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Saltarse las reglas

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El comportamiento humano se rige por normas lingüísticas, jurídicas, de tráfico, de cálculo, de juego, de salud, de amistad, de compañerismo, de pareja, de vecindad. Las reglas marcan en rojo unos límites que no se deben cruzar nunca. Jamás. Hacerlo conlleva unas consecuencias que no siempre sabemos o queremos asumir. A pesar del peligro que conlleva incumplir las reglas, el ser humano se empeña en desoírlas, sobre todo cuando resultan injustas, abusivas, despreciables. Hay quien se rebela a menudo, y quien solo lo hace de forma esporádica; pero nadie es capaz de mantenerse en la rectitud más absoluta. Somos desobedientes por naturaleza y sucumbimos con facilidad al encanto de lo prohibido.

Obsesionada como vivo por encontrar tesoros en el suelo, lo miro incluso cuando paseo por la calle. Los diseños originales con los que se pavimentaron las terrosas aceras barcelonesas son cinco, obra de la fábrica Escofet: el panot de flor, el de cuatro pastillas, el de círculos concéntricos, el de cuatro pastillas con círculos y el de calavera. La pavimentación fue muy celebrada por los peatones, cansados de mancharse la ropa con polvo, los días de viento, y con barro, los días de lluvia.

Pues bien, he descubierto que el pavimento de las aceras de Barcelona está repleto de extrañas anomalías, de excepciones a la regla general. De repente aparece una baldosa, o varias, con un diseño distinto a las demás. Descubrir estas excepciones se ha convertido en un pasatiempo de lo más entretenido, y me pregunto a qué se debe este extraño suceso. ¿Una escasez de material? ¿Un capricho? ¿Una necesidad imperiosa de saltarse la regla, de expresarse, de representar un grito de impotencia ante la vida?

Para mí es una prueba de la necesidad que tiene el ser humano de ir contra corriente, de dibujar un camino distinto al que le ha sido dado. Lucha por levantarse tras la caída, por dejar constancia de que sigue aquí, otra vez de pie, dispuesto a pelear. Es este ímpetu luchador característico de la condición humana el que me mantiene esperanzada ante el auge de la extrema derecha en Europa. Aunque se quiera imponer la oscuridad, aunque la maldad pretenda tomar el mando y lo consiga, tarde o temprano volverá la rebeldía, la posibilidad de construir un mundo mejor; alegre. Aunque sea con una simple pieza de cemento.

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Publicado en Historia real

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