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En busca de la felicidad

El ser humano busca la felicidad desde el principio de los tiempos. Lo que no está claro es en qué consiste exactamente. ¿Es un estado de ánimo? ¿Es algo tangible, cuantificable? El diccionario de la Real Academia Española dice que la felicidad es «un estado de grata satisfacción espiritual y física». También, la «ausencia de inconvenientes o tropiezos». Sin embargo, quienes llevamos un rato aquí sabemos que la vida consiste precisamente en tropezar sin parar

La búsqueda de la felicidad ha dado paso a todo tipo de creencias. Mientras unos están convencidos de que hay que acumular riquezas sin parar y a cualquier precio, otros piensan que la clave está en vivir de forma austera y sin deseos. También hay quienes creen que la felicidad pasa por los demás. El escritor José Cadalso y Vázquez, bajo el pseudónimo de Dalmiro, escribió que «nadie es infeliz si puede hacer feliz al otro», punto en el que coincidía con el novelista ruso León Tolstói: «No hay más que una manera de ser feliz: vivir para los demás».

¿Existe más de una manera de ser feliz? La cuestión suscita tanto interés, que el tema incluso se aborda de forma profesional. En nuestro país contamos con el Instituto Español de la Felicidad e Investigación, que trabaja en el mundo de la educación, la empresa, el turismo, las instituciones públicas, la sociedad y la salud. En Cádiz, está la sede de La Red Internacional Universitaria de la Felicidad, formada por instituciones y universidades de veinte países, que busca convertirse en el referente internacional del estudio de la felicidad.

En Madrid se inauguró el otoño pasado el Museo de la Felicidad; seiscientos metros cuadrados donde experimentar a qué huele la felicidad y a qué sabe. Los promotores aseguran que se basan en evidencias científicas y que, mediante una visita divertida, entretenida e inmersiva, es posible descubrir qué nos hace felices. El museo se inspira en el de Copenhague, capital del considerado país más feliz el mundo.

Ahora bien, la búsqueda de la felicidad también tiene efectos secundarios. Uno puede obsesionarse de tal modo con una idea abstracta de felicidad y no darse cuenta de que ya es feliz. Ocurre a menudo. También puede suceder que, en la persecución de un objetivo concreto, uno se pierda en el camino y, cuando por fin alcanza la meta, se pregunte si de verdad ha valido la pena. ¡Cuidado!

«Cuanto más tiempo dedicas a la felicidad, menos hueco dejas para la alegría», dice el filósofo Jorge Freire. Yo creo que existen tantas maneras de ser feliz como personas hay en el mundo. Lo importante es conocerse, saber qué nos hace sentir bien. Para mí, algo o alguien causa felicidad si hace sonreír, si acaricia el corazón, si da ganas de abrazar, saltar, gritar. En definitiva, creo que ser feliz es sentir alegría. Quizá porque a estas alturas del partido ya he aprendido que vivir conlleva habitar un arcoíris.

Para ser feliz es fundamental asumir que en la vida hay ratos de todo tipo. Hay que encontrar la manera de soportar las puñaladas, los tropiezos, las pérdidas, y ser capaces de valorar las carcajadas, los abrazos, el brillo en la mirada. Negar el vaivén de la vida es una pérdida de tiempo, de energía, de alegría. Lo importante es aprender a mirar de otro modo y reconocer que deberíamos ser felices por el solo hecho de estar vivos. La vida es un regalo, aunque a veces parezca el peor de los infiernos.

Yo busco la alegría en las pequeñas cosas, que pueden llegar a ser inmensas. La encuentro siempre en la sencillez de un amanecer, una puesta de sol, un huevo frito, una infusión; la observación de insectos, peces, pájaros, plantas; los mundos creados por personas que convierten la delicadeza en arte; los ratos con mi gente querida; la lectura, la escritura, el cine.

¿Dónde reside tu felicidad?

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Publicado en Escritura Historia real Naturaleza

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