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La casualidad es un timo

Creo que la vida es mucho más de lo que vemos. Quizá necesite ese componente de misterio para sobrellevarla, para sobrevivir cuando se complica y adquiere la dureza de una piedra; el filo de una navaja. Tarde o temprano, llega el momento en el que las personas nos planteamos cuál es el sentido de la vida. Como individuo; como especie. Surge la necesidad de comprender por qué estamos aquí; qué papel desempeñamos cada uno. La respuesta no es ni sencilla ni unánime. Se atribuye a la evolución, al azar, a una divinidad, a varias. Lo que sí sabemos es que estamos conectados de un modo que no sabemos explicar. ¿Quién no ha descubierto que tiene personas en común con la gente de su entorno? Existen Hilos invisibles. Además, parece que tenemos un radar incorporado cuyo funcionamiento no acabamos de comprender. Caminas por la calle, piensas en alguien de quien hace tiempo que no tienes noticias y ¡te lo cruzas! O te escribe; te llama. Tarareas una canción, enciendes la radio y ¡está sonando! ¿No es fascinante? Surge entonces la eterna pregunta: ¿casualidad o causalidad?

Hay más: todo parece indicar que existe una conciencia universal, una especie de fuente de la que parten ideas que cobran forma en distintos lugares y tiempos, y siempre con la misma esencia. Los inventos son un buen ejemplo de ello. A lo largo de la historia, han surgido soluciones idénticas para un mismo problema en lugares distintos. La bombilla, el teléfono, la fotografía, el motor de reacción y tantos otros hallazgos han tenido sonados conflictos de patentes, porque sus descubridores afirmaban haber sido los primeros, los verdaderos artífices de algo que iba a cambiar el mundo. Esas invenciones simultáneas son cada vez más frecuentes. Encontrarás numerosos ejemplos en el texto Inventos paralelos y simultáneos, de Pere Condom, director de la Oficina de Investigación y Transferencia de Tecnología de la Universitat de Girona. Él sostiene que no son casualidades. Hay una explicación: ante la constatación de una necesidad técnica, el mundo científico empieza a trabajar y a desarrollar una idea hasta dar con la única solución posible.

También en el campo de la literatura se han producido curiosas coincidencias. Tal es el caso de Juicio a los humanos, de José Antonio Jáuregui. Es un libro maravilloso del que te hablé en No estamos solos. Cuando su autor lo escribió no podía imaginar que su idea no era del todo original. Tal y como comenta en el epílogo su hijo Eduardo, responsable de la edición, existen al menos seis libros que abordan el tema de cómo se relaciona el ser humano con el resto de seres vivos. Y lo hacen de la misma forma: son los animales los que hablan y, en varios casos, escenifican un juicio al ser humano. Demasiada casualidad, ¿no crees? Este descubrimiento hizo que Eduardo se preguntase si los animales no nos estarán enviando mensajes de auxilio; de desesperanza. Quién sabe. Lo que sí está claro es que la especie humana es cada vez más consciente de que no puede seguir maltratando a los demás seres vivos. La conciencia colectiva se está volviendo animalista. ¡Bravo!

Recientemente he conocido otro ejemplo de esta sabiduría compartida. Con el objetivo de mejorar mi narrativa, dedico una parte importante de mi tiempo a formarme como escritora. Pues bien, he descubierto algo asombroso: en todas las historias que se han narrado, y que se narran hoy en día, en todas las culturas, tiempos y territorios, se repiten una y otra vez unos mismos elementos estructurales. Estos son desarrollados y enriquecidos con detalles adaptados a las peculiaridades de cada historia y de cada escritor, pero siempre subyace un mismo modelo. Es lo que Joseph Campbell llamó «el viaje del héroe», y que explicó en uno de los libros más influyentes del siglo pasado, El poder del mito. Después de investigar cuentos de hadas, narrativa oral, mitos, libros, películas y sueños, descubrió que en toda historia siempre hay un personaje, el héroe, que se ve empujado a abandonar su entorno cómodo y cotidiano para adentrarse en un camino extraño y plagado de desafíos. Uno del que saldrá cambiado y por el que también transitará el lector. ¿No es asombroso? Una y otra vez el ser humano repite la misma historia, en una búsqueda incesante de la verdad; del origen; del por qué.

Vivimos tiempos oscuros en los que es fácil caer en el desánimo; en la desesperación; en la rabia. No te rindas. Todo indica que no lo sabemos todo sobre nuestro mundo; sobre nuestra especie; sobre nuestra individualidad. Quizá algún día logremos comprender las reglas de juego. Mientras tanto, no olvides que todos estamos conectados. Que no veamos los hilos no significa que no existan.

La pregunta que cualquier novela está tratando realmente de responder es si merece la pena vivir la vida. Nicholson Baker.

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Publicado en Escritura Historia real Libros Naturaleza

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