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Cartagena deja huella

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El lunes, días después de que la Dana se ensañara con Valencia y Castilla-La Mancha, cayó en Catalunya una lluvia torrencial. El caos se apoderó del aeropuerto de El Prat de Llobregat y decenas de vuelos se vieron afectados. Entre las múltiples anulaciones y los insalvables retrasos, estaba mi vuelo a Murcia. Al día siguiente participaba en la IX Muestra Modernista de Cartagena de Levante. Durante el aguacero, sufrí una mezcla de nervios, preocupación y tristeza. No quería renunciar a la que intuía que sería una experiencia inolvidable.

Si bien los trenes de cercanías, los autobuses y el metro estaban fuera de servicio, por avería o por precaución, mi vuelo figuraba en el panel de salidas programadas. Había esperanza. Sin embargo, ¿cómo desplazarme hasta el aeropuerto? Guiada por las enormes ganas de participar en la IX Muestra Modernista, me subí a un taxi sin saber qué me depararía el camino, pues varias carreteras se habían convertido en ríos. Para mi sorpresa, tuve un triple golpe de suerte: el sol se asomaba entre las nubes, caí en manos de una experimentada conductora que eligió un recorrido sin afectaciones importantes y mi vuelo solo se retrasó dos horas y media. La espera se hizo larga e incómoda, en el aeropuerto se acumulaban miles de personas, pero volé, volé quieta en mi butaca mientras por dentro se me comían las ganas de saltar y gritar de alegría.

En el aeropuerto de Murcia me esperaba una amiga a la que no veía desde hacía 31 años. El abrazo del reencuentro fue apretado y largo. María del Mar Martínez, CEO de Cartago Mundi, fue la responsable de mi presencia en Cartagena, pues le habló de Un tesoro en el olvido a José Antonio Martínez, presidente de la Asociación Cultural Modernistas de Cartagena de Levante, quien no dudó en invitarme para que hablara sobre el mosaico hidráulico. Qué suerte la mía.

El equipo de Loop Inn Hostel Cartagena, donde me alojaba, me recibió con una carta de bienvenida en la que me decía «nos alegra que haya elegido este espacio como su refugio creativo. Su enfoque en el lado positivo de la vida es inspirador, y estamos seguros de que aquí encontrará la tranquilidad y la inspiración que necesita para seguir compartiendo ese mensaje con el mundo. Nos gustaría, además, desearle todo lo mejor como participante en la IX Muestra Modernista de Cartagena de Levante, con su conferencia El arte del mosaico hidráulico en el Modernismo.» Ojos húmedos, sonrisa boba y la certeza de que tenían una cómplice llamada María del Mar.

En las horas previas a mi conferencia, María del Mar me abrió las puertas de Cartago Mundi, una iniciativa maravillosa con la que descubrir el pasado de la ciudad a base de recreaciones históricas, catas de vinos, talleres culturales. También vi, de la mano del sabio José Antonio, la huella del Modernismo en la ciudad. Durante la visita guiada que me regaló, cacé flores de hierro, vidrio, piedra y madera; dragones y baldosas hidráulicas. Me fascinó la pasión y la entrega con la que, tanto María del Mar como José Antonio, compartieron conmigo la historia de Cartagena, y entendí la tristeza y la frustración que les provoca la escasa implicación de la administración pública para preservar y dar a conocer el patrimonio de la ciudad. Por favor, pónganse las pilas.

Llegó el momento que me había llevado hasta allí, y me impresionó entrar en el Salón de Conferencias de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Cartagena. Es un lugar majestuoso, anclado en otro tiempo, con butacas granates, como las de cines y teatros, y largas cortinas de terciopelo. Pensé que, con suerte, se ocuparían las tres primeras filas, porque ¿quién tiene ganas de ir a una conferencia un martes por la tarde? Y, encima, sobre piezas de cemento que se pisan. Me equivoqué, vino un montón de gente. Ahora bien, lo que me dejó anonadada fue la visión de personas vestidas de época. La modernista, claro. Qué elegancia, qué belleza, qué manera de vivir una afición. Verlas fue un disfrute.

Aquella tarde compartí el origen de la novela y todo cuanto he aprendido sobre el arte del mosaico hidráulico. Acompañé mis palabras con una muestra de baldosas de mi colección privada, algunas apoyadas en el práctico soporte de madera de Unic Iconic, y una trepa cedida para la ocasión por Mosaics Martí, la culpable de que en el control de seguridad del aeropuerto, tanto en el viaje de ida como en el de vuelta, tuviera que abrir la maleta y explicar qué era aquel extraño objeto de latón.

La conferencia gustó y yo la disfruté de principio a fin. Me sentía arropada por José Antonio, al que conocía desde hacía tan solo unas horas, pero con el que noté una inmediata conexión, y por María del Mar, la prueba de que hay amistades inmunes al paso del tiempo. También sentí el cariño de las personas que se acercaron a conversar conmigo un rato; de quienes quisieron una dedicatoria en el libro, que pudieron comprar allí mismo gracias a la inestimable colaboración de la librería La Montaña Mágica; de quienes continuamos la velada yendo de tapas. Es curioso como a veces conectamos con extraños y entablamos conversaciones profundas que dejan huella.

Mi instinto no me engañaba, jamás olvidaré la visita a Cartagena. Regreso a casa sorprendida y conmovida. María del Mar y José Antonio, gracias, infinitas gracias por este regalo con el que me habéis obsequiado, por haberme cuidado tanto y tan bien, por haberme abierto las puertas de vuestro mundo, por defender con tanto ahínco la historia y el patrimonio de vuestra ciudad. Volveré.

«Hay encuentros determinantes que son fugaces». David Foenkinos, La vida feliz.

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Publicado en Escritura Historia real

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