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A por tu luna de flores

Esta semana la ha protagonizado la Luna. Era llena, ha vivido un eclipse, se veía de color rojizo (se denomina «luna de sangre»), y parecía inmensa (por estar en el punto de su órbita más cercano a la Tierra). Pero además, esto ha sucedido en plena primavera, lo que se conoce como «luna de las flores». ¡No está mal! Aquí encontrarás algunas imágenes y explicaciones de este fenómeno, que ha provocado el disparo de miles de fotografías.

Qué bonita es la primavera. Es puro deleite, una explosión de vida que sucede ante nuestros ojos sin que tengamos que hacer nada, salvo mirar. Nacen hojas que crecen día a día, flores de todos los colores. Aparecen bichos que caminan, que vuelan, que saltan, que pican. Que polinizan flores y nos regalan frutos de infinidad de sabores. La primavera es, sin duda, una de las estaciones más deslumbrantes del año. Aunque, en realidad, cada estación tiene su encanto particular. El sol del verano, que invita a darse un baño y luego secarse al sol; los naranjas y rojos del otoño, acompañados de castañas, madroños, y setas; el frío del invierno, que nos engancha a una chimenea, estufa, o radiador y, si tenemos suerte, nos permite batallar con bolas de nieve.

No imagino una vida sin las cuatro estaciones del año. Sin ese constante redescubrimiento de la naturaleza, de sus formas, de su ritmo. Sin Vivaldi componiendo una de las obras de música clásica que más disfruto. Las cuatro estaciones climáticas nos recuerdan que la vida es cambio, perpetuo movimiento. La Luna, por ejemplo, no ha existido siempre. Es fruto de la colisión de un planeta con la Tierra, hace más de 4.500 millones de años. ¿Te imaginas un cielo solo con estrellas? ¿Sin esa esfera blanca que inspira a poetas, guía a marineros y despierta teorías conspiratorias sobre su cara oculta? Tampoco es fácil imaginar una vida sin estaciones, ¡pero la hay! El impacto de aquel planeta con la Tierra tuvo otro efecto importante: desvió su eje y generó un desequilibrio térmico, de tal modo que, en los extremos norte y sur, la radiación solar es mínima, y el año se divide en dos períodos de seis meses de duración, uno con luz y otro con oscuridad. En cambio, en las regiones ecuatoriales y tropicales, la radiación es máxima, y también existen solo dos estaciones, una seca y otra húmeda. Y en la latitud cero, las temperaturas a penas varían, y el sol sale y se pone casi a la misma hora cada día, y no hay ni anticiclones ni borrascas. Vamos, que allí los meteorólogos se mueren de aburrimiento. Las cuatro estaciones solo existen en unas zonas climáticas determinadas que, además, difieren según el hemisferio del planeta en el que estés porque, cuando es invierno en el hemisferio norte, es verano en el hemisferio sur, y viceversa. Lo experimenté durante mi estancia en Uruguay, ¡todo el mes de diciembre en manga corta!

Los que vivimos en una zona con cuatro estaciones, somos personas privilegiadas. Siempre tendremos presente que la vida no puede ser enjaulada, frenada. Que todo es un cambio continuo. El ser humano tiene tendencia a buscar la estabilidad, la permanencia. La anhela, se aferra a ella con todas sus fuerzas. Quizá necesite creer que puede estar al abrigo de acontecimientos que no puede controlar. Pero es inútil. La pandemia nos los está mostrando, vivimos en una incertidumbre total. Y, tarde o temprano, todo muere. La naturaleza nos muestra el ciclo de la vida, lo representa una y otra vez, año tras año. Pero vivimos distraídos, centrados en construir cimientos sólidos que nos anclen en el lado vivo de la existencia. Urge recordar, aceptar que algún día partiremos. Tenemos que empezar a vivir de verdad, tomar las riendas de nuestra existencia y perseguir nuestros sueños. Dejar de amargarnos con un trabajo que no nos gusta, o con una pareja que no nos ama, abandonar las malas decisiones y abrazar las buenas. Es imperativo ser valiente, celebrar la vida, buscar nuestra mejor versión. Deslumbrar como una luna llena, ¡como las flores en primavera!

No cuentes los días, haz que los días cuenten. Muhamed Alí.

Foto: grafiti de aiam maia en Passatge d’Elisabets, Barcelona.

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Publicado en Historia real Naturaleza

2 comentarios

    • Virginia Virginia

      A ti por leerme!

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