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El calendario es un chivato

Dividimos nuestro tiempo en años, meses, quincenas, semanas, días, horas, minutos y segundos. Esas unidades temporales nos permiten organizar nuestra vida, decidir con quien la compartimos y con quien no. Planificamos encuentros, comidas, bodas, escapadas de fin de semana, viajes, reuniones, conciertos, visitas a museos, salidas al cine, etc. Sin embargo, la pandemia nos está enseñando a no mirar hacia el futuro, a vivir sobre la marcha. Total, luego aparece una nueva variante del dichoso virus y nos obliga a cancelar lo que teníamos previsto. Pero ¿qué sería del ser humano si no pudiera imaginar nada? Los planes nos permiten cumplir sueños; intentarlo, al menos. A mí, por ejemplo, me gustaría ir a Laponia en invierno. Caminar rodeada de nieve en un profundo silencio; ver las auroras boreales; sentir frío hasta dolerme; visitar el famoso castillo de hielo; ver renos; acariciarlos. ¡Quizá algún día!

Cada año estrenamos un calendario nuevo. Lo tenemos en paredes, sobre nuestro escritorio, en nuestra agenda. Durante la infancia, anotamos en él fechas de entrega de deberes, exámenes, fiestas de cumpleaños. En la adolescencia, las intercalamos con citas amorosas. Cuando nos adentramos en el mundo laboral, lo primero que hacemos al estrenar año es mirar cómo caen los días festivos. No disimules, lo hacemos todos. Qué rabia cuando coinciden con un domingo, ¿verdad? Y ¡qué alegría cuando lo hacen con uno laborable! Si encima permiten disfrutar de un puente e, incluso, de un acueducto, ¡saltamos! Qué golosa será, este año, la segunda semana de diciembre, donde el martes 6 y el jueves 8 son festivos. Con solo gastar tres días de vacaciones, se podrá disfrutar de nueve días libres. Ya verás, ya: ¡habrá bofetadas por pedírselos! Porque, cuando se trata de las vacaciones, no hay ni amistades ni buen compañerismo que valgan. Se va a por todas.

Los calendarios reflejan acontecimientos importantes en la vida de las personas: nacimientos, aniversarios de boda, hitos en la carrera profesional. Por desgracia, también nos recuerdan fechas tristes. Rupturas; tratamientos; fallecimientos. Son fechas que duelen; heridas que sangran. Algunas las olvidamos con el paso del tiempo. Otras las recordaremos siempre. El calendario se convierte así en un mapa repleto de números que guía nuestra vida. Sería maravilloso rellenarlo solo de acontecimientos alegres y hermosos. Aunque quizá sea necesario transitar por momentos oscuros y difíciles para valorar lo bueno en su justa medida. ¿Cómo si no íbamos a comprender la diferencia?

No siempre estrenaremos calendario. Estamos de paso. Cada día, conscientemente o no, decidimos qué hacer con nuestro tiempo. Dado que es limitado, mejor emplearlo bien y con quien gente que merezca la pena. Dicen que lo mejor es disfrutar del presente, moverse sobre la marcha. No sé tú, pero yo solo lo he conseguido durante las vacaciones. Qué maravilloso es desconectar y no saber qué día es. Qué más da, en realidad. El tiempo es algo relativo. Para unos, un mes es una eternidad; para otros, un suspiro. Lo que está claro es que cada vida tiene su propia fórmula de manejar el calendario. Lo importante es que sea la tuya. Que, cuando mires hacia delante, sientas ganas de seguir caminando. Ya casi ha transcurrido la primera quincena del año. ¿Qué vas a hacer con lo que queda de 2022? O, parafraseando el título de un libro de Laura Ferrero, ¿Qué vas a hacer con el resto de tu vida?

«Vive, joder, vive. Y si algo no te gusta, cámbialo. Y si algo te da miedo, supéralo. Y si algo te enamora, agárralo.» Patricia Benito

Foto: calendario 2022 de AxtaKawa (Helena, ¡gracias por regalármelo!)

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Publicado en Escritura Historia real

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