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Pon un refugio en tu vida

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El mundo está como para darse un paseíto. Una guerra tras otra, tensiones políticas a destajo, sinvergüenzas elegidos democráticamente, desastres naturales, hambruna, ahogamientos a mansalva en nuestro amado Mediterráneo, machistas matando a mujeres y niños, y así un largo etcétera. Ante este panorama, apetece esconderse, cerrar los ojos y taparse los oídos.

Pero huir no sirve de nada: la realidad siempre nos atrapa. Para sobrellevar la carga pesada que todos llevamos a nuestras espaldas, es importante contar con algún espacio seguro en el que lamerse las heridas. Todos deberíamos tener, al menos, un refugio; un lugar para protegernos de peligros como un aguacero inesperado, un terremoto, una guerra, un atentado terrorista, unas notas desastrosas en la escuela, un violento sediento de sangre, una infidelidad, una traición, una célula cancerígena hambrienta, un gen heredado.

Encontrar un buen refugio no es fácil. Hay que tener cuidado con no morir bajo el techo que se creía seguro, porque a veces buscamos cobijo en el lugar equivocado, como las drogas o el alcohol, o en personas que no saben, o no pueden, darnos la ayuda que necesitamos. Nos guste o no, en algún momento de nuestras vidas todos y cada uno de nosotros necesitaremos un lugar en el que nos sintamos a salvo del mundo y, quizá, también de nosotros mismos.

Vivir no es fácil. Incluso cuando parece que el viento sopla a nuestro favor, incluso cuando nos resulta imposible dejar de sonreír, cuesta lidiar con la certeza de que, mientras no sentimos felices, mientras nos sabemos afortunados, otras personas no lo son. Por culpa de una enfermedad, de una pérdida, de un malnacido que decidió mancillar vidas, de gobernantes corruptos y sin escrúpulos.

Quienes ahora no son felices, quizá lo fueron ayer, quizá vuelvan a serlo mañana. O quizá no consigan serlo nunca. Algunos viven en una sombra tan oscura y espesa, que ni los rayos del sol pueden atravesarla. Son los nadies, personas condenadas a malvivir antes de nacer, cuya única muestra de existencia es la de protagonizar el poema que les dedicó el magnífico Eduardo Galeano, Los nadies.

Son tantos los motivos empeñados en borrarnos la sonrisa de la cara a diario, que es importante hallar un buen refugio. El más habitual es nuestra gente querida: las amistades, la pareja, la familia. También son un buen escondite las aficiones: viajar, practicar deporte, cocinar, bailar, escuchar música, ver cine, leer, escribir, ir de excursión, pintar. Vale cualquier lugar que te haga sentir bien y te ayude a curarte las heridas. De lo contrario, habrás caído en una trampa y tu enemigo, exterior o interior, te dará caza como si fueras una ficha en una casilla blanca del tablero del Parchís.

A mí me encantan los refugios que divisan otros mundos, que van más allá de las apariencias, que se atreven a inventar realidades, que convierten la delicadeza en arte. Hace un tiempo te hablé de A Daily Cloud, y no sé tú, pero yo sigo deleitándome con las simpáticas caras que un equipo de irlandeses dibuja en el cielo.

Pues bien, hoy quiero compartir contigo otro hallazgo: ¡tres tesoros! Solo así puede calificarse la obra de unos artistas que hacen magia con sus manos: las creaciones del británico Jon Foreman, hechas con piedras, hojas y conchas marinas; los dibujos a tiza del artista callejero estadounidense David Zinn; y el diminuto mundo que el japonés Lito vislumbra en una hoja. Es imposible mirar estas obras de arte y no sonreír ¿verdad?

Es cierto que hay personas empeñadas en convertir el mundo en un lugar violento, inhóspito y doloroso; que hay días en los que no apetece ni salir de casa ni encender la televisión ni mirar el teléfono móvil; que la mejor opción parece irse a vivir a una isla desierta, lejos de todo, de todos. Sí, el ruido es ensordecedor. Pero… Hay gente que defiende la ternura cada día; que dibuja otros mundos en los que la belleza de la existencia se impone; que nos regala otros refugios en los que recuperar fuerzas para seguir remando hacia la alegría.

La partida no está perdida. Mientras haya juego, habrá esperanza. Aunque haya que encontrarla en una simple hoja.

 

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Publicado en Escritura Guerras Historia real Naturaleza

3 comentarios

  1. Gemma Gemma

    Precioso. Me has emocionado. Hay esperanza.

    • Virginia Virginia

      Gracias, Gemma. ¡Claro que la hay!

  2. M.Asunción Garzón Clariana M.Asunción Garzón Clariana

    Me ha encantado Virginia. Lo difundo. Besitos

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