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Saltar o no saltar

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Admiro a los trapecistas. Saltan al vacío y lo abrazan, concentrados, confiados en unas manos distintas a las suyas para ofrecer un espectáculo tan hermoso como inolvidable. Saltan a sabiendas de que cualquier fallo provocará una caída al vacío de desenlace incierto. Si hay red, serán atrapados por ella. En caso contrario, saldrán heridos o habrán hecho su último salto.  

No es necesario ser trapecista para saltar al vacío. La vida nos ofrece un sinfín de ocasiones en las que debemos decidir si saltar o no. De trabajo, de pareja, de proyecto vital. La batalla con el miedo no es sencilla. A veces se acierta, otras caes y te estampas contra el suelo bajo el peso de tus sueños. ¿Merece la pena arriesgarse? El refranero popular invita a conformarse, porque afirma que más vale malo conocido que bueno por conocer. Para mí la clave está en el sentir. Si sientes que la monotonía te gobierna, si piensas que tu vida está anquilosada, es el momento de saltar. La vida es demasiado corta para pasarla entre lamentos y temores.

Hace cinco años salté al vacío. Preferí morir en el intento a sentirme muerta en vida. Me alejé de mi estresante profesión para adentrarme en mi vocación, la escritura. Durante este tiempo he tenido que aprender a convivir con mis inseguridades y mis miedos. No es un camino fácil, detrás de cada éxito hay un sinfín de tropiezos que me han regalado moratones y heridas. Pero es el camino que yo he elegido, e intento asumir lo malo y celebrar lo bueno. Porque hay mucho bueno. 

Nunca pensé que algún día organizaría una ruta literaria sobre alguna de mis novelas, hasta que me crucé con la 18ª Fira Modernista de Barcelona. Ha supuesto un salto más, y no uno cualquiera. Ha sido un triple salto mortal. Durante tres días, ciento cinco personas me han acompañado por una ciudad distinta y he recibido miradas cómplices, aplausos, abrazos. He saltado y he caído en una red de manos entrelazadas de gente querida, de gente hasta entonces desconocida. Y he tocado el cielo.

Aunque a veces me sienta sola y desorientada, aunque a veces no calibre bien lo bueno de esta aventura, vislumbro un futuro. Y esto es así gracias a la red que me mantiene en la superficie, que me permite soñar, brillar, escribir historias que dibujan sonrisas. Gracias a quienes estáis, a quienes habéis estado y a quienes estaréis en mi camino. ¿Qué sí merece la pena saltar a lo trapecista? Sí. Rotundamente sí.

«Estoy en un momento de cambio, vivo en un precipicio muy agradable.» Meg Ryan

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Publicado en Historia real

4 comentarios

  1. Angeles Angeles

    Sabio es decir que no se escribió ni se recordaron a los cobardes sino a los valientes como tú. Eres muy especial y desprendes algo que muy pocas personas lo hacen. Tus palabras, tu tono tu proximidad y tu energía positiva envuelven y hacen que cualquiera que esté a tu lado lo sienta. Un abrazo enorme. Te deseo lo mejor

    • Virginia Virginia

      Ángeles, gracias por la sonrisa que acabas de dibujar en mi rostro. Tus palabras son como caricias. No sé si soy valiente o temeraria, pero en cualquier caso estoy contenta de haber seguido el dictado de mi corazón.Te deseo un fin de semana maravilloso.

  2. Gloria Gloria

    Desde que saltaste nos invitas cada semana a saltar. Desde la tristeza a la alegría. Desde la desesperación a la esperanza. Desde la rutina al asombro. Desde la monotonía a la curiosidad. Gracias por ser la maestra de ceremonias e invitarnos a mirar al otro lado. Un abrazo.

    • Virginia Virginia

      Gloria, qué palabras más bonitas, me acarician el corazón. Gracias a ti por acompañarme en el camino, por no soltarme nunca de la mano. Te abrazo toda.

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