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El dragón de Un tesoro en el olvido

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Uno de los protagonistas indiscutibles de mi novela es un dragón. Sabía, desde antes de empezar a escribirla, que la clave para resolver el enigma del tesoro sería una baldosa hidráulica modernista. Pero ¿cuál elegir? La lista de diseños maravillosos es larga. Dada mi afición por la naturaleza, había altas probabilidades de que la pieza elegida perteneciera al reino animal o vegetal. Sin embargo, solo había un ser capaz de representar la fantasía que quería para esta novela de aventuras: el dragón.

Como barcelonesa y catalana que soy, he crecido acompañada de este misterioso ser mitológico. Además de ser el protagonista indiscutible de la jornada de Sant Jordi, cautivó al Modernismo, que le abrió las puertas de la ciudad condal. Miles de ejemplares nos miran desde entonces sin que apenas nos demos cuenta desde fachadas, tejados, balcones, cornisas, templetes y pavimentos hidráulicos. Si los buscas, se mostrarán ante ti.

La Casa Escofet fabricaba baldosas hidráulicas, y resulta difícil, si no imposible, consultar sus catálogos de la época sin maravillarse. Los diseños contaron con los artistas más reputados del momento. Vistieron de gala los suelos de incontables edificios y sucumbieron al poder seductor del dragón. Me regalaron cuatro candidatos: dos de Josep Pascó: en el álbum del año 1891 (modelo blanco, negro y rojo), y en el de 1908 (dragón amarillo); uno de un autor desconocido (forma redondeada); y, el ganador, de Lluís Domènech i Montaner.

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El dragón elegido aparece en el dibujo nº 1019 del extraordinario e inigualable catálogo del año 1900, que tuve la fortuna de poder consultar en la Biblioteca de Catalunya. Dediqué una mañana entera a estudiar los dibujos, y entre aquellas paredes nació una escena de la novela. ¿Por qué elegí este diseño y no otro? Si observas las fotografías de los cuatro dragones, verás un elemento diferencial que resultó clave en el proceso de selección: la llama. Sin fuego, no hay dragón.

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Sentí una gran alegría el día en que encontré una fotografía de la trepa, la plantilla necesaria para fabricar la baldosa del dragón. También, el día que descubrí en Otranto una reproducción fabricada por Mosaic Girona, que luce en mi estudio. Elegido el dragón, tenía que encontrarlo. Investigué distintos lugares donde todavía puede contemplarse, pero que no desvelaré para no destripar la trama de la novela. Si quieres descubrirlos, tendrás que leerla. Si ya la has leído, ¿a qué esperas para visitarlos? Espero que te contagien su fuerza y alegría.

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Publicado en Historia real Libros

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