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Una vida en series

Hace unos días falleció Gavin MacLeod, el actor que interpretó al capitán Stubing en la serie Vacaciones en el mar. Le recuerdo con su gorra, su sonrisa, sus ojazos azules, y su brillante calva. ¿Quién no tiene metida en la cabeza la melodía con la que empezaba? Hubo series que nos marcaron de por vida, con unas tramas y unos personajes interpretados con tal maestría, que las convirtieron en míticas. No hubo mujer más malvada que Ángela Channing, en Falcon Crest, ni hombre más despiadado que J. R. Ewing, en Dallas. Quién no soñó con correr aventuras con Michael Knight y su Coche Fantástico, en tener los conocimientos científicos y la astucia de MacGyver, en vivir en una mansión en Hawái como Magnum, en bailar como los protagonistas de Fama, en resolver crímenes como Jessica Fletcher en Se ha escrito un crimen, en no enamorarse de un lagarto disfrazado de humano, como sucede en V, o en tener una pandilla como la de Verano Azul.

Respiramos cine desde nuestra más tierna infancia. Lo que sucede en la pantalla lo incorporamos a nuestra vida cotidiana. Cada día, se cuelan en nuestro interior un montón de historias en las que nos zambullimos capítulo tras capítulo y, cuando llega el último de una temporada, nos sentimos como si nos hubieran arrancado un trozo de nuestro cuerpo. Pero ¡qué alegría cuando la serie regresa con más cosas que contarnos!

¿Las series de hoy están a la altura de las de ayer? Existen muchas opiniones al respecto, en todas direcciones. Pienso que es una cuestión muy personal. A mí me marcaron las series de los ochenta, porque es cuando yo despertaba al mundo. Me asomaba a aquella pantalla de la televisión que era un mueble más en el salón, y sintonizaba cualquiera de sus tres canales. Desde la tele, que al principio no había mando a distancia. Tampoco, la gran variedad de canales que existe ahora. Ni la televisión privada, que era una quimera. Todo ha cambiado tanto desde entonces, que da vértigo. Como me gustan tanto las películas y las series, y me cansan tanto los anuncios, estoy suscrita a tres plataformas de televisión. Cuando alguien me recomienda que vea algo, me estiro de los pelos si no forma parte del catálogo de ninguna de ellas. No puedo suscribirme a todas, ¡menuda ruina! Pero claro, entonces me pierdo auténticas joyas. Y como soy una firme defensora de los derechos de propiedad intelectual, lo que me convierte en una ferviente crítica de la piratería, no me queda otra que aguantarme y esperar a que, en algún momento, las emitan o en la televisión «normal», o en cualquiera de las plataformas que tengo. En fin, todo sea eso.

Hay algunas series modernas muy buenas. Enganchan, pero sobre todo conmueven. Dejan esa huella que tan bien sabe dejar el cine, esa que te tiene días dándole vueltas a un tema, a un desenlace, a un personaje. Es pura magia. Comparto aquí algunas que me han encantado, por si te apetece echarles un vistazo y asomarte a los mundos que contienen.

  • Death to me: cuenta la historia de una fuerte amistad entre dos mujeres, una viuda que sufre por la muerte de su marido y una mujer optimista con un terrible secreto. Muy buena.
  • Happy Valley: una sargento de la policía de la comunidad de West Yorkshire cree que un reo es responsable de los hechos que llevaron al suicidio de su hija, y ahora él está libre. Un drama de dimensiones profundamente humanas.
  • Hierro: thriller policiaco que sigue la historia de una jueza que acaba de ser destinada a la isla de El Hierro. Por favor, me quito el sombrero con Candela Peña y Darío Grandinetti.
  • Stanger Things: un regreso a los 80 en toda regla, con las aventuras de un grupo de adolescentes en un pueblo perdido, con monstruos y poderes telequinéticos. Una Winona Ryder espectacular.
  • The Americans: la historia de un matrimonio de espías de la KGB que, durante el mandato de Ronald Reagan, se hacen pasar por ciudadanos estadounidenses en Washington. Brillante, con una pareja de protagonistas para sacarse el sombrero. Al contrario de lo que sucede con muchas series, esta no decae con las distintas temporadas, sino que la última es tan buena como la primera, si no mejor.
  • The Leftovers: ¿cómo te sentirías si, de pronto, se volatilizara el 2% de la población mundial? Así, de repente. De eso va y es fascinante.
  • The Sinner: un policía y su búsqueda de la verdad mientras lucha contra sus propios demonios. Bill Pullman está impresionante, nada que ver con el bonachón que enamoró a Sandra Bullock en Mientras dormías.
  • Vis a Vis. Una serie adictiva, que va más allá de la historia de unas mujeres presas. Tremendos los personaje de Macarena y Zulema Zahir, la interna más peligrosa. Ríete tú de Ángela Channing.

Aunque vengan mal dadas, siempre nos quedará el cine. Ese mundo al que accedemos a través de una pantalla y que tantas emociones nos despierta. Nos enseña, nos transmite. Nos regala personajes inolvidables, frases para la posteridad. Y, durante el rato que lo miramos, nos permite vivir otras vidas. Descubrir que la nuestra, aunque difícil, ni es tan horrible ni tan desgraciada ni tan deplorable. Nada es definitivo, ni siquiera el dolor.

El secreto de las películas es que son una ilusión. George Lucas

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Publicado en Historia real

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