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Algo más que un vendedor de libros

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El diccionario dice que un librero es un vendedor de libros. Lo que no cuenta, es que también es alguien que te invita a vivir una aventura; a emprender viajes que te cambiarán por dentro. Con millones de horas de lectura a sus espaldas, coloca sus obras preferidas en lugares estratégicos para que no pasen desapercibidas. Si le pides que te recomiende algún libro, incluso puede descubrirte joyas que hasta entonces yacían ocultas entre los millares de ejemplares que se publican cada año. ¡Qué maravilla cuando esto sucede! A mí me ha pasado en Casa Usher. Merci, Anna i Maria!

Amamos las librerías. Aunque el contexto de pandemia, crisis económica y era digital podría hacer suponer que están condenadas a desaparecer, la realidad es que, en grandes ciudades como Madrid o Barcelona, ¡están abriendo nuevas! Algunas han cerrado por jubilación, pero los datos de aperturas son abrumadores. ¿Cómo es posible? Una explicación es que, durante las semanas de confinamiento, redescubrimos el placer de la lectura. Teníamos más tiempo libre y, sobre todo, una necesidad imperiosa de evadirnos del presente. Recuperamos libros de nuestra biblioteca personal y, en cuanto se reabrió el comercio y pudimos salir a la calle, compramos más libros.

Los expertos pensaban que, en cuanto el contexto pandémico se normalizara, el porcentaje de lectores descendería. ¡Se equivocaban! Si bien hemos recuperado nuestras actividades sociales, la lectura se mantiene en el 64,4% de la población española. Tanto es así, que el año pasado se vivió un Día del Libro inesperado. ¡Se alcanzaron cifras de ventas jamás antes vistas! El formato papel sigue siendo el favorito, con un ligero descenso de los lectores en formato digital y, en cambio, con un aumento de la escucha de audiolibros. En contrapartida, un 35,6% de la población afirma no leer nunca o casi nunca. ¡Una auténtica lástima!

Algunos libreros buscan formas de encandilar a la gente. La librería Finestres, por ejemplo, ofrece una decoración acogedora con butacas y sofás en los que detenerse a degustar un libro. ¡Incluso hay una chimenea! Aurora Perelló, la directora, declaró que «El centro de la ciudad está muy triste. Han desaparecido muchos negocios y los vecinos necesitan cosas bonitas y positivas, aunque suene cursi. En estos momentos el centro es un lugar poco amable y la librería que hemos abierto es amable e ilusiona, un lugar de silencio para leer y comprar libros. Necesitábamos que pasaran cosas agradables». No está mal ¿verdad? Una defensa de la alegría en toda regla.

La palma se la lleva Philippe Labourel, un librero de París. Poco antes de la pandemia, apareció una cantidad importante de osos de peluche gigantes en varios lugares del barrio de Les Gobelins. Poco a poco, ocuparon otros rincones de la ciudad. No se sabía quién los había puesto allí ni por qué. ¡La gente alucinaba! Se atribuyeron a una campaña publicitaria y, más tarde, a una manera simpática de asegurar la distancia social en las famosas terrazas parisinas. Finalmente, se descubrió que la invasión de los osos era obra de un librero que pretendía alegrar el día a día de su barrio. ¡Vaya si lo consiguió! Los peluches se han hecho tan famosos, que hasta tienen su propia página de posados en Facebook. ¡Ojalá que Philippe esté vendiendo libros a mansalva!

Mañana es el Día del Libro; Sant Jordi en Catalunya. Las calles se llenarán de gente ávida de ser devorada por libros, así como de rosas que con su aroma endulzarán el ambiente contaminado de las ciudades. Sal a la calle y regálate un buen libro. Estos son mis imprescindibles para este año, pero mejor pregúntale a tu librero o librera de confianza. Le arrancarás una sonrisa. Se la merece.

¡Feliz Sant Jordi!

Foto: osos vistos en París durante esta Semana Santa.

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Publicado en Historia real Libros

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