salir tienen que sortear a quienes quieren entrar. La gente choca, se pisa, se increpa. Pero, no por eso se detiene ni tampoco se disculpa. ¡Hay prisa! Otro ejemplo: la carretera, donde casi nadie cede el paso a aquellos vehículos que quieren incorporarse a un carril. ¡No hay manera!

Volviendo a la historia del saludo a gente desconocida, al final mi amiga desistió. Una pena porque, si lo piensas, deberíamos actuar como ella lo hacía. Con respeto. Sin duda, el mundo sería un lugar mejor. Más agradable. No se trata de llevar una vida de santidad, sino de sacarnos brillo. De ser mejores personas. Quizá conozcas la leyenda de los dos lobos, de los indios Cherokee. Cuenta que cada persona alberga en su interior una reñida batalla entre dos lobos. El primero representa lindezas como la ira, la envidia, el miedo, la avaricia, la arrogancia, el resentimiento, las mentiras, el falso orgullo, la superioridad y el ego. El otro, encarna la alegría, la paz, el amor, la esperanza, la generosidad, la serenidad, la humildad, la amabilidad, la benevolencia, la amistad, la verdad. Los dos lobos se retan con la mirada, se enseñan los dientes y se enzarzan en una lucha implacable. ¿Quién gana? ¡El que tú alimentes! Dime, ¿a cuál alimentas más?

Hoy, 13 de noviembre, es el Día Mundial de la Amabilidad. El hecho de que exista un día dedicado a este valor social ya es bastante significativo de lo necesitado que está el mundo de él. ¡Un montón! La amabilidad se basa en el respeto y el afecto en nuestra forma de relacionarnos con los demás. Amable es una persona cariñosa, afectuosa, agradable, gentil, graciosa, risueña. En definitiva, digna de ser amada.

Ahora que el mundo está patas arriba, es importante reflexionar sobre qué tipo de vida queremos. Nunca antes nos lo habíamos tenido que plantear demasiado. Existían unas reglas de juego y las seguíamos. Por inercia, por pereza, por cobardía. Pero, ahora, todas las piezas del rompecabezas han saltado por los aires. Ha llegado el momento de que nos miremos al espejo y nos enfrentemos a nuestro reflejo. Debemos reflexionar sobre nuestro papel en el mundo y actuar en consecuencia. No me refiero a grandes acciones, inalcanzables para el común de los mortales. Te hablo de lo que sí está en tu mano, aquí y ahora. A esas pequeñas acciones que cambian la vida cotidiana. La tuya y la de los que te rodean. Son detalles que no tienen nada de insignificante: ceder el paso, pedir por favor, dar las gracias, disculparse, pedir permiso, desear unos buenos días, unas buenas noches.

En definitiva, se trata de ser amable con todo el mundo, no solo con la gente que te importa. De ti depende. Habrá días en los que te resulte sencillo, porque estarás de buen humor. Por el contrario, habrá otros en los que algo te sacará de tus casillas y tendrás un momento de debilidad. No te lo voy a negar, cuando recibo la enésima llamada de teléfono de un comercial a las diez de la noche, ¡desearía estrangularlo! Por supuesto, me reprimo. Para eso está la imaginación. ¡La tengo muy desarrollada! Y luego están aquellos días en los que lo último que te apetecerá será ser gentil con los demás, porque estarás a malas con el mundo. Aunque la mayoría de la gente que te rodea no tenga culpa alguna de lo que te ha sucedido, de algún modo le salpicará. Evítalo. Todos tenemos temas que nos agobian. ¡Todos! Aunque a ti te parezca que lo tuyo es peor, eso no justifica falta de respeto alguna al prójimo.

Recuerda ser también amable contigo misma/o. De hecho, tú eres la primera persona con la que debes ser amable. Debes cuidarte, por dentro y por fuera. Mimarte. Quererte. Solo así serás capaz de cuidar de los demás. Si te cuesta, busca ayuda.

¿Quieres cambiar el mundo? Hoy, mañana y siempre, ¡cultiva la amabilidad!

 

«Un grano no hace granero pero ayuda a su compañero». Refrán popular

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Publicado en Compromiso Historia real

5 comentarios

  1. Eugeni Eugeni

    Me ha encantado la leyenda de los dos lobos…cuidate..y cuidemosnos

  2. Patricia Patricia

    La verdad es que cuesta tan poco ser amable, yo le doy los buenos días al conductor del bus, al de seguridad al entrar al edificio dónde trabajo, a los de la limpieza…a mis compañeros al principio les sorprendía y extrañaba pero no por eso he dejado de hacerlo. Te sientes bien contigo mismo y al mismo tiempo notas sus mejores deseos también hacia ti. Sería maravilloso tratarnos todos con respeto y amor. Gracias por el post de hoy. Es un gran día para celebrar.

  3. Pilar Pilar

    El mundo sería mejor si tod@s nos saludaramos con una sonrisa. Pero como ahora no se dejan ver..hemos de aprender el lenguaje de la mirada!! Cada vez se lo ponemos mas dificil a aquellos que no saben lo importante que es cultivar la amabilidad para su alma. Totalmente de acuerdo, Virginia! Un abrazo!

  4. La amabilidad no solo repercute en los demás, sino en una misma. Ir por la calle con una sonrisa te hace sentir bien y si tu estado no es el más favorable puede llegar a revertirlo. Gracias por el post. Nos recuerda algo esencial para el bienestar, social y personal.

  5. jose soler jose soler

    En lo que a mí respecta y como barcelonés, intentaré que la Ciudad Condal sea también la Ciudad Cordial.

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