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Caída de máscaras

Hace casi un año te hablaba de las bondades de la mascarilla. Había que intentar llevar mejor la necesidad de cubrir nariz y boca. Como sabrás, hoy finaliza la obligación de llevar dicha prenda en el espacio público, siempre y cuando haya una distancia de metro y medio entre personas. Esto no quiere decir que el peligro haya pasado, ni que debamos abandonar la prudencia. El dichoso virus sigue poniéndolo todo patas arriba en muchas zonas del planeta. Incluso en nuestra tierra. Para colmo, van apareciendo variantes de las que no se sabe si nos protegerán las vacunas existentes. Pero es una buena noticia. Una que veníamos necesitando hace tiempo. Indica que el final está cerca. Aunque nunca vayamos a recuperar aquella normalidad perdida, el simple hecho de poder pasear por la calle sin mascarilla, anima. Más ahora, en verano, con las altas temperaturas. No sé tú, pero a mí en las cuestas me falta el aire. Se acabó. La nariz respirará libre otra vez. Volverán los rostros, las sonrisas completas, los besos públicos.

Pero… Llevamos más de un año camuflados detrás de un trozo de tela, medio ocultos. Y nos hemos acostumbrado a algunas cosas que habrá que revisar. ¡Con urgencia! Sin mascarilla vamos a delatarnos todos. Y puede ser dramático. Debemos recuperar la compostura. Más que nada, por el bien de la convivencia social. Algunos consejos:

  • Lávate los dientes después de ingerir comida, que ahora sí se verá si tienes un trozo de jamón entre los incisivos.
  • Recuerda que existe una cosa llamada pañuelo, cuya función es limpiar el interior de la nariz.
  • Usa la mano como freno de estornudos y bostezos.
  • Si te gustaba maquillarte, es momento de recuperar esa costumbre. Más que nada, porque quizá no te reconozcan sin pintura en la cara.
  • Cuidado con el mal aliento, ha desaparecido la barrera.
  • Ojo también con los eructos, ahora ya no hay disimulo posible.
  • Teme a los insectos voladores, les encanta adentrarse en la boca cuando menos te lo esperas. ¡Yendo en bici, me tragué una mosca!
  • Cuando quieras mandar a alguien a la porra sin que se dé cuenta, piénsatelo dos veces: ahora se notará.

Por supuesto, eres libre de hacer lo que te plazca, pero no te sorprendas si la gente no reacciona bien. Hay que ver, ¿eh? Al final, ¡echarás de menos la mascarilla! Va, no te desanimes, que el destape nos permitirá hacer algunas cosas buenas:

  • Recuperarás las inhalaciones largas, esas que hinchan los pulmones y que sientan tan bien.
  • Puedes enamorarte a primera vista. Antes no era imposible, ¡pero sí difícil!
  • Podrás comerte a besos a tu pareja o ligue al aire libre, sin necesidad de llegar a casa. (Ojo, si decides ir más allá, será por tu cuenta y riesgo.)
  • Puedes irte de picnic tranquilamente, sin necesidad de estar alternando la mascarilla con la comida o la bebida.
  • Si vas a la playa, tendrás un moreno facial uniforme.

¿Ves que bien?

Este verano, recuperaremos muchas cosas que dábamos por hechas. Que nunca pensamos que perderíamos. Les prestaremos atención, las valoraremos. Recuperaremos parte de esa sonrisa que se esfumó detrás de la mascarilla y que tuvimos que adivinar en la comisura de los párpados. Y, con suerte, la alegría se irá imponiendo en las ciudades como el más contagioso de los virus.

Ojalá que tu verano te sonría. Ojalá que puedas lucir durante mucho tiempo tu sonrisa.

¡Nos leemos en septiembre!

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Publicado en Historia real

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