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Origen de Un tesoro en el olvido

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El pasado diecinueve de octubre llegó a las librerías mi novela Un tesoro en el olvido. Para darla a conocer y celebrar su existencia, la he presentado en Barcelona, Santa Coloma de Gramenet y Manresa. La asistencia ha superado con creces mis expectativas y todavía estoy conmovida por el cariño y la calidez con la que se ha recibido mi libro. En cada presentación se ha repetido siempre la misma pregunta: «¿cómo se te ocurrió?».

Te lo voy a contar.

La periodista Ana Sánchez es especialista en Barcelona. Busca historias increíbles, escribe sobre ellas y las publica en El Periódico. También tiene un libro muy interesante, y que te recomiendo encarecidamente si vives en la ciudad condal, Barcelona increíble. Pues bien, el veintiuno de marzo de 2017 publicó un artículo titulado Los Robin Hood de los suelos, que leí por casualidad, o no, y con el que descubrí que había gente que se dedicaba a hurgar el interior de los sacos de escombros en busca de baldosas hidráulicas.

Sorprendida, releí el artículo varias veces. Lo primero que me pregunté fue por qué querría alguien meter la mano en un saco en el que también se tiran pañuelos de papel usados, pegajosas latas de refrescos, botellas de plástico baboseadas y bolsas con caca de perro. Lo segundo, qué diantres era una baldosa hidráulica. Lo tercero, por qué despertaba tanto interés.

Intrigada, cotilleé en Instagram los perfiles de los rescatadores de baldosas Alberto Twose y The Tile Hunter, ambos entrevistados por Ana. El primero había puesto en marcha una iniciativa llamada Fragments Bcn, con la que vendía baldosas rescatadas, pulidas y enmarcadas. Compré una con el diseño de una rosa preciosa, de la fábrica Viuda e Hijos de Joan Vila, y se la regalé a mi pareja para Sant Jordi.

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La baldosa había sido rescatada de un saco de escombros situado frente a un edificio de la calle Jaume Fabra que, según el catastro, era de 1937. Eso significaba que la baldosa había sido colocada en el suelo en plena Guerra Civil, uno de los periodos más turbulentos de nuestra historia. A medida que la miraba, me preguntaba qué habría vivido esa pieza de cemento, quién la habría pisado, qué conversaciones habría presenciado. ¿Cuánto dolor habría sostenido?

En paralelo, sentía una fascinación creciente por The Tile Hunter, que compartía en sus redes sociales numerosas fotografías en las que aparecía rodeado de montañas de baldosas. También, vídeos de rescates. ¡No podía dejar de mirar su perfil!

Mi retina se fue impregnando de fragmentos de pavimentos hidráulicos maravillosos, alfombras de cemento con diseños dignos de un cuento de hadas. Alcanzaron su máximo esplendor durante el Modernismo, porque contaron con los artistas más reputados del momento. Me di cuenta de que nunca le había prestado atención al suelo. Concentrada en mis asuntos o presionada por una agenda apretada, cruzaba la ciudad sin prestar atención a cuanto me rodeaba.

Empecé a agachar la cabeza para mirar el suelo cada vez que caminaba por el Eixample barcelonés y por los barrios colindantes. Y descubrí otra Barcelona. Y disfruté de cada hallazgo, de cada incursión furtiva en porterías y comercios. Mis ojos no daban crédito. ¿Cómo había podido ignorar ese mundo precioso que yacía bajo mis pies?

Con ganas de saber más, descubrí el libro El arte del mosaico hidráulico, de Jordi Griset. Es un riguroso y entusiasta estudio sobre este tipo de pavimentos y una obra de arte en sí misma. Habla de los orígenes de este tipo de baldosa, de las fábricas más importantes, de los materiales con los que están hechas, del proceso de fabricación.

Por desgracia, los mosaicos hidráulicos están en severo peligro de extinción. Están siendo destruidos por culpa de la especulación urbanística, especialmente agresiva en la ciudad condal, y del desconocimiento de los ciudadanos, que prefieren tener en sus casas suelos de parqué. Se pierden para siempre y es una lástima. ¡Un crimen! Por fortuna, existen los rescatadores de baldosas. Son justicieros que salvan nuestro arte de la destrucción. Les debemos mucho.

Gracias al libro de Jordi Griset, supe de la existencia de Mosaics Martí, un taller manresano que lleva más de un siglo fabricando baldosas hidráulicas de modo artesanal. Entonces yo no lo sabía, pero este descubrimiento sería crucial para la escritura de mi novela.

Como comprenderás, a estas alturas ya estaba perdida. No había marcha atrás: me había enamorado de las baldosas hidráulicas. Convencida de que son en sí mismas un pequeño tesoro, sentí la imperiosa necesidad de escribir una novela en la que tuvieran un papel protagonista. Quería que dejaran de ser el patito feo y descuidado del Modernismo, aportar mi granito de arena para devolverles el lugar que les corresponde en la historia de nuestro arte.

Como ves, Un tesoro en el olvido surge de un flechazo.

Gracias, Ana, por disparar la flecha.

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Publicado en Escritura Historia real Libros

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