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La vida en la Tierra

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Hay películas inolvidables, escenas que quedan grabadas a fuego en la memoria. Una es el nacimiento de un dinosaurio en la legendaria Parque Jurásico. La cáscara de un huevo se rompe y una diminuta cabeza se asoma al exterior. En ese instante, los ojos de mi abuelo se humedecieron por la emoción. Como buen científico, él sabía que lo que veía no era real, que era producto de la fantasía, pero lo que sentía al presenciar ese momento era verdad. Sucumbió a la magia de Steven Spielberg.

Este director ha vuelto a obrar el milagro con la serie documental La vida en nuestro planeta. Narra la evolución de la vida para conquistar, adaptarse y sobrevivir en la Tierra durante miles de millones de años. Además de la sobresaliente calidad de la imagen, que por momentos nos confunde y nos hace creer que el animal que estamos viendo es de verdad, el guión es magistral.

Se calcula que la Tierra existe desde hace más de cuatro mil quinientos millones de años. Casi nada. Y por aquí han pasado animales de todo tipo que este maravilloso documental nos muestra con respeto y amor. Conmueve la escena en la que una ranita dardo de fresa de Costa Rica carga en su espalda a su cría de renacuajo. Salto a salto, la lleva hasta una bromelia que está a cien metros de altura, entre cuyas hojas hay agua, elemento imprescindible para que la cría viva.

El humor también está presente. Resulta imposible no reír al ver la torpeza de unas ranas empeñadas en dar caza a una libélula, una maestra en el arte de dar esquinazo, o al ver cómo una sepia macho confunde a un rival de tamaño considerable. Le hace creer que es una hembra necesitada de su protección para, después, robarle a la pareja y aparearse con ella frente a sus narices. Pillín.

Capítulo a capítulo, Spielberg nos muestra las distintas dinastías que reinaron en la Tierra, y que perecieron extinción tras extinción. Hubo cinco y, por culpa del ser humano, está ya en marcha la sexta. Algo tan inaceptable como sorprendente. Es un recién llegado, existe desde hace ciento veinte mil años, lo que equivale a cuatro minutos de un día. Un escándalo en toda regla, a pesar de tratarse de la autoproclamada especie más inteligente del mundo. Por fortuna, existen personas dispuestas a despertar conciencias. Y corazones. Gracias, Steven Spielberg.

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Publicado en Historia real Naturaleza

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