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Una Navidad multicolor

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Desde tiempos inmemoriales, el ser humano lucha contra la oscuridad. La noche es un lugar tenebroso en el que suceden todo tipo de vicios, desgracias, crímenes. Ante este panorama, es imprescindible arrojar luz en las calles. Primero se colocaron antorchas, luego lámparas de aceite, después de gas. Finalmente, lámparas eléctricas.

De noche se encienden millones de farolas que, vistas desde el espacio, dibujan países y continentes. Es una visión hermosa, hasta hace poco solo al alcance de quienes prefieren flotar a la estabilidad que ofrece la gravedad. Ahora, gracias a la NASA, todo el mundo puede contemplar, y disfrutar, de la visión de la Tierra durante la noche. Para obtenerla, ha sido necesario compilar más de cuatrocientas imágenes de satélite, y salvar así la dificultad de que cuando en un sitio es de día, en otro es de noche.

El tema de la iluminación nocturna resulta tan fascinante, que se ha creado una herramienta con la que explorar toda la superficie terrestre. Toda. Puedes desplazarte a derecha e izquierda, arriba y abajo, y acercarte a aquella zona que quieras investigar. Verás las áreas iluminadas y urbanizadas, las más pobladas, y también lugares que todavía permanecen oscuras. Luces y sombras de un mundo diverso.

En el ranking de las cincuenta ciudades más iluminadas del mundo, hay nueve capitales europeas: Londres y París van a la cabeza, con el cuarto y el decimoquinto puesto, respectivamente. Y Madrid, con el trigesimoquinto, pasa por delante de Atenas (39), Roma (40), Berlín (46), Ámsterdam (47), Zúrich (48) y Bruselas (49).

La iluminación nocturna es necesaria. Sin embargo, abusar de ella tiene nefastas consecuencias. A la triste imposibilidad de contemplar las estrellas, se añade el grave perjuicio ocasionado a la biodiversidad de especies y ecosistemas. La alternancia entre el día y la noche, así como de las cuatro estaciones, condiciona los patrones de comportamiento de todos los seres vivos que habitamos el planeta. Alterarlos es un juego peligroso para la salud y la supervivencia.

La cosa se agrava en Navidad. A la iluminación habitual, se añaden luces de colores en calles y avenidas para celebrar unas fiestas clavadas en nuestro ADN desde hace siglos. Al problema de la contaminación, se suma el elevado coste económico que comportan las luces navideñas. Sin embargo, los ayuntamientos lo asumen sin rechistar. Barcelona destina este año un millón novecientos mil euros y, Madrid, cuatro millones trescientos mil. Quizá la culpa la tenga el alcalde de Vigo, por decir que la iluminación navideña de su ciudad despierta envidia a escala mundial. Ay, el ego.

A pesar de los pesares, hay que reconocer que la iluminación navideña embellece las calles. También favorece el ejercicio físico, porque invita a pasear por la ciudad y descubrir los distintos diseños y colores que cuelgan de las fachadas y las farolas. Algunas personas aprovechan esta época del año para visitar alguna de las ciudades europeas con las mejores luces de Navidad. Incluso hay quien vuela a América, Asia o Australia.

Personalmente, reconozco que no llevo demasiado bien la Navidad. Me pone melancólica, triste. Y soy feliz cuando llega el siete de enero. Aun así, confieso que me encantan las luces navideñas. No pierdo ocasión de perderme ni por mi queridísima Barcelona ni por mi ciudad de adopción, Santa Coloma de Gramenet. ¡Cómo disfruto!

A pesar de que sé que las luces navideñas agravan el problema de la contaminación lumínica, que suponen un atraco a las arcas municipales, confieso que la idea de una Navidad a oscuras o monocolor me resulta insoportable. Soy humana, qué le vamos a hacer. Pertenezco a una especie contradictoria capaz de lo peor y lo mejor. Y llenar la noche de colores me parece una buena manera de soportar mejor el dolor que comporta el recuerdo de quienes ya no están con nosotros. En la eterna batalla entre luces y sombras, elijo una Navidad multicolor. Siempre. Además, me chifla el turrón de Jijona.

¡Felices fiestas!

Fotografía: plaza de la Villa de Santa Coloma de Gramenet.

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Publicado en Historia real Naturaleza

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