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No un dictado cualquiera

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Más de tres mil personas se congregaron el mes pasado alrededor de la Torre Eiffel. No estaban allí para contemplar la genial estructura de hierro de más de diez mil toneladas de peso ni para manifestarse. Acudieron para participar en un ejercicio de ortografía y gramática llamado «La Dictée Géante», el dictado gigante. Se lee un texto tres veces. Primero para escuchar, luego para escribir y, una última vez, para revisar y corregir. Este peculiar encuentro tiene tanto éxito, que se repite a lo largo del año por distintos lugares de la geografía francesa.

La noticia me sorprende. Lo primero que se me pasa por la cabeza es que nuestros vecinos del norte han perdido la cabeza. ¿Quién desea repetir uno de los momentos más traumáticos de la infancia? Grabado a fuego: la maestra mira a sus alumnos de no más de un metro de altura, agazapados detrás de sus pupitres. Lee un folio que tiene entre las manos, y lo repite un número de veces que nunca resulta suficiente. Llegan los tachones, las malas caras, el sentimiento de estupidez, los suspensos. ¿De verdad es necesario revivirlo?

Después me doy cuenta de que organizar dictados para adultos no es tan mala idea. Desde hace unos años asistimos a una destrucción del lenguaje. Se acortan palabras, se inventan otras, se destrozan muchas. Se trata de una problemática habitual, porque algunos errores ortográficos son muy frecuentes, como por ejemplo la confusión entre el verbo «haber» y la expresión «a ver». ¡Por favor!

Finalmente, comprendo que, más allá del buen o mal uso del idioma, a veces es necesario dejar de pensar, permitir que otra persona nos guíe o nos diga lo que debemos hacer. Cada día tomamos infinidad de decisiones. Superfluas, relevantes. Decidir conlleva una gran responsabilidad. Es asumir tu lugar en el mundo, tu vida. No es fácil. A veces resulta imposible salir del laberinto, encontrar una salida. Regresar a aquella época de inocencia e ilusión quizá resulte saludable. Un alto en el camino, un no pasa nada si te equivocas, un siempre puedes mejorar. La clave está en la temporalidad del momento, no vayamos a depositar demasiada confianza en manos ajenas y perdamos nuestro poder de decisión; nuestra libertad.

 
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Publicado en Escritura Historia real

Un comentario

  1. M.Asunción Garzón Clariana M.Asunción Garzón Clariana

    Muy bien

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