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Tu amigo el árbol

Hay que ver la que ha liado el temporal Filomena. El primer día, la gente enloqueció de alegría ante tanta nieve. Da gusto ver las imágenes en las que montones de personas recuperan la ilusión de la niñez. Se ven risas, batallas campales con bolas certeras, inmersiones en la nieve, trineos improvisados, esculturas artísticas. Después, las cosas se han complicado un poco. Bastante. Y han provocado daños importantes. Incluso muertes. No solo humanas. ¡Una lástima! Entre otras víctimas, ha habido centenares de árboles. Sus ramas se han partido porque no han podido soportar el peso de la nieve. Esto, además de ser un impacto visual, tiene un efecto medioambiental importante para las ciudades. Los árboles limpian el aire que respiramos, ¡los necesitamos!

Hay más. ¿Has oído hablar de los baños de bosque? Ahora están muy de moda aunque, en realidad, esta práctica se remonta a los años ochenta. Empezó en Japón y pronto se extendió a China y a Corea del Sur. Desde entonces no ha dejado de cosechar adeptos e, incluso, se han elaborado distintos estudios sobre la cuestión. Hay uno titulado Baños de bosque, una propuesta de salud que examina a conciencia el tema. ¡Tiene casi cien páginas! Afirma que dar un paseo por el bosque tiene efectos muy beneficiosos: mejora la glucosa en sangre, reduce la concentración de hemoglobina, disminuye las hormonas del estrés y aumenta las células natural killer, que son importantes en la lucha contra las infecciones y el cáncer. Además, caminar entre árboles produce efectos psicológicos positivos: aumenta la sensación de bienestar y la vitalidad; reduce la ansiedad, el estrés, la ira y la agresividad; se combate el insomnio; aumenta la capacidad memorística y la atención. Todo indica que estos buenos resultados se deben, en su mayoría, a los compuestos orgánicos volátiles que emiten los árboles, los arbustos y las plantas. Ya ves, por el aire no solo viajan virus, ¡también sustancias que benefician a tu salud! ¿Qué te parece?

Existen infinidad de leyendas alrededor de los árboles. En múltiples culturas se habla de que los habitan espíritus. La mitología grecolatina, por ejemplo, decía que los bosques estaban habitados por ninfas, que diferían según la especie de árbol. En el roble vivían las dríadas; en el nogal, las cariátides; en el fresno, las melíades, ¡y así un largo etcétera! También se dice, desde tiempos inmemoriales, que en los bosques habitan otros seres fantásticos y prodigiosos. Por ejemplo, el popularizado Basajaún, gracias a la Trilogía del Baztán, de Dolores Redondo. Y qué me dices de los gnomos, los pitufos o los trolls. ¡El bosque es un lugar mágico!

Son pocas las culturas que hoy en día veneran al árbol. ¿Sabías que los indios hidatsa de Norteamérica solo utilizaban la madera de los árboles caídos de forma natural? En otras culturas incluso era algo habitual pedirle perdón al árbol antes de talarlo. Existían diversos rituales y formas, pero siempre se repetían tres constantes: se le avisaba de que iba a ser talado, para que los espíritus que lo habitaban pudieran mudarse a otro árbol; se le hacían ofrendas; se imponían penitencias por el mal infligido. Me pregunto cuántos taladores actuales le mostrarán así su respeto al árbol antes de poner en marcha sus motosierras. ¡Creo que puedo adivinar la respuesta!

Siempre me han gustado los árboles. Más desde que sé que existe la amistad arbórea. Tienen una presencia que impone respeto. Están tan quietos, tan erguidos. ¡Parecen tan inmutables! ¿Alguna vez has abrazado alguno? Yo sí. Es una experiencia única. El árbol no se mueve ni te arropa con sus ramas, pero ve cómo lo rodeas con tus brazos. Lo siente. Si guardas silencio, cierras los ojos y te das tiempo, notarás algo. No sabría definirlo, pero es una sensación maravillosa. Es un «sé que estás ahí». ¡Ojo! El abrazo arbóreo comporta riesgos. Como el árbol es un ser habitado, un pájaro posado en una de sus ramas puede obsequiarte con un regalo inesperado, o un insecto puede confundirte con la corteza y desplazarse por tu cuerpo. Cuidado también con la estación del año que elijas, porque si practicas el abrazo en otoño con un castaño, su fruto puede hacer diana en tu cabeza. Si, en cambio, lo haces en verano y se trata de una higuera, cuidado con molestar a las avispas que estén degustando la madurez de sus frutos. ¡Pican!

En realidad, no hace falta estar en un bosque para sentir la energía que desprenden los árboles. Nos rodean. Aunque vivas en una ciudad gris, seguro que tienes algún árbol cerca. Los hay en muchos lugares. En la acera, en una rotonda, en un parque, ¡hasta en un centro comercial! Es muy probable que tengas alguno preferido. Ése en el que te fijas siempre.

En mi vida hay unos cuantos árboles especiales. Un sauce llorón, del que lucía un hermoso ejemplar en el jardín de la casa de veraneo de mis abuelos. ¡Bendita sombra! Un roble americano, que es muy visitado en septiembre por una ardilla adicta a sus bellotas. Las hayas, que visten de preciosos colores el Montseny durante el otoño. Un abedul, por el que trepaba cuando era pequeña (y sigo trepando a veces). Los castaños que forman arcos en una hermosa avenida bruselense. El ginkgo biloba, cuyo color amarillo me da ganas de gritar de alegría. Los plátanos, árbol estrella de Barcelona y que cubren de hojas las aceras en verano, cuando pasan sed, o en otoño, con la llegada del frío. Los tilos de Rambla de Catalunya, que en primavera embriagan con su fragancia. Los pinos de la Costa Brava, que salpican de verde la roca rojiza. Las palmeras de la playa, que piden sol y calor. Los olivos de Jaén, cuyo aceite es delicioso. Las higueras, cuyos frutos huelen a vacaciones de verano. Un drago, que me llevé de Tenerife y que crece en una maceta de mi terraza. Un ombú, que me embelesaba durante mis paseos montevideanos. En definitiva, ¡mi vida está llena de árboles! Imagino que la tuya también. Seguro que tienes alguna anécdota inolvidable con un árbol amigo, una que te hace sonreír. En el mejor de los casos, ¡varias!

Vivimos tiempos complicados y sorprendentes. Regálate baños de bosque o abrazos arbóreos. ¡Te sentirás mejor!

«El árbol que se yergue en el patio de mi taller: éste es mi maestro.» Antoni Gaudí

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Publicado en Historia real Naturaleza

2 comentarios

  1. Tita Tita

    De pequeña jugaba a papas y a mamás y mi casa SIEMPRE estaba en un higuera con sus habitaciones , sentada en el primer piso ERA FELIZ? era un pueblo del baix Llobregat nada RIMBONBANTE pero …. que Expriencia MAS BONITA el parking de mi bici estaba en su
    gruesa estructura . FENOMENAL

    Gracias Virginia por RECORDARMELO

    • Virginia Virginia

      Gracias a ti por compartir tan grato recuerdo.

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