Saltar al contenido →

Nunca es tarde para aprender

No sé coser. Soy capaz de enhebrar agujas y sujetar botones a base de nudos de hilo, pero confieso que, ante el desafío de un dobladillo del pantalón, he recurrido a la grapadora en más de una ocasión. Si hubiera nacido en otra época, en la escuela habría aprendido a coser, cocinar, limpiar, planchar. Cuestiones útiles para la vida y, también, para interpretar a la perfección el papel de esposa sumisa que le estaba destinado a la mujer.

Nací a mediados de los setenta y mi currículo escolar había sido liberado de las consideradas, hasta no hace tanto, tareas «femeninas». Tampoco aprendí nada sobre lampistería, fontanería o carpintería. Lo que sé lo he descubierto a base de prueba y error, guiada por un instinto que ha transformado algunas de mis paredes en un colador. Menos mal que existe la masilla.

Me encanta el bricolaje. Podría pasar horas en una ferretería revisando tuercas y tornillos, bisagras y herramientas. Montar muebles de Ikea me divierte tanto como lo hacía el Lego durante mi infancia. Cuando acabo mi labor, siento una gran satisfacción. Lo he conseguido sin que nadie me ayude.

Admiro a las mujeres que tejen bufandas, gorros o jerséis a su gente querida. Me fascina la imagen de un ovillo de lana, el baile de unas manos arrugadas con ganchillos, el nacimiento de una prenda a base de tiempo, paciencia y cariño. Envidio a quienes presumen de lo tejido por su abuela, a quienes en invierno disfrutan de una manta cálida que reconforta como lo hace un abrazo.

Me asombra la papiroflexia, las figuras de papel compuestas por decenas de pliegues. Las hay de distintas formas y tamaños, ancestrales y modernas. Esta técnica, también conocida como Origami, requiere de habilidad y paciencia. Quienes la practican, afirman que les aporta paz interior.

Hacer manualidades fomenta la creatividad, la paciencia, la capacidad de concentración y refuerza la autoestima. Dado que vivimos en un mundo cada vez más convulso y acelerado, quizá no sea mala idea incorporarlas a nuestras vidas. Nunca es tarde para aprender. A mi me tienta el ganchillo. ¿Y a ti?

Imagen: figuras creadas por @avoceta21. Un regalo maravilloso, gracias.

Print Friendly, PDF & Email

Publicado en Historia real Mujeres

Un comentario

  1. Manuela Juárez Manuela Juárez

    Me encanta el bricolaje y lo práctico a menudo en mi casa del pueblo .
    La hemos ( mi marido y yo) rehabilitado desde 0
    Me gusta ir a almacenes de bricolaje y pasearme por sus pasillos, sin saber muy bien lo que busco o necesito.
    Pero mi gran pasión es el ganchillo y más concretamente los Amigurumis.
    Entra en mi otro perfil de Instagram y verás algunas de mis pequeñas/ grandes obras
    manuela_amigu
    Besos

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *