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Una tradición agradecida

España es un país con una fuerte influencia norteamericana. Tanto es así, que hemos incorporado a nuestra cultura tradiciones que no nos pertenecen. Por ejemplo, Papá Noel. Cuando yo era pequeña lo veíamos en las películas americanas, porque aquí los regalos de navidad nos los traían Los Reyes Magos de Oriente con unos camellos. Como venían de tierras lejanas, les ayudábamos a recobrar fuerzas con comida y bebida. En mi casa les recibíamos con cava, cuencos de agua y turrones. Tiempo después, apareció en nuestras vidas un hombre regordete de pelo blanco, con barba y traje rojo, que viajaba en un trineo propulsado por unos renos sonrientes. También habilidosos, porque eran capaces de colarse por la chimenea ¡sin mancharse de hollín!

Con el paso de los años, también hemos incorporado la festividad de Halloween. La noche del treinta y uno de octubre, deambulan por las calles personas disfrazadas de esqueletos, brujas, vampiros, momias, lobos y protagonistas de nuestras peores pesadillas, como Freddy Krueger. Halloween se ha convertido en la fiesta del terror y, cada año, triunfa la pintura roja que simula sangre. En Catalunya ha cobrado tanta fuerza esta celebración, que la tradicional castanyada, que se celebra en la misma época del año, ha sido rebautizada como «hallanyada» y «castoween». Es decir, que ahora combinamos la ingesta de castañas, boniatos y panellets con la de dedos sangrientos, ojos e intestinos dulces. ¡Un buen rollo!

Otra celebración norteamericana es el ansiado Black Friday, que tiene lugar el cuarto viernes de noviembre. Durante ese día se celebra el inicio de las compras navideñas, y muchos comercios ofrecen grandes rebajas. Aunque es una fiesta bastante criticada, porque fomenta el consumismo desmesurado y perjudica al pequeño comercio, tiene una buena acogida entre el público, que concentra las compras de regalos en ese día. Tiene tanto éxito, que ya se habla de «semana negra», porque las ofertas se prolongan más allá del viernes.

Ante esta evidente importación de tradiciones norteamericanas, me pregunto por qué no incorporamos también el Thanksgiving Day. Se celebra el cuarto jueves de noviembre. ¡Ayer! Por lo que parece, tiene su origen en Plymouth, en la época de los primeros colonos ingleses. Tras vivir una época de hambruna y enfermedades, los nativos de la tribu Wampanoag les enseñaron técnicas para cazar, pescar y cultivar maíz. Gracias a su generosidad, la comunidad inglesa prosperó y lo celebraron ofreciéndoles ricos manjares. En la actualidad, el Día de Acción de Gracias las familias se reúnen para preparar y disfrutar de una abundante cena, cuyo protagonista es el pavo al horno. Agradecen las bendiciones recibidas durante el año. Agradecen.

Dicen que es de bien nacido ser agradecido. Sin embargo, en nuestro país no es una práctica habitual. Tenemos tendencia a la protesta. A la queja. Siempre parecemos disconformes. Cuando, en realidad, tenemos muchos motivos para mostrarnos agradecidos. Uno es el retrete. Hay más, ¡tantos! Basta con darse un paseo por el mundo para comprender que somos unos afortunados. Como parece que no somos conscientes de ello, quizá sea momento de incorporar a nuestras vidas el Día de Acción de Gracias. Si quieres, sin el componente religioso. ¡Yo le doy gracias a la vida! Y, desde luego, sin la necesidad de asesinar a cuarenta y seis millones de pavos ¡en un solo día! Menuda carga lleva encima el que, cada año, es indultado por el presidente de Estados Unidos. No me gustaría estar en su lugar.

Durante los tres meses que estuve en Guatemala, me duché con agua helada. Lavarme el pelo era una tortura. La asumía sin mayor protesta que un grito ahogado, porque al menos podía lavarme. En Anantapur, India, no había papel con el que limpiarse después de utilizar el inodoro, pero sí una jarra con agua y una taza. Tampoco había agua corriente. Vi niños comiendo de la basura, mujeres intentando regalar a sus bebés porque no podían alimentarlos, pacientes con enfermedades desaparecidas en Europa, moribundos que se habrían podido salvar si hubieran nacido en el lado afortunado del planeta. Tanto en India como en Guatemala, es una suerte ser blanca. Europea. Si algo pasa, basta con acudir a la embajada. Por eso no soporto ni al quejica ni al llorón por tonterías, que maldice a los demás, a su suerte, cuando las cosas no le salen como quiere. Millones de personas en el mundo sufren verdaderas injusticias cada día y ni siquiera tienen derecho a protestar.

Reclamo el agradecimiento como camino a la comprensión de la buena suerte, como inicio de una empatía que permita ayudar a quienes no la tienen. Reclamo recuperar la perspectiva para poder luchar contra la injusticia, el abuso, la violencia. Reclamo el derecho a sonreír mientras se construye un mundo mejor. No estoy sola en este pensamiento. Hay más gente que cree que el agradecimiento es el único camino para hallar paz, personal y colectiva. Proliferan las aplicaciones informáticas para anotar y agradecer las bondades que vivimos. También, los perfiles en redes sociales. Nos sobran los motivos. No lo olvidemos. Seamos agradecidos.

Feliz Día de Acción de Gracias.

La gratitud se da cuando la memoria se almacena en el corazón y no en la mente. Lionel Hampton

Foto: regalo de un olivo andaluz. ¡Gracias!

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Publicado en Escritura Historia real

Un comentario

  1. Carme Portas Carme Portas

    Gràcies, gràcies i gràcies!!!

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