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Un año de buenos deseos

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Lo que más me gusta de estrenar un nuevo año es la frase que pronunciamos y repetimos casi sin darnos cuenta: «feliz año». Poco importa si se la decimos a alguien querido o a un desconocido; lo que cuenta es la intención, las ganas de que la persona con la que nos cruzamos viva contenta, tranquila, sana.

Desear el bien no es exclusivo del mes de enero. Lo hacemos durante todo el año: «buenos días», «buenas tardes», «buenas noches». El castellano es generoso, porque acostumbra a desear en plural. En catalán, francés e inglés se usa el singular. Tacaños.

Desearle cosas buenas al prójimo es casi tan bonito como decirle que le acompañas en el sentimiento. Ante una pérdida, una separación, un problema importante de salud. Te sitúas en su lugar y le dices que sientes lo mismo, que le acompañas. Aunque sea difícil empatizar al cien por cien, lo intentas. Estás ahí para el grito, el llanto, el abrazo.

A los buenos deseos del año nuevo se añade la magia de la noche del cinco de enero. Es un momento muy deseado por miles de niñas y niños, pequeños seres inocentes que creen en la existencia de unos reyes que viajan desde Oriente con el firme propósito de dibujar sonrisas.

La víspera de Reyes no es la única que provoca nervios e insomnio. Le precede la del veinticuatro de diciembre, cada vez más popular y consecuencia de la importación de tradiciones foráneas. Hay quien se rebela contra ese ser barrigudo vestido de rojo, pero la verdad es que la Navidad a la carta está de moda. Qué más da. Lo importante es la ilusión que genera.

Seamos niños o adultos, hoy no es un día que vaya a pasar desapercibido. Esta tarde, las calles de nuestras ciudades se llenarán de carrozas y, las aceras, de personas con la mirada brillante. Habrá disfraces, caramelos, saludos. Incluso lluvia. Y la gente que espera ansiosa la llegada de la mañana siguiente, se repetirá la misma pregunta: ¿me he portado bien durante el 2023? En caso contrario, los Reyes Magos solo dejarán carbón. Menos mal que son seres bondadosos y antes le han añadido azúcar. ¿A quién no le gusta el dulce?

Salvo desgracia, la primera semana del año es sin duda la más esperanzadora, porque transcurre entre buenos deseos y magia. Es un buen punto de partida para la carrera de obstáculos que todos deberemos transitar en un momento u otro. Escasos o abundantes, serios o triviales, los obstáculos son inevitables. Es lo que implica vivir.

Hay quien tropieza, se levanta y sigue adelante. Y también hay quien cae y se hunde. Ojalá los buenos deseos sean capaces de atraer la magia, dibujar otra realidad para quien sufra. Por si acaso, no olvides formularlos. Quizá se cumplan y provoquen alegría.

Feliz Día de Reyes. Feliz 2024.

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Publicado en Historia real

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