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Planeta sonoro

Vivimos rodeados de una mezcla de sonidos confusos, sin ritmo ni armonía. Motores, cláxones, sirenas, chillidos, petardos, pitidos, taladros, etc. Puro ruido que impacta sobre nuestro bienestar, nuestra salud. Con el fin de concienciar sobre este tema, el último miércoles de abril se celebra, desde hace veinticinco años, el Día internacional de concienciación sobre el ruido. Fue antes de ayer.

En la actualidad, muchas personas valoran el silencio. Al menos, más que antes. La pandemia nos abocó a un confinamiento que duró semanas, y que borró el ruido de la calle. Ni se oían gritos ni frenazos ni tubos de escape ni portazos. No se oía prácticamente nada que no fueran pájaros cantar. Una lástima que, en cuanto hemos tenido ocasión, hayamos tardado poco en recuperar el fuerte volumen callejero. En dejar nuestra huella acústica en el entorno. En abrazar el estrés. La cosa empeorará cuando la pandemia remita. Hay quien dice que, habrá tal explosión de energía contenida, que viviremos otros locos años veinte. Habrá que irse mentalizando.

Por fortuna, hay sonidos que nos resultan agradables. Relajantes. Reconfortantes. La lluvia caer, la voz de un ser querido, las pisadas en la nieve, las olas rompiendo en la playa, el canto de los pájaros. Existe gran variedad de música que incorpora sonidos de la naturaleza, y que se utiliza para meditar, dormir, leer. O, simplemente, para estar en calma. La más valorada parece ser la que vibra a la frecuencia del universo porque, por lo visto, la naturaleza vibra a 432 hertzios. Las estrellas, nuestros cuerpos, los planetas, el ADN. Todo vibra 432 veces por segundo. Parece que, si escuchamos música sincronizada con dicho ritmo natural, se obtiene paz mental y emocional. ¡Se le atribuyen incluso cualidades místicas! ¿Dónde hay que firmar?

A lo largo de la historia de la música los instrumentos se han afinado a distintas frecuencias que, no sólo variaban en función del lugar o de la época, sino que incluso podían ser distintos en una misma ciudad. En el caso de la música clásica, son muchas las obras que fueron compuestas a 432 Hz. Giuseppe Verdi, por ejemplo, afirmaba que el tema de la frecuencia no era un asunto arbitrario o de elección personal, sino que correspondía a valores universales. Mozart fue otro ferviente defensor de la frecuencia de 432 Hz. Quizá por esto se considera que escuchar a este genio contribuye al desarrollo de la inteligencia, de la armonía interna de la persona y al aumento de la percepción extrasensorial.

Con la popularización de las orquestas instrumentales, surgió la necesidad de estandarizar los niveles de afinación. Fue así como, en 1955, la Organización Internacional de Estandarización estableció que debía utilizarse la afinación de LA440hz. Por qué se escogió dicha frecuencia y no otra es un misterio, aunque existen todo tipo de teorías conspiratorias al respecto. Hay quien afirma que detrás están los nazis que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial, porque buscan manipularnos a través del desorden interno que provoca escuchar música a una frecuencia distinta a la del universo. Viendo cómo va el mundo, ¡quién sabe!

Como el ser humano es de naturaleza rebelde, hay quienes han ignorado esa estandarización y han compuesto canciones a 432 Hz. Algunos son músicos o grupos muy conocidos: Phil Collins, Queen, Pink Floyd, Madonna, Michael Jackson, Abba, etc. En Spotify encontrarás la playlist 432 Hz famous songs. Ojo, que algunos importantes productores musicales y DJs de Ibiza también se han sumado al carro.

En cualquier caso, parece que queda claro que los sonidos de la naturaleza nos aportan calma y calorcito al corazón. Si tu día a día transcurre en la ciudad, te animo a que, durante tu tiempo libre, busques parques, playas, prados, bosques o montañas por las que perderte (y que no estén masificadas de personas humanas). Camina en silencio y con las orejas bien abiertas. Empápate de lo que sucede a tu alrededor. Quizá te ayude a sentirte mejor. A reducir el estrés, la ansiedad. Intenta siempre elegir actividades que te aporten bienestar. Sonidos que sumen y no resten.

No hables a menos que puedas mejorar el silencio. Jorge Luis Borges

Foto: Delta del Ebro

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Publicado en Escritura Historia real Naturaleza

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