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Efectos secundarios

El otoño es una de las estaciones más fotografiadas del año. ¡Es tan bonito! El verde se transforma en rojos, naranjas, amarillos, marrones. Los árboles se desnudan de hojas, que se convierten en crujientes alfombras. El otoño también es sabroso. Campos y bosques se llenan de setas, y son numerosas las recetas que se preparan con níscalos (en catalán, rovellons), rebozuelos (rossinyols), trompetas amarillas (camagroc), o setas calabaza (ceps). Eso sí, pobre del que no sepa distinguir una seta comestible de una venenosa. ¡O alucinógena!

De las cuatro estaciones, la del otoño es la más peligrosa. Se considera que es la época de las rupturas sentimentales, hasta el punto de que, en los países anglófonos, se la conoce como la breakup season. Está comprobado, las mayores tasas de divorcios se producen entre septiembre y noviembre. Esto tiene su lógica porque, durante las vacaciones de verano, se intensifica la convivencia y los problemas de pareja dejan de ocultarse detrás de la máscara de la rutina. Si encima el amor se ha desvanecido, ¡separación a la vista! Una lástima. O no.

Si bien una ruptura sentimental es dolorosa, a veces traumática, el peligro acecha en otro ámbito. Aunque no te lo parezca, ¡el otoño tiene efectos secundarios! Que sí, que sí. Comemos setas, castañas, alcachofas. Como ya hace frío, también legumbres a mansalva. Que si un cocido de garbanzos, que si una fabada asturiana, que si un guiso de lentejas. ¡Tan ricas! Por no hablar del brócoli, la coliflor. Pero ¿qué pasa luego? ¡Tenemos flatulencias! No disimules, que a ti también te pasa. Nos pasa a todos, aunque algunas personas digieren mejor que otras.

¡Ay de ti si combinas distintos alimentos flatulentos! El desenlace es tremendo. Por más que sea algo natural, inevitable, suele provocar mucha vergüenza. ¡Sobre todo si perfumamos nuestro entorno! El cómico Dani Rovira habló precisamente de esto en el monólogo con el que dio comienzo a su programa Tierra, trágame, de La noche D. Dani es vegano, no come nada de origen animal. Esto, que es éticamente admirable, tiene unos efectos secundarios nefastos: su aparato digestivo está superpoblado de gases. Le da mucha vergüenza cuando se le escapa alguno en presencia de una chica a la que está conociendo. Tanta, que se le corta la respiración. En una ocasión, le dijeron «respira, cobarde, no me lo dejes todo a mí». Para disimular su autoría, ha llegado a atribuirle el repentino olor a su amigo peludo. Me declaro culpable del mismo delito.

Cuando veo alguna preciosa fotografía otoñal, cuando yo misma la disparo, no reparo en lo que conlleva. En esos nefastos efectos secundarios. Quizá sea mejor así, y que, año tras año, la vida me sorprenda. Porque aunque se pase mal, aunque sea un momento en el que desees que la tierra se abra bajo tus pies, al final siempre acabas riendo. La vida es más llevadera así, no tomándose tan en serio.

Disfruta del otoño. De sus colores. De sus sabores. Incluso de sus efectos secundarios.

Yo no tomo mi vida en serio, pero tomo lo que puedo hacer en mi vida en serio. Audrey Hepburn

Foto: níscalos y rebozuelos a punto para el mordisco

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Publicado en Escritura Historia real Naturaleza

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