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Defiende tu hogar

Hace una semana la actriz y escritora Nuria Gago colgaba en su cuenta de Instagram una fotografía de su sala de estar. La acompañaba con el texto «Desde hace meses mi casa es más que mi casa. Es nido. Es refugio. Más que nunca es hogar.» ¡Precioso! Qué importante es tener un hogar. Un lugar en el que ser con tranquilidad. Con libertad. Sin miedo, sin amenazas. En el que poder desahogarse en la intimidad.

No bastan cuatro paredes y un techo para definir un hogar. ¡Cuánta gente vive atemorizada sin que nadie la vea! Sin que nadie oiga su llanto. Sin que nadie que sí lo escuche haga algo al respecto. Hay muchos domicilios que son auténticos infiernos porque cobijan a monstruos que maltratan a mujeres, a niños, a animales no humanos. Son seres que deberían ser desechados a algún planeta inhabitable. ¿La basura no se saca de casa? Pues lo mismo con la basura humana, ¡bien lejos!

Tampoco la calle es un hogar. Por desgracia, está llena de personas sin un techo que las proteja. Que las libere de la maldita mascarilla pandémica. Padecen el sinhogarismo, palabra que la fundación Hogar Sí quiere que la RAE incluya en el diccionario. Quiere que se deje de culpabilizar a las víctimas y que se reconozca que dicho fenómeno se debe a un problema estructural. No a algo individual. ¡Bravo! Tiene razón porque, más que un problema, el sinhogarismo es un horror. En España hay más de 33.000 personas que viven en la calle, a la intemperie. Seguro que te habrás cruzado con alguna. Con varias. Tienen una esperanza de vida 30 años menor que la media española. ¡Casi nada! El 44% lleva en esa situación más de tres años y, casi la mitad, ha sufrido un delito de odio. ¡Uf! Hay más. Es frecuente que las personas sin hogar mueran de frío cuando llega el invierno. En Barcelona, por ejemplo, han muerto dos de hipotermia durante el temporal Filomena. Es increíble, ¿verdad? En pleno siglo XXI, hay gente que muere en las calles de una de las ciudades más importantes de Europa. ¡Es inadmisible!

Por fortuna, hay organizaciones que ayudan a las personas sin techo, que pelean por sus derechos. Además de la ya mencionada, está la Fundació Arrels, que acompaña y orienta a las personas sin hogar que viven en las calles de Barcelona. Más de 4.200, de las que 1.239 duermen en la calle. También es importante la labor realizada por FAADA, que con la campaña #mejoresamigos intenta que las personas sin techo puedan acceder con sus perros a alberges públicos y privados, a centros asistenciales, comedores, centros de día, etc. Si tu familia está formada por seres de distintas especies, imagino que comprenderás el fuerte vínculo emocional que se establece entre todos sus miembros. Ahora piensa en los sin techo, en que el único afecto que reciben proviene de sus amigos peludos. Si los separan, ¿qué les queda?

Tener un hogar es un privilegio. Una suerte inmensa. ¡Celébralo! Para sentirte en casa no necesitas una mansión con piscina, jacuzzi o vistas al mar, ni tampoco gastarte mucho dinero en decoración. Lo que de verdad es imprescindible es que le des calidez a tu espacio. La que tú halles rodeándote de lo que te haga sentir bien. Aquello que, en tus días difíciles, tristes o malhumorados, te aporte paz. Lo que te acaricie el corazón. El alma. Después de haber vivido el confinamiento, alguna pista tendrás.

No sé tú, pero yo he tenido distintos domicilios y, en todos ellos, he repetido la misma fórmula. La mía. Además de a mi familia interespecie, necesito seis ingredientes irrenunciables: colores, un sofá, una librería, plantas, fotografías y luz tenue. ¿Colores? ¡Sí! No concibo una decoración de revista, seria y aburrida. Me gusta sentir que vivo en un arcoíris. ¡Me da alegría! Tampoco imagino una estancia sin un sofá en el que conversar, leer, escribir, mirar la tele y hasta cenar. Bueno, y también en el que ver dormir a mi amiga peluda en posturas imposibles, así como en el que hacer manitas con mi pareja (y otras cosas). Me resultan fundamentales unos estantes con libros ya leídos y otros cargados de promesas, así como tener plantas de distintos tamaños, y un ejército de pequeños marcos de madera que me acerquen a mi gente querida. Y, como no puede ser de otro modo, huyo de la luz blanca que todo lo enfría. Salvo para leer, claro. Ahí necesito toda la claridad posible para contrarrestar mi avanzada miopía. ¡Una ya tiene una edad!

Imagino que coincidiremos en algunas cosas y en otras no. Para gustos, ¡colores! En cualquier caso, construye tu hogar desde el corazón, ¡y cuídalo! Te arropará en los días grises.

«Para mí cualquier lugar es mi casa si eres tú quien abre la puerta.»

Elvira Sastre

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Publicado en Escritura Historia real

5 comentarios

  1. Carme Portas Carme Portas

    Aiix que maco tot el que escrius!!😘😘

    • Tita Tita

      Que relato mas CALIDO!!!!però un pelin
      IDEAL, No?
      La convivència es Difícil, y a veces no estampa en la misma SINTONIA No?
      De todos modos MIL GRACIAS tus relatos són

    • Virginia Virginia

      La belleza está en los ojos de quien la mira, Carme. 😉 Merci pel teu carinyós comentari!!!

  2. Tita Tita

    Tus relatos són placenteros

    • Virginia Virginia

      Gracias por leerlos y comentarlos, Tita.

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